9 may. 2014

El código del Anticristo:

 

Juan Pablo II predicó que el hombre es Dios – la doctrina del Anticristo – en el mismo Vaticano

Tomado íntegramente del blog amigo LA DENUNCIA PROFETICA 

popesata

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Pablo II en Israel sentado en una silla con una cruz invertida sobre su cabeza, el 24 de marzo de 2000. Hay quienes tratan de justificar esta acción escandalosa y sorprendentemente reveladora, diciendo que San Pedro fue crucificado cabeza abajo – respondemos que eso es un intento inútil de defender lo indefendible. Cuando Juan Pablo II hizo esto, no fue el día de la fiesta de San Pedro, ni tampoco hubo una conmemoración de San Pedro. La cruz invertida es uno de los mayores símbolos del satanismo, como lo demuestra el uso que de ella hacen los ocultistas, los grupos de rock satánicos y los rituales homicidas. Es por eso que Juan Pablo II se sentó con este símbolo sobre su cabeza.

Papa San Pío X, E Supremi apostolatus, 4 de octubre de 1903: “… esta es la señal propia del Anticristo, según el mismo apóstol; el hombre con infinita temeridad se ha colocado en el lugar de Dios[1].

Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 10, March 4, 1979: “En realidad, ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, es decir, BUENA NUEVA. Se llama tambiénCRISTIANISMO[2].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Pablo II en Detroit, antes de convertirse en antipapa, usando en sus paramentos una cruz invertida

Contenidos de esta sección:

Nuestra Señora profetizó que Roma perdería la fe y se convertiría en la sede del Anticristo.

  • Definición del Anticristo
  • El antipapa Juan Pablo II predicó:
  • Cada hombre debe tomar posesión de la encarnación
  • El Evangelio es la Buena Nueva del Hombre
  • El hombre es el Cristo, el Hijo del Dios vivo
  • La verdad del hombre es que él es Cristo
  • Y el Verbo se hizo carne en cada hombre
  • La encarnación es la verdad sobre el hombre
  • El misterio del Verbo encarnado es el misterio del hombre
  • María es bienaventurada porque tuvo fe en el hombre
  • Cada hombre es el Niño Jesús que nación en la Navidad
  • La Epifanía es la manifestación del hombre
  • El hombre es el camino
  • El hombre de la verdad
  • El hombre es la vida
  • Cada hombre es la eucaristía
  • Cada hombre es el Cristo crucificado
  • El hombre es en realidad Dios
  • El hombre es el hombre de arriba
  • La verdadera realidad del hombre es que él es Dios
  • El hombre es el Mesías
  • La Nueva Evangelización
  • El hombre tiene que descubrir que él es Dios
  • El rosario del hombre
  • Las inescrutables riquezas de Cristo son propiedad de todos
  • El hombre es el Cristo resucitado
  • El Anticristo revelado

1. Nuestra Señora profetizó que Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo

Como vimos, el 19 de septiembre de 1846, la Santísima Virgen se apareció en La Salette, Francia, y predijo que:

Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo… la Iglesia será eclipsada”.

Nuestra Señora predijo específicamente que Roma perdería la fe, que apostataría de la verdadera Iglesia de Cristo y se convertirá en la sede del anticristo. Pero, ¿qué es el Anticristo?

2. Definición de Anticristo

En toda la Sagrada Escritura, la palabra Anticristo se menciona sólo cuatro veces. La palabraAnticristo no se menciona en absoluto en el Apocalipsis, y no es mencionado por San Pablo (que sólo utiliza los términos “hijo de perdición” y “hombre de pecado”). La palabra Anticristo sólo es mencionada por el apóstol San Juan en sus epístolas.

Por lo tanto, en la búsqueda de la definición del Anticristo, primero tenemos que acudir a las epístolas de San Juan, no al Apocalipsis, porque Juan usa y define la palabra Anticristo y el Apocalipsis no lo hace. De las cuatro veces que San Juan utiliza la palabra Anticristo, sólo lo define dos veces. Las dos definiciones que San Juan da al Anticristo son las piezas más importantes de las pruebas que existen en la identificación de quién es realmente el Anticristo, porque la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios inspirada, infalible e inerrante. Por lo tanto, la definición de Anticristo de la Sagrada Escritura es infaliblemente la correcta.

1 Juan 2, 22: “¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

1 Juan 4, 2-3: “Todo espíritu que confiese que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; pero todo espíritu que no confiese a Jesús, ése no es de Dios, es del Anticristo, de quien habéis oído que está para llegar…”.

Ambas definiciones de Anticristo se refieren a la negación de la verdad acerca de quién es Jesucristo. La verdad acerca de nuestro Señor Jesucristo y la verdad sobre la Santísima Trinidad son los fundamentos de la religión cristiana. Son las verdades más importantes del universo.

Por ello, los primeros concilios de la Iglesia Católica condenaron con el mayor rigor la más mínima desviación de la verdad acerca de Jesucristo o la Trinidad. Y es por eso que los mayores enemigos de Jesucristo en la historia no fueron los hombres que causaron un daño temporal a los seguidores de Cristo, sino los que fueron los más efectivos y blasfemos en atacar la verdad acerca de Jesucristo – que es el fundamento mismo de la salvación eterna.

Por lo tanto, en la definición de “Anticristo”, la Sagrada Escritura se refiere a un ataque específico contra la verdad sobre Jesucristo, un ataque específico contra la verdad sobre el Dios-hombre. La Sagrada Escritura se refiere específicamente a confundir a Jesús (1 Juan 4, 2-3) y negar que Jesús es el Cristo (1 Juan 2, 22). Estas dos cosas sirven como la característica distintiva del Anticristo, según la Sagrada Escritura, y estas dos cosas se refieren claramente a un ataque a la verdad de la encarnación del Hijo de Dios.

Uno de los primeros y más conocidos hombres de la historia de la Iglesia que pervirtió la doctrina de la encarnación fue el hereje del siglo V Nestorio, que fue condenado por el Concilio de Éfeso en el año 431. El caso del hereje Nestorio es muy importante para identificar al Anticristo y cómo se apoderó del Vaticano, como veremos, porque la herejía de Nestorio fue la herejía específica que encaja en la definición de la Biblia para el Anticristo.

[N. T.: Es muy importante que el lector entienda que Jesús, el Verbo encarnado es una sola persona divina, un solo Cristo. El Concilio de Calcedonia en 451, definió el dogma católico de queCristo encarnado tiene dos naturalezas, una divina y otra humana unidas hipostáticamente en la única persona divina del Hijo de Dios, el Verbo eterno:

Papa San León Magno, Concilio de Calcedonia, 451, ex cathedra: “Ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado (Hebr. 4, 15); engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, SIN CONFUSIÓN, SIN CAMBIO, SIN DIVISIÓN, SIN SEPARACIÓN, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, NO partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo” (Denz. 148)].

Nestorio fue el hereje que negó el dogma católico sobre la encarnación al tratar de separar a Jesús (esto es, en la encarnación, el Verbo se unió a una persona llamada Jesús), pervirtiendo así la verdad de la encarnación (1 Juan 4, 2-3) diciendo que Cristo son dos personas: una divina y otra humana.

Papa Pío XI, Lux veritatis, # 37, 25 de diciembre de 1931: “… todo aquello, no menos que Nestorio, hace un temerario intento de ‘SEPARAR A CRISTO’,…”[3].

El Papa Pío XI confirma aquí que la herejía de Nestorio era la doctrina específica del Anticristo: fue un intento de dividir la persona de Jesucristo, que es la marca del Anticristo, según las Escrituras. Téngase en cuenta este hecho —que la doctrina de Nestorio de “separar a Cristo” era la doctrina específica del Anticristo como se describe en la Sagrada Escritura—, ya que será especialmente relevante en breve.

Pero, ¿qué era esta doctrina de Nestorio? ¿Cómo Nestorio “SEPARÓ” a Jesús y al hacerlo se convirtió en lo que San Juan define como “Anticristo”? Para entender la doctrina de Nestorio, debemos repetir brevemente la verdad católica de la encarnación.

La Iglesia Católica enseña que el Verbo eterno —el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad— asumió una naturaleza humana y se hizo verdaderamente hombre. San Juan 1, 14: “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”.

Nuestro Señor Jesucristo es el Verbo eterno hecho carne. Él es verdadero Dios y verdadero hombre. Él es un solo Cristouna sola persona divina con dos naturalezas.

Papa San León Magno, Concilio de Calcedonia, 451, ex cathedra: “… todos a una voz enseñamos la confesión del único y mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo: el mismo perfecto en divinidad y perfecto en la humanidad, el mismo verdadero Dios y verdadero hombre, de alma racional y un cuerpo… único y mismo Cristo… una sola persona y ser subsistente, Él no se separó ni dividió en dos personas, es el único y mismo unigénito Hijo, Dios, Verbo, el Señor Jesucristo…”[4].

Pero Nestorio rechazó que nuestro Señor Jesucristo es una persona. Nestorio blasfemamente separó a Jesús en dos personas. Nestorio blasfemamente sostuvo que el Hijo de Dios no se hizo hombre en la encarnación, sino que el Hijo de Dios se unió en cierto modo con un hombre llamado Jesús.

REPETIMOS, NESTORIO NO SOSTUVO QUE EL HIJO DE DIOS SE HIZO HOMBRE EN LA ENCARNACIÓN, SINO QUE EL HIJO DE DIOS SE UNIÓ EN CIERTA MANERA CON UN HOMBRE LLAMADO JESÚS. ¿Le suena esto familiar?

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor Hominis, # 9, 4 de marzo de 1979: “El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido en cierto modo con TODO HOMBRE[5].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 2 de julio de 1986: “… el Hijo de Dios, encarnado en el seno de la Virgen María, en cierto modo se ha unido con cada hombre[6].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 8 de abril de 1986: “… con su encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo con CADA PERSONA[7].

Antipapa Juan Pablo II, carta a las familias, # 2, 1994: “El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre[8].

