24 de jul. de 2009

LOS FINES DEL MATRIMONIO



Tomado de:foromoral


Los fines esenciales y complementarios del matrimonio son la procreación y educación de los hijos, y la manifestación del amor mutuo.
Que ambos sean esenciales, no quiere decir que no deba darse una subordinación entre ellos, ya que una sola cosa es imposible que tenga varios fines últimos.
El fin esencial primario es la procreación y educación de la prole, y los fines esenciales secundarios "son la ayuda mutua, el fomento del amor recíproco y la sedación de la concupiscencia".
Pío Xll enseña con claridad que los fines secundarios "...aún siendo intentados por la naturaleza, no se hallan al mismo nivel que el primario, y menos aún le son superiores; antes bien, le están esencialmente subordinados".
Aunque algunos no usen esta terminología precisa, consagrada por el Magisterio de la Iglesia, se ven obligados, de grado o por fuerza, a reconocer la realidad que ella traduce, si es que quieren permanecer dentro de la doctrina católica.
Algunos pretenden ampararse en el C.V.2 para escamotear o alterar la esencial subordinación de los fines del matrimonio anteponiendo el amor a la procreación, es decir, haciendo de lo segundo primero y viceversa. Quienes tales afirmaciones sostienen, demuestran de ese modo su ignorancia de los documentos conciliares.
Según el Papa Pablo VI, las enseñanzas del Vaticano II se entienden siempre en la misma línea "del Magisterio eclesiástico anterior", del que el Concilio no es más que continuación, explicación e incremento".
Además la Constitución Pastoral "Gaudium et Spes" del C.V.2 , en su capítulo "Dignidad del matrimonio y la familia", en apoyo de su doctrina, cita ¡cinco veces! la encíclica "Casti Connubii" de Pío Xl, que data de 1930, y que es la Carta fundamental del Matrimonio Cristiano. Y al hablar de los "varios fines" del matrimonio, la "Gaudium et Spes" en su párrafo 48 remite en una nota a San Agustín, a Santo Tomás y a la encíclica "Casti Connubii", donde se afirma explícitamente la subordinación de los fines.
Por lo tanto, si el C.V.2 cita, en su apoyo, documentos anteriores del Magisterio de la Iglesia es porque, al mismo tiempo, avala la doctrina que ellos contienen, como no podía ser de otra manera. De lo contrario, estaríamos en pleno absurdo e incoherencia lógica.
Sin embargo, contra tan clara enseñanza del Magisterio de la Iglesia, muchos siguen sosteniendo y enseñando la primacía del amor sobre la procreación. Así, por ejemplo, el P. Héctor J. Valla, S.D.B.: "...el matrimonio tiene un segundo fin esencial que es la procreación y educación cristiana de los hijos".
Al alterar y subvertir de este modo los fines del matrimonio –haciendo del segundo primero y viceversa–, en la institución familiar se produce un descalabro simplemente catastrófico.
Si el fin primario es el amor (y éste reducido a pura sensibilidad), no se ve cómo no se ha de cohonestar, por ejemplo:
- el adulterio, siempre que un hombre sea infiel a su propia esposa por amor a otra;
- el concubinato, siempre que sea por amor;
- la prostitución, siempre que sea por amor y no por lucro;
- el incesto, tan exaltado hoy en día por películas como "Soplo al corazón", psicólogas como Arminda Aberastury, y revistas como "Panorama";
- las relaciones prematrimoniales, siempre que sean por amor, como con descaro y sin vergüenza se afirma en una revista;
- el divorcio, cuando un cónyuge deja de amar al otro;
- etc., etc., etc.
Si el fin primario es el amor, pierde el matrimonio aquello que lo constituye y distingue singularmente de todo otro tipo de sociedad.
Si el fin primario es el amor, y no la procreación y educación de los hijos, se despoja el matrimonio del carácter privilegiado que tiene como anterior y superior a toda otra sociedad, incluso el Estado, tal como lo reconoce la misma ley natural.
Si el fin primario es el amor, ¿en qué se diferencia el matrimonio de la simple sociedad amical, o de las sociedades filantrópicas?
Si el fin primario es el amor ¿por qué no "lavarse las manos " cuándo se trata de algo tan engorroso como es la educación de los hijos?