Y al sostener que el Hijo de Dios no se hizo hombre, sino más bien se unió con un hombre llamado Jesús en la encarnación, Nestorio separó o dividió a nuestro Señor Jesús Cristo en dos personas.

Papa San León Magno, carta dogmática a Flaviano, 449: “anatemizamos, por tanto, a Nestorio… él hizo de la carne una persona y de la deidad otra, Y NO PERCIBIÓ QUE NO HABÍA SINO UN SOLO CRISTO…”[9].

Y al separar a nuestro Señor Jesucristo en dos personas, la doctrina del Anticristo de Nestorio resultó lógicamente en la adoración de dos Cristos, e introdujo, como consecuencia, ¡LA ADORACIÓN DEL HOMBRE!

Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, 553: “El Santo Concilio de Éfesoha pronunciado la sentencia contra la herejía de Nestorio… y la de todos aquellos que en el futuro… adopten las mismas opiniones que él sostuvo… Ellos expresan estas falsedades en contra de los verdaderos dogmas de la Iglesia, PRESENTANDO LA ADORACIÓN A DOS HIJOS, tratando de dividir lo que no puede ser dividido, E INTRODUCIENDO EN EL CIELO Y EN LA TIERRA LA OFENSA DE LA ADORACIÓN DEL HOMBRE. Pero el sagrado coro de los espíritus celestiales adoran con nosotros a un solo Señor Jesucristo”[10].

En esta increíble cita, el concilio dogmático de Constantinopla enseña que la doctrina de Nestorio sobre la encarnación, esto es, la blasfema separación de Jesús en dos personas, se tradujo en la adoración de dos hijos, e introdujo como consecuencia LA ADORACIÓN DEL HOMBRE. Repetimos, DE LA ENSEÑANZA HERÉTICA DE NESTORIO SOBRE LA ENCARNACIÓN RESULTÓ LA ADORACIÓN DE DOS HIJOS, E INTRODUJO, COMO CONSECUENCIA, LA ADORACIÓN DEL HOMBRE. Esta es la misma doctrina descrita por San Juan como la doctrina del Anticristo. ¿Le suena familiar?

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 10, 4 de marzo de 1979: “EN REALIDAD, ESE PROFUNDO ESTUPOR RESPECTO AL VALOR Y A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, ES DECIR, BUENA NUEVA. SE LLAMA TAMBIÉN CRISTIANISMO[11].

Sí, el antipapa Juan Pablo II predicó la herejía de Nestorio – la misma doctrina del Anticristo. ¡Predicó la división de Jesús en la encarnación, que se traduce en la adoración de varios Cristos y la adoración del hombre!

Aquí, en su primera encíclica, Redemptor hominis, el antipapa Juan Pablo II define explícitamente el Evangelio, la Buena Nueva y el cristianismo como el profundo estupor por el hombre. ¡El Evangelio es la vida de Jesucristo! Al decir que el profundo estupor ante cada hombre es el Evangelio, la Buena Nueva y el cristianismo, el Antipapa Juan Pablo II indicó que cada hombre es Jesucristo, a quien los cristianos adoran. Y esta adoración de cada hombre como Cristo brota de la enseñanza del Antipapa Juan Pablo II de que ¡el Hijo de Dios se unió a todo hombre en la encarnación!

Además, aunque la similitud entre Nestorio y antipapa Juan Pablo II es innegable, hay una diferencia fundamental entre los dos. Hay una diferencia crucial entre el anterior Anticristo de Nestorio y el del antipapa Juan Pablo II, cuya doctrina representa el cumplimiento de la profecía de la Virgen de que Roma se convertirá en la sede del Anticristo. La diferencia es que la predicación del antipapa Juan Pablo II fue seis mil millones de veces peor. Nestorio disolvió a Jesús en dos (lo que resulta en la adoración de dos Cristos), mientras que el antipapa Juan Pablo II disolvió a Jesús en seis mil millones, lo que resulta en la adoración de seis mil millones de Cristos.

Antipapa Juan Pablo II, audiencia general, 25 de enero de 1984: “Cristo, el Hijo de Dios, al encarnarse, asume la humanidad de todos los hombresEn este punto él se une con cada personaEn la encíclica Redemptor hominis escribí que “el nombre de ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre es el Evangelio, es decir, la Buena Nueva. También llamado cristianismo[12].

Aquí tenemos al antipapa Juan Pablo II ilustrando la disolución de Jesús (su doctrina del Anticristo) y su adoración del hombre con precisión de causa y efecto. Él nos dice que debido a que el Hijo de Dios se unió con cada hombre en la encarnación, esto es, porque el Hijo de Dios se disolvió en cada hombre en la encarnación, el nombre para el cristianismo es el profundo estupor por cada hombre, porque en virtud de ese evento, cada hombre es Jesucristo. Cada hombre es verdaderamente el Hijo de Dios y verdadero hombre. Probaremos en este artículo que esta doctrina del Anticristo (que cada hombre se convierte en el Hijo de Dios en la encarnación y, por tanto, en Jesucristo), es lo que el antipapa Juan Pablo II predicó al mundo.

3. Cada hombre debe tomar posesión de la encarnación

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 10: “El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismodebe ‘apropiarse’ y asimilar toda la realidad de la encarnación y de la redención para encontrarse a sí mismo. Si se actúa en él este hondo proceso, entonces él da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo[13].

Apropiarse de algo es “tomar posesión de ello[14]. Asimilar algo es absorberlo. Por lo tanto, el antipapa Juan Pablo II está diciendo aquí que el hombre debe tomar posesión de la encarnación (esto es, debe tomar posesión del hecho de que Dios se hizo hombre) para comprenderse a sí mismo. Esto significa que el hombre debe entender que él es un Dios-hombre para comprenderse a sí mismo.

Cuando esto sucede en el hombre, según el antipapa Juan Pablo II, el hombre no sólo poseerá la adoración de Dios, “sino también la profunda maravilla de sí mismo”, porque él aprenderá que también es el Cristo, el Hijo de Dios que se ha hecho hombre. Esta es la razón por la que el antipapa Juan Pablo II define al cristianismo como el profundo estupor ante cada hombre en el siguiente párrafo de esta encíclica (ya citada).

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 10: “El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo… debe ‘apropiarse’ y asimilar toda la realidad de la encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo… EN REALIDAD, ESE PROFUNDO ESTUPOR RESPECTO AL VALOR Y A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, ES DECIR, BUENA NUEVA. SE LLAMA TAMBIÉN CRISTIANISMO[15].

Es más, el antipapa Juan Pablo II repite su importante mensaje (acerca de apropiarse de la encarnación para comprender al hombre) en numerosas ocasiones en sus escritos (Catechesi Tradendae # 61; Veritatis Splendor n º 8), ya que, como ya hemos demostrado, este es el fundamento de todo el evangelio del Anticristo.

Es así que, al menos tres veces en sus escritos, el antipapa Juan Pablo II enseñó que el hombre debe tomar posesión de la encarnación con el fin de encontrarse a sí mismo. E inmediatamente después de la primera vez que se menciona esto en Redemptor Hominis, el antipapa Juan Pablo II confirma su verdadero sentido al definir al cristianismo como el profundo estupor por cada hombre, lo que confirma que este culto de cada hombre se deriva directamente de la encarnación.

4. El Evangelio de la Buena Nueva del hombre

El antipapa Juan Pablo II definió el Evangelio como el profundo estupor por el hombre en su primera encíclica y en numerosas otras ocasiones. Pero el antipapa Juan Pablo II también definió el Evangelio como Buena Nueva de Jesucristo. Él lo definió de ambas maneras, porque su mensaje era que cada hombre es Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, discurso del 7 de marzo de 1983: “El Evangelio es una persona: es Jesucristo”[16].

Antipapa Juan Pablo II, homilía del 1 de junio de 1980: “No sólo es el mensaje del Evangelio dirigido al hombre, sino que es un gran mensaje mesiánico acerca del hombre; es la revelación al hombre de toda la verdad acerca de sí mismo…”[17].

Antipapa Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 13: “Jesús en persona es la ‘Buena Nueva’… proclama la ‘Buena Nueva’ no sólo con lo que dice o hace, sino también con lo que es”[18].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 4 de junio de 1997: “El Evangelio, al proclamar la Buena Nueva de Jesús, también anuncia la buena nueva del hombre…”[19].

Antipapa Juan Pablo II, Christifideles laici, # 7, 30 de diciembre de 1988: “… Jesucristo mismo, es la ‘noticia’ nueva…”[20].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 9 de mayo de 1988: “El Evangelio es la revelación de Dios Y es también la revelación de la verdad sobre el hombre, sobre su dignidadLo llamamos Noticia Nueva o ‘Buena Nueva’…”[21].

El antipapa Juan Pablo II predicó al mundo que el hombre y Jesús son uno y el mismo, y que el Evangelio es la verdad acerca de Jesús y también la verdad de cada hombre. La siguiente cita, de hecho, es particularmente reveladora.

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los miembros del Congreso de EE.UU., 8 de enero de 2001: “En los años de mi ministerio, pero especialmente en el año jubilar que acaba de terminar, he invitado a todos a acudir a Jesús para descubrir en formas más nuevas y profunda la verdad del hombreVer la verdad de Cristo es experimentar el profundo estupor del valor y la dignidad de todo ser humano, que es la Buena Nueva del Evangelio… (cf. Redemptor hominis, n. 10)”[22].

En primer lugar, obsérvese la referencia a Redemptor hominis # 10 que hace el antipapa Juan Pablo II. Redemptor hominis # 10 es donde el antipapa Juan Pablo II definió originalmente el Evangelio y al cristianismo como el profundo estupor del hombre.

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 10, 4 de marzo de 1979: “EN REALIDAD,ESE PROFUNDO ESTUPOR RESPECTO AL VALOR Y A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, ES DECIR, BUENA NUEVA. SE LLAMA TAMBIÉN CRISTIANISMO[23].

En segundo lugar, justo antes de dar esta referencia, el antipapa Juan Pablo II dice que ver la verdad de Cristo es experimentar el profundo estupor del valor y la dignidad de cada ser humano. En otras palabras, VER LA VERDAD DE CRISTO ES EXPERIMENTAR A TODO HOMBRE, según el antipapa Juan Pablo II, y esta es la Buena Noticia del Evangelio. Esto significa que cada hombre es Jesucristo.

Gálatas 1, 8-9: “Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Os lo he dicho antes y ahora de nuevo os lo digo: Si alguno os predica otro evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatema”.

5. El hombre es Cristo, el Hijo del Dios vivo

En el capítulo 16 del Evangelio de San Mateo, se registra uno de los eventos más importantes en la historia del cristianismo.

“Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas. Y Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

En este dramático momento en la historia de la salvación, San Pedro profesa la verdad que yace en el corazón del Evangelio. Él profesó correctamente que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo.

En su primera homilía, el antipapa Juan Pablo II dirigió estas palabras de San Pedro sobre nuestro Señor Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, su primera homilía, que marca para siempre el inicio de su ministerio pastoral, domingo 22 de octubre de 1978:

“‘1. Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’ (Mt. 16, 16). Estas palabras fueron pronunciadas por Simón, hijo de Jonás, en la región de Cesárea de Filipo… Estas palabras marcan el comienzo de la misión de Pedro en la historia de la salvación…

“2. En este día y en este lugar, esas mismas palabras deben ser pronunciadas y escuchadas de nuevo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’. Sí, hermanos, hijos e hijas, estas palabras antes que nada… por favor escúchenlas una vez más, hoy en día, en este lugar sagrado, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En esas palabras está la fe de la Iglesia. En esas mismas palabras está, de hecho, la nueva verdad, la última y definitiva verdad sobre el hombre, el Hijo del Dios vivo – ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo[24].

En su primera homilía como antipapa, en 1978, en el mismo discurso que marcará para siempre el principio de su “ministerio pastoral”, el domingo 22 de octubre 1978, ¡el antipapa Juan Pablo II proclamó al mundo que el hombre es el Cristo, el Hijo de Dios vivo! Incluso llegó a decir que se trata de una “nueva verdad” – una nueva verdad que él viene a revelar. Las palabras de San Pedro “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” acerca de nuestro Señor Jesucristo, son las palabras que describen la verdad del hombre, de acuerdo con el antipapa Juan Pablo II.

Y no es casualidad que el antipapa Juan Pablo II haya hecho este anuncio en su primera homilía como antipapa. Él estaba allí para predicar el hombre en el lugar de Cristo, por eso expuso su doctrina de Anticristo desde el principio. No se puede subestimar la importancia de este discurso.

Papa San Pío X, E Supremi apostolatus, 4 de octubre de 1903: “…esta es la señal propia del Anticristo, según el mismo apóstol; el hombre con infinita temeridad se ha colocado en el lugar de Dios[25].

La seña distintiva del Anticristo, el hombre en el lugar de Dios, fue la marca distintiva del antipapa Juan Pablo II. Estaba allí para sustituir el Evangelio de Jesucristo con un evangelio del hombre como Cristo; él estaba ahí para sustituir la verdad acerca de Jesucristo con la verdad acerca del hombre.

6. La verdad acerca del hombre es que él es Jesucristo

En los escritos de antipapa Juan Pablo II, se encuentran innumerables referencias al hombre. Pero en sus escritos también se encontrará un sinnúmero de referencias a “la verdad del hombre” y “toda la verdad sobre el hombre”. Ahora sabemos lo que antipapa Juan Pablo II quería decir cuando se refería a esta “verdad sobre el hombre”. Esa verdad acerca del hombre es que él es Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 17 de diciembre de 1991: “Queridos hermanos y hermanas, vean a Cristo, la verdad sobre el hombre…”[26].

Aquí el antipapa Juan Pablo II nos dice explícitamente que Cristo es la verdad sobre el hombre. Esto significa que la verdad acerca del hombre es que él es Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, audiencia general, 22 de febrero de 1984: “… para que la conciencia pueda ser liberada en la plena verdad del hombre, que es Cristo…”[27].

En el número 5 de nuestra revista, citamos muchos otros textos en los que Juan Pablo II indica —a veces de una manera muy astuta/solapada— que “la verdad del hombre” es que él es Cristo. Remítase a esos textos y los videos en nuestra página web (www.mostholyfamilymonastery.com), ya que tenemos que seguir adelante.

7. Y el Verbo se hizo carne en cada hombre

En Juan 1, 14 leemos acerca de la encarnación del Hijo de Dios, “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. Esto es lo que el antipapa Juan Pablo II dijo sobre estas palabras.

Antipapa Juan Pablo II, encíclica Dominum et vivificantem sobre el Espíritu Santo, # 50: “’La Palabra se hizo carne’. La encarnación de Dios-Hijo significa asumir la unidad con Dios no sólo de la naturaleza humana sino asumir también en ella, en cierto modo, todo lo que es ‘carne’, toda la humanidad…”[28].

Aquí el antipapa Juan Pablo II cita las palabras de Juan 1, 14, y dice que la Palabra (el Verbo) se hizo carne significando que asumió todo lo que es carne, toda la humanidad. Esto significa literalmente que el Hijo de Dios se convirtió en toda carne, toda la humanidad. Y es por eso que el antipapa Juan Pablo II dice lo siguiente:

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium Vitae, # 104: Precisamente en la ‘carne’ de cada hombre, Cristo continúa revelándose… de modo que el rechazo de la vida del hombre, en sus diversas formas, es realmente rechazo de Cristo[29].

Aquí el antipapa Juan Pablo II confirma su doctrina que él expone en su encíclica sobre el Espíritu Santo # 50. Puesto que el Verbo se hizo carne en toda la humanidad, es en la carne de CADA PERSONA que Cristo se revela. Toda persona es el Verbo hecho carne, según el antipapa Juan Pablo II. Nótese que él pone la palabra “carne” entre comillas, indicando específicamente que toda persona es “el Verbo hecho carne” de Juan 1, 14.

8. La encarnación es la Verdad acerca del hombre

Antipapa Juan Pablo II, homilía en San Luis, 27 de enero de 1999: “En la encarnación, Dios se revela plenamente en el HijoLa encarnación también revela la verdad sobre el hombre[30].

Esto significa que el hombre es el Verbo encarnado.

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 4 de enero de 1981: La venida de Dios al mundo, el nacimiento de Dios en un cuerpo humano, es una verdad penetrante y deslumbrante. Es un camino por el que el hombre, a medida que camina, se redescubre a sí mismo[31].

Esto significa que cada hombre descubre que es Dios en un cuerpo humano.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 4 de enero de 1981: “Al fijar nuestra mirada en el misterio del Verbo encarnado… el hombre se descubre a sí mismo”[32].

Aquí antipapa Juan Pablo II afirma descaradamente el mirar al Dios-hombre, el hombre se descubre a sí mismo.

9. El misterio del Verbo hecho carne, es el misterio del hombre

Antipapa Juan Pablo II, discurso, 14 de enero de 1999: “Y en realidad es sólo en el misterio del Verbo hecho carne que el misterio del hombre se hace evidente”[33].

El antipapa Juan Pablo II pronunció esta afirmación cientos de veces. Él nos dijo que es sólo en elMISTERIO del Verbo hecho carne —es decir, sólo en el misterio del Dios-hombre— que el misterio de cada hombre se hace evidente, porque cada hombre es el Dios-hombre, según a la doctrina del Anticristo que él predicaba. Nótese que el antipapa Juan Pablo II no dice que es en laenseñanza del Verbo hecho carne que el misterio del hombre se pone de manifiesto, sino que en elmisterio del Verbo Encarnado —el misterio del mismo Dios-hombre—nuestro Señor Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, Veritatis Splendor, # 2, 6 de agosto de 1993: “Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado[34].

Antipapa Juan Pablo II, encíclica sobre la fe y la razón, Fides et ratio, # 12: “… el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”[35].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 25 de octubre de 1991: “En realidad, es sólo en el misterio del Verbo hecho carne que el misterio del hombre se hace evidente…”[36].

10. María es bienaventurada porque tuvo fe en el Hombre

En Lucas 1, 45 Isabel dice a María:

Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor”.

En Lucas 1, 45 leemos que Isabel alaba a María por su fe en el Señor. Esto es lo que el antipapa Juan Pablo II dice sobre este evento.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 31 de mayo de 1980: “En el umbral de la casa de Zacarías, Isabel le dijo a María: ‘Bendita tú, tú que has creído’ (Lc. 1,45). Honoremos la maternidad,porque en ella se expresa la fe en el ser humano… ES NECESARIO CREER EN EL HOMBRE, desde el principio. BENDITA ERES, MARÍA, QUE HAS CREÍDO[37].

Lucas 1, 45 nos dice que María creyó en el Señor. En una homilía comentando a Lucas 1, 45 el antipapa Juan Pablo II nos dice que María creyó en el hombre desde el principio. Él estaba claramente diciendo que el Señor, en quien creyó María, es cada hombre.

11. Cada hombre es el Niño Jesús nacido en la Navidad

Al igual como en su primera homilía, el antipapa Juan Pablo II declaró que el hombre es el Cristo, el Hijo del Dios vivo; y en su primera encíclica, que el cristianismo, la Buena Nueva y el Evangelio, son el profundo estupor por cada hombre; así también lo hizo en su primer discurso como antipapa en Navidad.

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 1978: “Dirijo este mensaje a cada ser humano, al hombre en su humanidad. La Navidad es la fiesta del hombre[38].

La definición de la Navidad es el siguiente: “Navidad: Misa de Cristo, el nombre común inglés para la fiesta del nacimiento de nuestro Señor…”[39]. La Navidad es la fiesta del nacimiento de Jesucristo. Por tanto, ¿por qué encontramos al antipapa Juan Pablo II, en su primer discurso de Navidad, proclamando a todo ser humano que la Navidad es “la fiesta del hombre”? Es precisamente porque él era totalmente el Anticristo, que había llegado para predicar el hombre en el lugar de Cristo. Y este Anticristo continuó predicando su mensaje de Navidad por los años venideros.