1º LA MUJER Y LAS RELACIONES PREMATRIMONIALES
En el caso de esa profanación anticipada del sacramento del matrimonio, que son las relaciones prematrimoniales, la mujer lleva la peor parte:
- pierde la virginidad;
- se siente esclavizada al novio que busca tener relaciones cada vez con mayor frecuencia;
- no puede decirle que no, porque tiene miedo que él la deje, reprochándole que ella ya no lo quiere;
- vive con la gran angustia de que sus padres se enteren de sus relaciones;
- participa de las molestias del acto matrimonial, sin tener la seguridad y la tranquilidad del matrimonio.
El novio, por el contrario, no tiene apuro en concretar la boda, ya que obtiene beneficios como si estuviera casado, sin estarlo y, además , el hombre no queda embarazado –por lo menos, hasta ahora– , la mujer, sí y éste es un peligro demasiado real como para que ella no lo tema.
Si ocurre el embarazo, generalmente se empuja a la mujer al aborto –"crimen abominable" lo llama el C. V. 2,– que es la muerte injusta de un ser humano, INOCENTE, INDEFENSO Y SIN BAUTISMO, y es la mujer quien conservará toda la vida el remordimiento del cobarde acto cometido.
Además, si ya en el noviazgo se ha derribado toda barrera, ¿qué le quedará a la mujer cuando en el matrimonio –¡si es que llega!– sea solicitada sin arreglo a la razón o a la moral? Si no supo respetarse y hacerse respetar en el noviazgo, será imposible –salvo excepción– que se la respete en el matrimonio. Si llega a la boda, lo hará sin alegría, sin ilusión, sin esperar recibir nada ni poder dar nada nuevo. Y luego, muchas veces, al tener alguna discusión en su matrimonio, escuchará con dolor el reproche de su marido que no dejará de recordarle su vergonzoso pasado.
La Iglesia Católica, al defender a capa y espada la santidad matrimonial no ha hecho otra cosa, durante ya casi 20 siglos, que defender a la mujer, "que es un vaso más frágil" (I Pe 3,7) y a los hijos, que son los que más sufren cuando se alteran las leyes divinas que rigen al matrimonio. Desde el siglo I, la Iglesia es la mayor defensora de la familia al haber luchado siempre para que la mujer no fuese convertida en un mero objeto de placer, ni los niños en meros hijos de incubadora.

2º LOS HIJOS DE PADRES SEPARADOS
¡Cuánto dolor hay en los hijos de padres separados, padres que se olvidaron que el fin primario del matrimonio es la procreación y educación de los hijos!
Baste sólo esta carta que escribió un niño:
"Dulce Niño Jesús te suplico mucho que me lleves al cielo. Quisiera ser ángel. Y te prometo que seré un ángel muy bueno y haré todo cuanto me mandes. Pero aquí estoy muy mal. ¿Sabes que papá echó a mamá, porque se casó con otra mamá? Mamá me llevó consigo, pero yo lo paso muy mal con ella. Desde entonces no he tenido bombones. Y aquí hace mucho frío. Mamá llora siempre. Ahora ha venido también un nuevo papá a mamá, pero mamá llora siempre mucho. El nuevo papá es borracho. Mamá se ha quejado a las vecinas, diciendo que no sabe qué hacer, porque nos morimos de hambre. Yo ya he dicho a mamá que voy a matar al nuevo papá. Pero mamá dice que se enojará el Niño Jesús. He aprendido en la escuela que los ángeles tienen una vida muy feliz y no tienen que hacer más que obedecerte a Ti. Por esto yo quisiera ser ángel, porque lo paso muy mal. Niño Jesús, que vengas pronto a buscarme. Te besa las manos Juanito".
La separación de los padres es uno de los factores precipitantes que lleva al adolescente a la drogadicción, como señala el Dr. Straface en Mikael n 13.
3 : DOS FINES ESENCIALES COMPLEMENTARIOS
PERO SUBORDINADOS
Nosotros no podemos menos que afirmar con todas nuestras fuerzas, junto con el Magisterio de todos los tiempos, que los fines esenciales del matrimonio no se excluyen sino que son complementarios en la primacía de la procreación y educación de los hijos sobre el amor mutuo. Y ésta es una realidad tan ínsita en la naturaleza misma del matrimonio y explícita en la Ley de Dios, que el Angélico y Común Doctor enseña:
"No se ha de tener por pecado leve procurar la emisión seminal sin debido fin de generación y de crianza. Después del pecado de homicidio, que destruye la naturaleza humana ya formada, tal género de pecado parece seguirle por impedir la generación de ella".
Pero, además, se debe decir que si hay un error "en más": exaltar al amor como fin primario, también hay otro error "en menos": quitar al amor el carácter de fin esencial –aunque secundario– que tiene, como si el único fin esencial fuese procrear y educar a los hijos.

Si consideráramos a la procreación como el único fin esencial, se seguirían las siguientes consecuencias deplorables:
- podrían disolverse los matrimonios que no pudieran tener hijos;
- podrían separarse los matrimonios con hijos mayores, cuando, por la edad, ya no pudieran tener más;
- podría cohonestarse la inseminación artificial:
· tanto la ágama: entre no casados;
· como la heterónoma: entre mujer casada y varón que no es su marido;
· y la homógama entre casados;
- podría aceptarse la fecundación in vitro, que daría los llamados "hijos de probeta";
- y se aceptaría como una bendición la proliferación de los bancos de semen, como ya hay en París, donde se registran las características del donante (color de ojos, cabello, estatura, grupo sanguíneo, etc.), para que el esperma sea elegido en función del aspecto físico del marido y de la mujer por inseminar, asegurándosele, por otra parte, al donante, que su anonimato será escrupulosamente respetado.
¡Qué de aberraciones veremos todavía acerca de cosas tan sagradas, si los hombres y los pueblos no se convierten sinceramente a Dios!.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Se permiten los comentarios anónimos sin necesidad de cuenta, los mensajes con groserías, apologia de ideas contrarias a las mias o brutalidades no se publicaran, no obstante ello de ser interesantes serán editados y publicados con la advertencia de que han sido modificados.