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 1979: “La Navidad es la fiesta detodos los niños del mundo – de todos ellos…”[40].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 25 de diciembre 1993: “La Navidad es la fiesta de todos los seres humanos…”[41].

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 1978: “Aceptad la verdad plena sobre el hombre que se pronunció en la noche de Navidad; aceptad esta dimensión del hombre que se abrió para todos los seres humanos en esta noche santa…”[42].

En la noche de Navidad no se ha pronunciado la verdad sobre el hombre. La única verdad que se pronunció se refiere al nacimiento del Salvador: “Porque el día de hoy, os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David” (Lucas 2, 11). Si en la noche de Navidad también se produjo la “verdad plena sobre el hombre”, como dijo el antipapa Juan Pablo II, entonces toda la verdad sobre el hombre es que él es Jesucristo.

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 1: “‘…os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor’ (Lc. 2, 10-11). El nacimiento del Salvador produce ciertamente esta ‘gran alegría’; pero la Navidad pone también de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano…”[43].

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 1978: “Si celebramos con tanta solemnidad el nacimiento de Jesús, es para dar testimonio de que todo ser humano es alguien único e irrepetible”[44].

Aquí el antipapa Juan Pablo II reconoce que la solemne celebración de la Navidad es simplemente para dar testimonio de todo ser humano.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 25 de diciembre de 1985: “El nacimiento del Señor es la luz del significado: la luz del significado redescubierto de todas las cosas. Y, sobre todo, el significado del hombre…”[45].

En esta increíble homilía en la Navidad de 1985, el antipapa Juan Pablo II declaró que el nacimiento del Señor es el significado del hombre, sin rodeos nos dice que el hombre es el Señor que nace en Navidad.

12. La Epifanía es la manifestación del hombre

La palabra “Epifanía” significa manifestación de Dios. Incluso el antipapa Juan Pablo II reconoció esto.

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 2 de enero de 1983: “Como es bien sabido, Epifanía significa la manifestación de Jesús a la gente, la revelación del Mesías esperado por siglos…”[46].

Pero véase cómo este Anticristo también definió que cada niño es una epifanía de Dios.

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 11 de enero de 1998: “Cada niño que viene al mundo es una “epifanía” de Dios…”[47].

Esto indica, según su propia definición —y en consonancia con toda su predicación— que cada niño que viene al mundo es Dios.

En Apocalipsis 3, 14, nuestro Señor Jesucristo se llama a sí mismo el “Amén”, el testigo fiel y veraz. El antipapa Juan Pablo II dice que cada hombre es el Amén.

Antipapa Juan Pablo II, Familiaris consortio, # 30, 22 de noviembre de 1981: “… la Iglesia está en favor de la vida: Y EN CADA VIDA HUMANA sabe descubrir el esplendor de aquel ‘Sí’, de aquel ‘Amén’ que es Cristo mismo”[48].

13. El hombre es el camino

En Juan capítulo 14, leemos:

Díjole Tomás: No sabemos adónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo:Yo soy el camino…”.

En uno de los versos más notables de toda la Sagrada Escritura, Jesucristo nos dice que Él es el camino. ¿Qué nos dice el antipapa Juan Pablo II?

Antipapa Juan Pablo II, discurso, 9 de febrero de 2001: “El ser humano es el camino…”[49].

Antipapa Juan Pablo II, encíclica sobre el trabajo humano Laborem exercens, # 1, 14 de septiembre de 1981: “… el hombre es el camino primero y fundamentalhay que volver sin cesar a este camino…”[50].

Antipapa Juan Pablo II, discurso en Polonia, 14 de junio de 1999: “El hombre es el camino primero y fundamental…”[51].

Antipapa Juan Pablo II, discurso, 7 de abril de 1998: “… el hombre es el primer camino…”[52].

Antipapa Juan Pablo II, 21 de junio de 2002: “… en la Encíclica Redemptor Hominis, quise repetir que la persona humana es el camino primero y principal…”[53].

Antipapa Juan Pablo II, carta a las familias, # 1, 2 de febrero de 1994: “… El hombre es el camino…”[54].

Jesucristo nos dijo muy claramente que Él es el camino. El antipapa Juan Pablo II nos dijo que el hombre es el camino. El antipapa Juan Pablo II predicó que el hombre es el camino cuando solo Jesús es el camino, precisamente porque fue el Anticristo, y él predicó el hombre en el lugar de Cristo.

Y no hay duda de que el antipapa Juan Pablo II estaba plenamente consciente de que él estaba poniendo al hombre en el lugar de Dios cuando predicó que el hombre es el camino. Él estaba plenamente consciente del hecho de que sólo Jesucristo es el camino. Sí, este hombre, que hablaba 14 idiomas con fluidez, que era la persona más vista en el mundo, que viajó más kilómetros que nadie en la historia, y le habló a más gente que nadie en la historia, estaba plenamente consciente de que Jesucristo es el camino.

Antipapa Juan Pablo II, Catechesi Tradendae, # 5, 16 de octubre de 1979: “Jesús es ‘el camino, la verdad y la vida’”[55].

Antipapa Juan Pablo II, Catechesi Tradendae, # 22, 16 de octubre de 1979: “… Cristo, que es el camino…”[56].

Antipapa Juan Pablo II, Christifideles laici, # 34, 30 de diciembre de 1988: “… para ti Cristo es el camino…”[57].

Antipapa Juan Pablo II, homilía,  8 de abril de 2001: “Porque Jesús es el único camino…”[58].

El antipapa Juan Pablo II sabía muy bien que Jesús es el único camino, y, sin embargo, también predicó repetidamente que el hombre es el camino. El antipapa Juan Pablo II nos predicó que no hay contradicción entre las dos afirmaciones: que el hombre y Cristo son intercambiables porque son lo mismo.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 10 de diciembre de 1989: “…enderezad el camino del Señor y del hombre, QUE ES el camino de la Iglesia”[59].

Al considerar esta increíble homilía, debemos recordar las palabras de San Juan el Bautista en el Evangelio. San Juan Bautista predicó desde antes que Cristo comenzara su vida pública:

Juan 1, 23: “Yo soy la voz que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor”.

Pero el antipapa Juan Pablo II nos dice que enderecemos el camino del Señor Y DEL HOMBRE. ¡Su significado es claramente evidente! Significa que el hombre es el Señor. De hecho, nótese la frase final de esta increíble cita del antipapa Juan Pablo II. Él no nos dice que enderecemos LOS CAMINOS del Señor y del hombre, que SON el camino de la Iglesia. Él dice, “enderezad EL CAMINO del Señor y del hombre, QUE ES el camino de la Iglesia”. Ellos son un único camino, según el antipapa Juan Pablo II.

Antipapa Juan Pablo II, carta a las familias, # 23: “Que se nos conceda seguir siempre a Aquel que es ‘el camino, la verdad y la vida’ (Jn 14, 6)”[60].

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor Hominis, # 13, 4 de marzo de 1979: “Jesucristo es el camino principal de la Iglesia[61].

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor Hominis, # 22: “También en esto la Iglesia reconoce la vía de su vida cotidiana, QUE ES TODO HOMBRE[62].

Nótese, una vez más, el claro mensaje de sustitución en estas dos últimas citas de la misma encíclica.

14. El hombre es la verdad

En Juan 14, 6 nuestro Señor se identifica a sí mismo no solo como el camino, sino también como la verdad.

Yo soy el camino, la verdad…” (Ju 14, 6).

Jesucristo nos dice que Él es la verdad. ¿Qué nos dice el antipapa Juan Pablo II?

Antipapa Juan Pablo II, Veritatis splendor, # 84: “La pregunta de Pilato: ‘¿Qué es la verdad?’, emerge también hoy desde la triste perplejidad de un hombre que a menudo ya no sabe quién es…”[63].

Aquí este Anticristo nos dice que la pregunta de Pilato “¿qué es la verdad?”, ¡refleja la perplejidad de un hombre que ya no sabe QUIÉN ES! El antipapa Juan Pablo II estaba aquí queriendo poner su evangelio satánico del infierno justo en su cara. Él quería poner las cosas bien delante de su cara de que el hombre es la verdad —que cada hombre es realmente el Cristo que Pilato no pudo reconocer— y que ¡el propio Pilato (cuando no pudo percibir la verdad que estaba en su misma presencia, la verdad que es nuestro Señor Jesucristo) no pudo percibir quién es el hombre!

Además “la verdad”, uno de los títulos principales de nuestro Señor Jesucristo es que Él es “el Verbo”.

Juan 1, 1: “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”.

El antipapa Juan Pablo II reconoció este hecho en su encíclica sobre el Espíritu Santo # 36.

Antipapa Juan Pablo II, encíclica Dominum et vivificantem, # 36, 18 de mayo de 1986: “…que es reflejo del Verbo, el eterno Hijo[64].

Pero véase cómo el antipapa Juan Pablo II aplicó este título de nuestro Señor al hombre en el siguiente párrafo de esta encíclica.

Antipapa Juan Pablo II, encíclica Dominum et vivificantem, # 37: “Aquí nos encontramos en el centro mismo de lo que se podría llamar el ‘anti-Verbo’, es decir la ‘anti-verdad’. En efecto, es falseada la verdad del hombre: quién es el hombre…”[65].

En la encíclica sobre el Espíritu Santo # 36, el antipapa Juan Pablo II nos dice que Jesucristo es el Verbo, el eterno Hijo. Aquí, en # 37 de la misma encíclica, el antipapa Juan Pablo II nos dice que el ‘anti-Verbo’ y la ‘anti-verdad’ son una falsificación de la verdad del hombre: una falsificación acerca de quién es el hombre. Esto significa claramente que el hombre es el Verbo, la verdad, el Hijo de Dios.

15. El hombre es la vida

En Juan 14, 6, nuestro Señor Jesucristo se identifica a sí mismo no solo como el camino y la verdad, sino también como la vida.

Yo soy el camino, la verdad y la vida…” (Ju 14, 6).

Jesucristo nos dice que Él es la vida. En su primera epístola, San Juan Evangelista confirma esta verdad con la descripción de nuestro Señor Jesucristo como “la palabra de vida” y la “vida eterna”.

1 Juan 1: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocando al Verbo de vida:porque la vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamosla vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó”.

En este profundo pasaje de la Sagrada Escritura, San Juan identifica que Jesucristo es la vida eterna, como nuestro Señor mismo nos lo dijo. Pero ¿qué dice el Anticristo? De hecho, ¿qué dice el Anticristo sobre el mismo pasaje de la Sagrada Escritura que acabamos de citar (el primer capítulo de la primera epístola de San Juan)?

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 30, 25 de marzo de 1995: “El sentido más profundo y original de esta meditación del mensaje reveladoSOBRE LA VIDA HUMANA ha sido expuesto por el apóstol Juan, al comienzo de su Primera Carta: ‘Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído… acerca de la Palabra de vida; pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó…’”[66].

Aquí el antipapa Juan Pablo II está citando textualmente el párrafo inicial de la primera epístola de San Juan, donde San Juan describe que escuchó y vio a Jesucristo: el Verbo de vida. ¡Él nos dice que este pasaje acerca de nuestro Señor Jesucristo es en realidad lo que la revelación nos dice sobre la VIDA HUMANA! ¡No es posible que el antipapa Juan Pablo II haya predicado más claramente que el hombre es Jesucristo!

Y el antipapa Juan Pablo II sabía exactamente lo que estaba diciendo cuando atribuyó al hombre este verso sobre nuestro Señor, porque sólo 50 párrafos más adelante en la misma encíclicaEvangelium vitae, el antipapa Juan Pablo II citó de nuevo el mismo versículo de la Escritura – ¡pero esta vez con el significado correcto!

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 80.1: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos… acerca de la Palabra de la vida… Jesús es el único Evangelio: no tenemos otra cosa que decir y testimoniar[67].

Es así que en la misma encíclica, el antipapa Juan Pablo II cita dos veces las palabras con las que comienza la primera epístola de San Juan; la primera vez nos dice que ellas nos hablan acerca de la vida humana y en la segunda dice que  ellas nos hablan acerca de Jesucristo. Pero, como hemos visto, en la predicación del Anticristo esto no es ninguna contradicción. En su predicación el hablar de la “Vida eterna” es hablar del hombre, y el hablar del hombre es hablar de la “Vida eterna”.

16. Cada hombre es la eucaristía

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 29 de mayo de 1983: “El pensamiento de la Eucaristía estuvo presente en todas las reuniones, no sólo porque en la Eucaristía está contenida más profundamente la vida de todo hombre…”[68].

En la eucaristía está contenida el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. El antipapa Juan Pablo II dice que en la eucaristía está contenida la vida de cada hombre más profundamente. Esto significa claramente que cada hombre tiene el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo porque cada hombre es Cristo.

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 20: “La eucaristía es el sacramento en que se expresa más cabalmente nuestro nuevo ser…”[69].

17. Cada hombre es Cristo crucificado

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 11 de junio de 1982: “Cuando miramos a la cruz, vemos en ella la pasión del hombre: la agonía de Cristo”[70].

Antipapa Juan Pablo II, discurso, 28 de marzo de 1982: “Mi visita pastoral, tan cerca de la Semana Santa, se convierte así en una meditación sobre la ‘Pasión de Cristo’ y sobre la ‘Pasión de hombre’”[71].

Antipapa Juan Pablo II, Salvifici doloris, sobre el sentido del sufrimiento, # 20: “El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propios sufrimientos…”[72].

El hombre no descubre sus propios sufrimientos en los sufrimientos de Cristo, porque el hombre no es Cristo. Pero esto es lo que predicaba el Anticristo Juan Pablo II.

Antipapa Juan Pablo II, discurso en el Coliseo, 10 de abril de 1998: “Al contemplar a Cristo muerto en la cruz, nuestro pensamiento se dirige a las innumerables injusticias y sufrimientos que prolongan su pasión en cada parte del mundo. Pienso en los lugares donde el hombre es insultado…”[73].

Cuando contemplamos a Cristo muerto en la cruz, no pensamos en los lugares donde el hombre es insultado, porque el hombre no es Cristo crucificado.

Antipapa Juan Pablo II, audiencia general, 12 de enero de 1994: “A pesar de que San Pablo nos recuerda que ‘Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere, y la muerte ya no tiene dominio sobre Él’ (Rom. 6, 9), la muerte sigue siendo todavía una parte de la existencia humana. Nosotros somos testigos de un proceso de muerte en los Balcanes, y, por desgracia, testigos impotentes ante aquello. Cristo sigue muriendo en medio de los trágicos acontecimientos que tienen lugar en esa parte del mundo, y ese era el tema de nuestra reflexión. Cristo continúa su agonía en tantos de nuestros hermanos y hermanas: en los hombres, las mujeres y los niños, en los jóvenes y en los ancianos, en tantos cristianos y musulmanes, en los creyentes y los no creyentes”[74].

El antipapa Juan Pablo II comienza admitiendo que Cristo no volverá a morir (Rom. 6, 9). Luego nos dice que la muerte sigue siendo una parte de la existencia humana. A continuación nos dice que Cristo sigue muriendo, en los cristianos y musulmanes, en los creyentes y no creyentes. Su línea de pensamiento no es difícil de seguir: si Cristo no muere más, el hombre todavía muere: por tanto Cristo muere porque el hombre es Cristo. Él incluso subraya que Cristo continúa muriendo en los musulmanes y los no creyentes, lo que confirma, además, que él está predicando que el hombre es Cristo.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 1 de octubre de 1999: “Él, Emmanuel, Dios-con-nosotros, fue crucificado en los campos de concentración y en los gulags, él conoció la aflicción bajo el bombardeo en las trincheras: él sufrió allí donde la dignidad inalienable de hombre, de todo ser humano, fue humillado, oprimido y violado[75].

El término Emmanuel (Dios con nosotros) es muy específico. Se aplica a una sola Persona. Nuestro Señor Jesucristo es el Emmanuel (Isaías 7, 14; Mt 1, 23). Y nuestro Señor Jesucristo fue crucificadouna vez por nuestros pecados. Al describir a cada hombre como el Emmanuel, el antipapa Juan Pablo II indicaba específicamente que cada hombre es Dios con nosotros.

Es bastante obvio que el antipapa Juan Pablo II predicó que todo hombre es Cristo crucificado, el Salvador del mundo. Pero hay un lugar en su encíclica Evangelium Vitae que es particularmente interesante sobre este tema, ya que demuestra el engaño y la sutileza que el Anticristo utiliza en su predicación diabólica.

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 50.2, hablando de la oscuridad del Viernes Santo: “Sin embargo, esta oscuridad no eclipsa el resplandor de la Cruz; al contrario,resalta aún más nítida y luminosa y se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana[76].

Aquí, el antipapa Juan Pablo II dice que el resplandor de la Cruz se manifiesta como el sentido de CADA VIDA HUMANA. Tenga esto en cuenta al leer la siguiente cita de la Evangelium vitae.

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 50.3: “Jesús es clavado en la cruz… Así, en el momento de su debilidad extrema se revela la identidad del Hijo de Dios: ¡en la Cruz se manifiesta su gloria![77].

Aquí, el antipapa Juan Pablo II nos dice que por la gloria de la cruz se revela la identidad del Hijo de Dios. Pero él acaba de decir, un párrafo antes, que el resplandor de la cruz es el sentido de cada vida humana. Esto significa que, a modo de ecuación lógica, que el Hijo de Dios = el sentido de cada vida humana. Para ilustrar esto, veamos de nuevo a sus palabras.

▪ El resplandor de la cruz es el sentido de cada vida humana (Evangelium vitae, # 50.2).

▪ La gloria de la Cruz revela la identidad del Hijo de Dios (Evangelium vitae, # 50.3)

▪ Conclusión: El Hijo de Dios es el sentido de cada vida humana.

[N. del T.: La versión inglesa de Evangelium vitae #50.2 utiliza, en vez de “resplandor”, la palabra “glory” = gloria, y para la palabra “sentido”, utiliza la palabra  “meaning”, cuya primera acepción es “significado”. Por lo tanto, gloria y/o resplandor significan lo mismo y sentido y/o significado también significan lo mismo en el contexto de la Evangelium vitae. Dicho de otra manera: resplandor = gloria y sentido = significado. Por lo tanto, la versión inglesa es más explícita que la española. Si hacemos el ejercicio de sustituir resplandor por gloria y sentido por significado, veremos que en inglés queda mucho más explícito el punto. Haciendo entonces la sustitución, tenemos:

▪ La gloria de la cruz es el significado de cada vida humana (Evangelium vitae, # 50.2).

▪ La gloria de la Cruz revela la identidad del Hijo de Dios (Evangelium vitae, # 50.3).

▪ Conclusión: La identidad del Hijo de Dios es el significado de cada vida humana.]

18. El hombre es en verdad Dios

Antipapa Juan Pablo II, Ecclesia in America, # 29: “Ésta [la oración] lo conducirá [al cristiano] poco a poco a adquirir una mirada contemplativa de la realidad, que le permitirá reconocer a Dios siempre y en todas las cosas; contemplarlo en todas las personas…”[78].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 10 de agosto de 1985: “Hoy, al consagrar vuestra catedral, deseamos ardientemente que se convierta en un ‘verdadero templo de Dios y del hombre…’”[79].

Esta cita demuestra que el antipapa Juan Pablo II predicó el culto del hombre como Dios, al pedir la transformación del templo de Dios en un templo de DIOS y del HOMBRE.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 9 de agosto de 1980: “… el primer y principal objetivo de toda organización y de todo estado: ¡el respeto y el amor por el hombre!”[80].

Antipapa Juan Pablo II, discurso, 13 de abril de 1979: “… la conciencia de toda la humanidad, que proclama la causa del hombre como el objetivo principal de todo progreso”[81].

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los profesores universitarios, 9 de septiembre de 2000: “Cada uno de ustedes puede decir, con el antiguo filósofo: ‘¡Estoy en busca del hombre!’”[82].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 1 de enero de 1986: “Es necesario que el hombre esté seguro del hombre”[83].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 21 de junio de 1986: “¡Sí! ¡El hombre! La Iglesia no descansa mientras el hombre se vea amenazado en su dignidad…”[84].

Antipapa Juan Pablo II, Mensaje a la Conferencia sobre la Cultura, 10 de marzo de 1986: “… el Este y el Oeste se podría combinar para desarrollar una perspectiva verdaderamente universal y humanitaria basado en la fe en el hombre”[85].

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 20 de abril de 1980: “… el hombre es ofendido y humillado: el hombre, la criatura sublime de Dios, que no puede, que no debe ser ofendido”[86].

Recuérdese, como Nestorio predicaba que Jesucristo son dos personas: el Hijo de Dios y un hombre llamado Jesús, así también lo hizo el antipapa Juan Pablo II al predicar que cada hombre son dos personas: el Hijo de Dios y un mero hombre (es decir, el nestorianismo aplicado a cada hombre). Es por esto que él puede decir en una frase que el hombre es una criatura de Dios e indicar al mismo que el hombre es Dios, que no puede, que no debe ser ofendido.

19. El hombre es el hombre de arriba

En Juan 8, 23 leemos lo siguiente:

“Él les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Os dije que moriríais en vuestro pecado, porque, si no creyereis, moriréis en vuestros pecados”.

En este profundo versículo del Evangelio de San Juan, nuestro Señor Jesucristo se describe a sí mismo como el de arriba. Él describe al hombre como el de abajo. Tenga esto en cuenta al leer las siguientes palabras del antipapa Juan Pablo II.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 30 de marzo de 1982: “Viéndose a sí mismo, el hombre descubre también —como Cristo dice en el diálogo con los fariseos— que es ‘de abajo’ y que es ‘de arriba’. El hombre descubre en sí mismo (esto es una experiencia constante) que el hombre ‘de abajo’ y el hombre ‘de arriba’ no son dos hombres, sino como que dos dimensiones del mismo hombre, el hombre que es cada uno de nosotros: tú, él, ella”[87].

Aquí, el antipapa Juan Pablo II nos dice casi con asombrosa osadía ¡que cada hombre es el hombre de arriba y el hombre de abajo! Pero en el mismo pasaje que el antipapa Juan Pablo II está comentando (el diálogo de Cristo con los fariseos en Juan 8, 23), Jesús se define a sí mismo como el “de arriba” y al hombre como el “de abajo”. Es innegable que el antipapa Juan Pablo II estaba diciendo que cada hombre —cada uno de nosotros— ¡es también Cristo, el hombre de arriba de Juan 8, 23!

20. La verdadera realidad del hombre es que él es Dios

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, #36: Cuando no se reconoce a Dios como Dios, se traiciona el sentido profundo del hombre…”[88].

Esto significa que el profundo sentido del hombre es que él es Dios.

[N.T.: la traducción inglesa utiliza para “sentido” la palabra “meaning” cuya primera acepción es significado, la segunda es sentido o significación. Por lo tanto, en inglés, esta frase se entiende de manera mucho más explícita que el hombre es Dios. Haciendo el mismo ejercicio del punto 17, sustituyendo sentido por significado, tenemos:

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, #36: Cuando no se reconoce a Dios como Dios, se traiciona el significado profundo del hombre…”]

Antipapa Juan Pablo II, discurso al embajador de Francia, 24 de octubre de 1998: “El humanismo es un ideal común para todos los franceses; que afirma que no hay nada más hermoso ni más grande que el hombre…”[89].

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 25 de diciembre de 1985: “¿Qué es la gracia? La gracia es precisamente la manifestación de Dios. La abertura de Dios al hombre. Dios,permaneciendo en la plenitud inescrutable de su ser divino, el ser Uno y Trino, se abre al hombre, haciéndose un regalo para el hombre, cuyo Creador y Señor es Él. La gracia es Dios como ‘nuestro Padre’. Es el Hijo de Dios a igual que es Hijo de la Virgen. Es el Espíritu Santo, una obra en el corazón humano con la infinita abundancia de sus dones. La gracia es Emmanuel: Dios con nosotros. Dios en medio de nosotros. La gracia es Dios para nosotros a través de la noche de Belén, a través de la Cruz en el Calvario, a través de la Resurrección, a través de la Eucaristía, a través de Pentecostés, a través de la Iglesia – el Cuerpo de Cristo. La gracia es, también, el hombre…”[90].

El antipapa Juan Pablo II nos dice que la gracia es Dios y que la gracia es también el hombre.

Antipapa Juan Pablo II, Veritatis splendor, # 58, 6 de agosto de 1993: “Nunca se valorará adecuadamente la importancia de este íntimo diálogo DEL HOMBRE CONSIGO MISMO. Pero, en realidad, éste es el diálogo del hombre con Dios…”[91].

Aquí el antipapa Juan Pablo II dice que el dialogo del hombre consigo mismo es un dialogo del hombre con Dios.

Antipapa Juan Pablo II, Veritatis splendor, # 10, 6 de agosto de 1993: Aquello que es el hombre y lo que debe hacer se manifiesta en el momento en el cual Dios se revela a sí mismo[92].

Aquí, el antipapa Juan Pablo II nos dice de manera astuta que aquello que es el hombre se manifiesta en el momento en el cual Dios se revela a sí mismo, lo que significa que el hombre es la manifestación de Dios.

Antipapa Juan Pablo II, Dominum et vivificantem, # 47, 6 de agosto de 1993: “… es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre”[93].

¡La realidad de Dios es lo que es Dios! Por lo tanto, el antipapa Juan Pablo II está diciendo que el misterio del hombre se descubre en el hecho de lo que es Dios, lo que significa que el hombre es Dios.

Antipapa Juan Pablo II, audiencia general, 15 de septiembre de 1982: “Jerusalén puede convertirse también en la ciudad de los hombres…”[94].

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los Obispos de Ruanda, 17 de septiembre de 1998: “… su sangre será una semilla del Evangelio… Ellos les ayudarán a no perder la esperanza en el hombre…”[95].

Antipapa Juan Pablo II, Evangelium vitae, # 3, 25 de marzo de 1995: “Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios…”[96].

Aquí el antipapa Juan Pablo II dice que toda amenaza a la dignidad humana afecta la fe en la encarnación. ¿Por qué sería? Bueno, si todo hombre se convierte en Dios en la encarnación, como el antipapa Juan Pablo II predicó, entonces cada amenaza para el hombre afecta a la fe en la encarnación.

Antipapa Juan Pablo II, Urbi et Orbi, 31 de marzo de 1991, “Que el respeto al hombre sea total… Cada ofensa contra la persona es una ofensa a Dios…”[97].

Antipapa Juan Pablo II, Jornada Mundial de Oración por la Paz (Asís, Italia) 24 de enero de 2002: “La ofensa al hombre es, sin duda, una ofensa a Dios”[98].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 24 de junio 1988: “… Dios quiere encontrar en el hombre toda la creación”[99].

Aquí el antipapa Juan Pablo II indica que en el hombre se puede encontrar toda la creación.

21. El hombre es el Mesías

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 12 de septiembre de 1982: “Y el significado de la vida humana, el significado que tiene en el plan eterno del amor, no pueden entenderse sino a través de ese ‘diálogo mesiánico’ que Jesús de Nazaret tuvo en un día con Pedro y que él la continua teniendo con cada hombre y con toda la humanidad. El cristianismo es la religión del ‘diálogo mesiánico’ con la humanidad y para la humanidad”[100].

Aquí el antipapa Juan Pablo II dice que Pedro y todos los seres humanos tuvieron y siguen teniendo un “diálogo mesiánico” con Jesucristo. La palabra Mesías significa “salvador”. Un “diálogo mesiánico” es, por tanto, ¡un diálogo entre salvadores! Lo que esta homilía del antipapa Juan Pablo II quiere decir es que ¡existe un diálogo entre todos los hombres y Jesucristo acerca de quién es el Salvador! Y sólo en este diálogo mesiánico se puede entender el significado de la vida humana, según el Anticristo antipapa Juan Pablo II, porque cada hombre es el Mesías.

Antipapa Juan Pablo II, audiencia general (o Urbi et Orbi), 25 de diciembre de 1987, hablando de María, la Madre de Dios: “Dentro de ella está el mundo que espera a su Dios. Dentro de ella es la criatura completamente abierta ante su Creador. Dentro de ella está la historia de cada ser humano en todas partes en la tierra…”[101].

El Anticristo antipapa Juan Pablo II nos dice que dentro de la Madre de Dios está la historia de cada ser humano. Pero dentro de María sólo estuvo Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Al decir que todo ser humano en toda la tierra estaba en el vientre de la Madre de Dios, el antipapa Juan Pablo II indica que cada ser humano en todas partes en la tierra es Jesucristo.

22. La Nueva Evangelización

El Anticristo quiere evangelizar el mundo para el hombre, haciendo que todo sea más humano, ya que toda la humanidad es Cristo, de acuerdo con su evangelio.

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 15 de mayo de 1982: “La educaciónpretende ‘humanizar’ al hombre”[102].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 7 de julio de 1980: “El verdadero apóstol del Evangelio es el que humaniza y evangeliza al mismo tiempo…”[103].

Y al tratar de convertir el mundo al hombre como Cristo, este Anticristo a menudo equiparó explícitamente cada vez lo humano con lo divino; es decir, explícitamente equipara cada vez más al hombre con Dios.

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los eslovenos, 18 de mayo de 1996: “De esta manera ayudareis a cambiar el mundo; lo haréis más humano y por lo tanto divino[104].

Aquí el antipapa Juan Pablo II dice que ser más humano es ser más como Dios, indicando que el hombre es Dios.

Antipapa Juan Pablo II, Incarnationis mysterium, #2: “La Iglesiaabre a cada ser humano la perspectiva de ser ‘divinizado’ y, por tanto, de hacerse así más hombre[105].

Aquí nuevamente el antipapa Juan Pablo II dice explícitamente que hacerse más divino es hacerse más hombre, igualando a Dios con el hombre.

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los obispos portugueses, 30 de noviembre de 1999: “De hecho, con su encarnación, Él, el Hijo de Dios, se ha unido en cierto modo con todo hombre… la vida cristiana no sólo da sentido a lo que existe, sino también ‘abre a todas las personas la perspectiva de ser divinizado y por lo tanto de ser más humano’”[106].

Aquí una vez más, el antipapa Juan Pablo II iguala el ser divinizado con ser más humano, y lo hace basándose nuevamente en la encarnación.

23. El hombre debe descubrir que es Dios

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 6 de marzo de 1988: “Sí, Dios es “celoso” de ese elemento divino que existe en el hombreNo tendrás otros dioses delante de mí. Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. ¡De lo contrario, tú, hombre, no te descubrirás a ti mismo!”[107].

El antipapa Juan Pablo II cita al primer mandamiento sobre la adoración a Dios y dice que si no adoras a Dios ¡no te descubrirás a ti mismo!

Antipapa Juan Pablo II, angelus, 7 de marzo de 1982: “¿Qué valor tiene, entonces, el llamado de Cristo a la conversión y a la fe en el Evangelio? ¿Qué significado tienen la reconciliación con Dios y la penitencia en la misión permanente de la Iglesia? Sin embargo y tal vez sobre todo, el llamado se dirige al hombre, a cada hombre, ¡para que de nuevo pueda encontrarse a sí mismo! Que pueda creer en sí mismo”[108].

Este es un increíble angelus, incluso para quien esté profundamente poseído por el espíritu del Anticristo. En él, el antipapa Juan Pablo II pregunta: “¿Qué valor tienen, entonces, el llamado de Cristo a la conversión y a la fe en el Evangelio?”. Él responde sus propias preguntas afirmando que sobre todo, ¡es para que el hombre se encuentre a sí mismo y crea en sí mismo! Por lo tanto,la conversión, la fe en el Evangelio, y la reconciliación con Dios equivale a que el hombre se busque a sí mismo y crea en sí mismo. El hombre es Dios, según la doctrina del Anticristo.

Antipapa Juan Pablo II, Ecclesia in America, # 67: “… Jesucristo, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre”[109].

Antipapa Juan Pablo II, homilía, 26 de febrero de 2000: Al revelarse a sí mismo en la Montaña y entregar su ley, Dios reveló el hombre al hombre mismo[110].

¡Ahí lo tienen! Aquí el antipapa Juan Pablo II dice que Dios al revelarse a sí mismo en el monte Sinaí, ¡le reveló el hombre al hombre mismo!

24. El Rosario del hombre

Antipapa Juan Pablo II, documento sobre el Rosario, octubre de 2002: Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en Él la verdad sobre el hombre.”[111].

Esto significa que Cristo es la verdad acerca del hombre.

Antipapa Juan Pablo II, documento sobre el Rosario, octubre de 2002: “… se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre”[112].

25. Las insondables riquezas de Cristo son propiedad de todos

Efesios 3, 8: “A mí, el menor de todos los santos, me fue otorgada esta gracia de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo”.

En Efesios 3, 8, San Pablo dice que le fue dada la gracia de anunciar la riqueza insondable de Cristo a los gentiles. San Pablo se refería a los atributos de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Los atributos de Cristo como Hijo de Dios son insondables e inalcanzables. Pero el antipapa Juan Pablo II nos dice que estas inalcanzables riquezas de Cristo son en realidad propiedad de cada hombre.

Antipapa Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 11, 4 de marzo de 1979: “… a todos en definitiva, a conocer las ‘insondables riquezas de Cristo’, porque éstas son para todo hombre Y CONSTITUYEN EL BIEN DE CADA UNO[113].

26. Cada hombre es Cristo resucitado

Antipapa Juan Pablo II, discurso al simposio internacional sobre Jan Hus, 17 de diciembre de 1999: “En la contemplación de la verdad sobre el hombre, nos volcamos inevitablemente a la figura del Cristo resucitado. Sólo Él enseña y encarna completamente la verdad del hombre…”[114].

El antipapa Juan Pablo II no podía haber sido más terminante. Dice que contemplar la verdad sobre el hombre es volcarse inevitablemente a Cristo resucitado. La verdad sobre el hombre, por lo tanto, el hombre es el Cristo resucitado.

Antipapa Juan Pablo II, Regina Caeli, 28 de abril de 2002, sobre Cristo resucitado: “Su semblante radiante de gloria, nos revela plenamente la verdad de Dios y la verdad del hombre[115].

Esto demuestra, una vez más, el punto de que hemos estado haciendo a lo largo de esta sección sobre la predicación del antipapa Juan Pablo II. Esto demuestra que el antipapa Juan Pablo II estaba totalmente poseído por el espíritu del Anticristo, que predicó la exacta doctrina del Anticristo, y que uno de sus principales objetivos fue sustituir la verdad sobre Cristo (la verdad más importante en el universo), con la verdad sobre el hombre.

Antipapa Juan Pablo II, discurso a los Misioneros de la Preciosa Sangre, 14 de septiembre de 2001: “Y en el momento de la Pascua esta alegría llegó a su plenitud cuando la luz de la gloria divina iluminó el rostro del Señor resucitado, cuyas heridas brillarán para siempre como el sol. Esta es la verdad de lo que sois, queridos hermanos…”[116].

No es necesario comentar.

27. El Anticristo revelado

En la Sagrada Escritura leemos la infalible definición de Anticristo:

1 Juan 4, 2-3: “Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios;pero todo espíritu que no confiese a Jesús, ése no es de Dios, es del Anticristo, de quien habéis oído está para llegar y que al presente se halla ya en el mundo”.

Nótese que el Anticristo es un espíritu que estaba en el mundo en tiempos de San Juan. Esto significa que el Anticristo ha estado con nosotros desde los tiempos de Cristo. Anticristo es un espíritu que posee a diferentes personas desde la época de Cristo y hasta su Segunda Venida; pero habrá una única manifestación y personificación de ese espíritu en el fin del mundoen el momento de, o justo antes de la Segunda Venidaque será la mayor señal del fin. Y ¿Qué es lo dice la Palabra de Dios acerca de este espíritu y la personificación del Anticristo? Es un espíritu que separa a Jesús, y niega que Jesús es el Cristo.

1 Juan 2, 22: “¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

Esta es una moneda conmemorativa con la imagen de Juan Pablo II que fue difundida por el Vaticano. Nótese las 3 estrellas con seis puntas cada una, lo que da 6, 6, 6.

Hemos demostrado que la enseñanza distintiva del antipapa Juan Pablo II es la misma cosa; su enseñanza distintiva es que el Hijo de Dios se disolvió en cada hombre en la encarnación, haciendo que Cristo sea todo hombre, disolviendo así a Jesús y negando que Jesús es el Cristo. Por lo menos, se puede decir que el antipapa Juan Pablo II estaba totalmente poseído por el espíritu del Anticristo y que él predicó exactamente la doctrina del Anticristo. Juan Pablo II ejemplifica y personifica el espíritu del Anticristo; salió de él con asombrosa precisión diabólica.

Lo que también es interesante es la forma como el propio Catecismo del antipapa Juan Pablo II define el Anticristo.

Antipapa Juan Pablo II, Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, # 675: “La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne[117].

El propio Catecismo del antipapa Juan Pablo II no pudo describir mejor su doctrina. Con precisión señala que el engaño del Anticristo es un falso o seudo-mesianismo en que ¡el HOMBRE sustituye al Hijo de Dios venido en carne! Esta religión del Anticristo no sólo es predicada por el antipapa Juan Pablo II como su marca distintiva, también se practica en la liturgia de la Iglesia del Vaticano II.

Al intentar matar a Cristo en la misa y sustituyéndola por un falso servicio acatólico, Pablo VI definitivamente representó el cumplimiento del Anticristo en el Vaticano, como fue profetizado por Nuestra Señora de La Salette.

Paulo VI y Benedicto XVI también representaron al Anticristo en el Vaticano

Nuestra Señora de La Salette, 19 de septiembre de 1846: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo… la Iglesia será eclipsada”.

La nueva misa de la falsa Iglesia del Vaticano II colocó al hombre en el lugar de Dios —la doctrina del Anticristo— al tener al sacerdote mirando al hombre en vez de a Dios durante la liturgia, y orientando todo el culto hacia el hombre en vez de hacia Dios.

La nueva misa, la liturgia de la falsa Iglesia Católica de Juan Pablo II, intenta adoctrinar a las masas en la idolatría y el culto del hombre, como lo hizo el antipapa Juan Pablo II en sus encíclicas y discursos.

Si bien que Benedicto XVI no enseñó la disolución de Jesús en la misma medida que Juan Pablo II, es muy interesante que él cubre otra definición de la Escritura Sagrada para el Anticristo: el rechazo de Jesús como el Cristo! Benedicto XVI representó al Anticristo en el Vaticano, poniendo la negación de Jesucristo a la par con la aceptación de Él, como hemos demostrado.

Benedicto XVI, Dios y el mundo, 2000, p. 209: Por supuesto, es posible leer el Antiguo Testamento de manera que no se dirija a Cristo; ello no apunta inequívocamente a Cristo. Y si los judíos no pueden ver cumplidas en él las promesas, esto no es solo por mala voluntad de su parte, sino a causa de la real oscuridad de sus textos… Hay perfectamente buenas razones, entonces, para negar que el Antiguo Testamento se refiera a Cristo y decir, No, eso no es lo que dice. Y también hay buenas razones para referirse a él – de esto se trata la disputa entre judíos y cristianos”[118].

Juan Pablo II predicó la disolución de Jesús (una definición de la Escritura para el Anticristo), mientras que Benedicto XVI predicó que Él podría no ser el Cristo (la segunda definición para el Anticristo)! Por lo tanto, la profecía de la Virgen se ha cumplido. La secta del Vaticano II es la falsa Iglesia del Anticristo; que ha sido instalada por una serie de anticristos que predican un nuevo evangelio de respeto a las falsas religiones, la indiferencia religiosa, la aceptación de los falsos dioses de Oriente, la aceptación de las herejías del protestantismo y la “ortodoxia” oriental; lo que ha resultado en un baldío espiritual y una miríada de malos frutos.

Los católicos deben tomarse en serio estas advertencias proféticas que Dios nos ha dado, que han previsto claramente nuestros días. Debemos tener confianza sabiendo que Dios está siempre con su Iglesia, como lo será hasta el fin del mundo (Mt 28), y Él nunca permitirá que sea completamente destruida o caiga en un error. Siempre habrá un remanente de católicos que se aferran a la totalidad del depósito de la fe y no se comprometen con la herejía, a pesar de que Dios ha permitido que Satanás, como castigo por los pecados de los hombres en estos últimos días, invada y se apodere de las escuelas, los seminarios, las universidades, las capillas y edificios que una vez pertenecieron a la verdadera Iglesia Católica.

Dios ha permitido que Satanás se apodere de estas estructuras, y haya implantado una religión apóstata acatólica que no es católica, pero que aún conserva el nombre. Debemos oponernos y no tomar parte con esta Iglesia Católica falsificada, que ha sido creada por Satanás. No debemos participar en su falsa misa, en sus falsos sacramentos, con sus antipapas y “obispos” heréticos. Debemos instruirnos y a los demás acerca de las posiciones correctas que hay tomar en este sentido, que han sido expuestas en este libro basado en la enseñanza de la Iglesia Católica. Tenemos que tratar de conducir a la gente de nuevo a la verdadera Iglesia Católica fundada por Jesucristo, que nunca puede ser destruida, que se ha reducido a un remanente en esta época de la Gran Apostasía, y a la que todos debemos pertenecer a fin de salvarnos.

Además de rechazar la totalidad de sus herejías, su falso concilio y sus antipapas, ¿qué pueden hacer los católicos acerca de esta situación?


[1] The Papal Encyclicals, de Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 3 (1903-1939), p. 6.

[2] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 252.

[3] The Papal Encyclicals, vol. 3 (1903-1939), p. 471.

[4] Decrees of the Ecumenical Councils, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, vol. 1, p. 86.

[5] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 254.

[6] L’Osservatore Romano, 21 de julio de 1986, p. 6.

[7] L’Osservatore Romano, 11 de mayo de 1987, p. 15.

[8] L’Osservatore Romano, 23 de febrero de 1994, p. 5.

[9] The Papal Encyclicals, vol. 3 (1903-1939), p. 468.

[10] Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 1, p. 110.

[11] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 252.

[12] L’Osservatore Romano, 30 de enero de 1984, p. 3.

[13] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), pp. 251-252.

[14] The Oxford Illustrated Dictionary, p. 34.

[15] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 252.

[16] L’Osservatore Romano, 11 de abril de 1983, p. 11.

[17] L’Osservatore Romano, 16 de junio de 1980, p. 9.

[18] The Encyclicals of John Paul II, Huntington, IN: Our Sunday Visitor Publishing Division, 1996, pp. 504-505.

[19] L’Osservatore Romano, 18 de junio de 1997, p. 4.

[20] Christifideles Laici, Post-Synodal Apostolic Exhortation of John Paul II, Dec. 30, 1988, Pauline Books & Media, p. 22.

[21] L’Osservatore Romano, 30 de mayo de 1988, p. 7.

[22] L’Osservatore Romano, 10 de enero de 2001, p. 3.

[23] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 252.

[24] L’Osservatore Romano, 2 de noviembre de 1978, p. 1.

[25] The Papal Encyclicals, vol. 3 (1903-1939), p. 6.

[26] L’Osservatore Romano, 8 de enero de 1992, p. 9.

[27] L’Osservatore Romano, 27 de febrero de 1984, p. 1.

[28] The Encyclicals of John Paul II, p. 316.

[29] The Encyclicals of John Paul II, p. 893.

[30] L’Osservatore Romano, 3 de febrero de 1999, p. 8.

[31] L’Osservatore Romano, 12 de enero de 1981, p. 2.

[32] L’Osservatore Romano, 12 de enero de 2000, p. 7.

[33] L’Osservatore Romano, 27 de enero de 1999, p. 8.

[34] The Encyclicals of John Paul II, p. 675.

[35] Fides et Ratio, Encyclical Letter of John Paul II, Sept. 14, 1998, Pauline Books & Media, p. 21.

[36] L’Osservatore Romano, 11 de noviembre de 1991, p. 2.

[37] L’Osservatore Romano, 16 de junio de 1980, p. 3.

[38] L’Osservatore Romano, 1 de enero de 1979, p. 1.

[39] A Catholic Dictionary, edited by Donald Attwater, Rockford, IL: Tan Books, 1997, p. 95.

[40] L’Osservatore Romano, 7 de enero de 1980, p. 1.

[41] L’Osservatore Romano, 5 de enero de 1994, p. 3.

[42] L’Osservatore Romano, 1 de enero de 1979, p. 1.

[43] The Encyclicals of John Paul II, p. 792.

[44] L’Osservatore Romano, 1 de enero de 1979, p. 1.

[45] L’Osservatore Romano, 6 de enero de 1986, p. 2.

[46] L’Osservatore Romano, 3-10 de enero de 1983, p. 2.

[47] L’Osservatore Romano, 14 de enero de 1998, p. 1.

[48] Familiaris Consortio, Apostolic Exhortation of John Paul II, Nov. 22, 1981, Pauline Books & Media, p. 48.

[49] L’Osservatore Romano, 21 de marzo de 2001, p. 6.

[50] The Encyclicals of John Paul II, p. 167.

[51] L’Osservatore Romano, 30 de junio de 1999, p. 7.

[52] L’Osservatore Romano, 22 de abril de 1998, p. 3.

[53] L’Osservatore Romano, 3 de julio de 2002, p. 10.

[54] L’Osservatore Romano, 23 de febrero de 1994, p. 5.

[55] Catechesi Tradendae, Apostolic Exhortation of John Paul II, Oct. 16, 1979, Boston, MA: Pauline Books &

Media, p. 6.

[56] Catechesi Tradendae, pp. 19-20.

[57] Christifideles Laici, Post-Synodal Apostolic Exhortation of John Paul II, Dec. 30, 1988, Pauline Books &

Media, p. 85.

[58] L’Osservatore Romano, 11 de abril de 2001, p. 2.

[59] L’Osservatore Romano, 22 de enero de 1990, p. 6.

[60] L’Osservatore Romano, 23 de febrero de 1994, p. 16.

[61] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 254.

[62] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 270.

[63] The Encyclicals of John Paul II, p. 743.

[64] The Encyclicals of John Paul II, p. 299.

[65] The Encyclicals of John Paul II, p. 300.

[66] The Encyclicals of John Paul II, pp. 819-820.

[67] The Encyclicals of John Paul II, p. 869.

[68] L’Osservatore Romano, 6 de junio de 1983, p. 2.

[69] The Papal Encyclicals, vol. 5 (1958-1981), p. 265.

[70] L’Osservatore Romano, 5 de julio 1982, p. 12.

[71] L’Osservatore Romano, 5-12 de abril de 1982, p. 7.

[72] Salvifici Doloris, Apostolic Letter of John Paul II, Feb. 11, 1984, Pauline Books & Media, p. 32.

[73] L’Osservatore Romano, 15 de abril de 1998, p. 4.

[74] L’Osservatore Romano, 19 de enero de 1994, p. 19.

[75] L’Osservatore Romano, 6 de octubre de 1999, p. 5.

[76] The Encyclicals of John Paul II, p. 838.

[77] The Encyclicals of John Paul II, p. 838.

[78] Ecclesia in America, Post-Synodal Apostolic Exhortation of John Paul II, Jan. 22, 1999, Pauline Books &

Media, p. 49.

[79] L’Osservatore Romano, 2 de septiembre de 1985, p. 3.

[80] L’Osservatore Romano, 1 de septiembre de 1980, p. 4.

[81] L’Osservatore Romano, 17 de abril de 1979, p. 11.

[82] L’Osservatore Romano, 13 de septiembre de 2000, p. 2.

[83] L’Osservatore Romano, 6 de enero de 1986, p. 6.

[84] L’Osservatore Romano, 4 de agosto de 1986, p. 10.

[85] L’Osservatore Romano, 17 de marzo de 1986, p. 2.

[86] L’Osservatore Romano, 28 de abril de 1980, p. 2.

[87] L’Osservatore Romano, 10 de mayo de 1982, p. 6.

[88] The Encyclicals of John Paul II, p. 825.

[89] L’Osservatore Romano, 11 de noviembre de 1998, p. 4.

[90] L’Osservatore Romano, 6 de enero de 1986, p. 1.

[91] The Encyclicals of John Paul II, p. 722.

[92] The Encyclicals of John Paul II, p. 681.

[93] The Encyclicals of John Paul II, p. 312.

[94] L’Osservatore Romano, 20 de septiembre de 1982, p. 7.

[95] L’Osservatore Romano, 30 de septiembre de 1998, p. 7.

[96] The Encyclicals of John Paul II, p. 793.

[97] L’Osservatore Romano, 2 de abril de 1991, p. 1.

[98] L’Osservatore Romano, 30 de enero de 2002, p. 6/7.

[99] L’Osservatore Romano, 29 de agosto de 1988, p. 10.

[100] L’Osservatore Romano, 11 de octubre de 1982, p. 3.

[101] L’Osservatore Romano, 4 de enero de 1988, p. 1.

[102] L’Osservatore Romano, 5 de julio de 1982, p. 4.

[103] L’Osservatore Romano, 4 de agosto de 1980, p. 8.

[104] L’Osservatore Romano, 5 de junio de 1996, p. 9.

[105] L’Osservatore Romano, Special Insert – Incarnationis mysterium, Dec. 2, 1998.

[106] L’Osservatore Romano, 15 de diciembre de 1999, p. 9.

[107] L’Osservatore Romano, 21 de marzo de 1988, p. 5.

[108] L’Osservatore Romano, 15 de marzo de 1982, p. 2.

[109] Ecclesia in America, p. 48.

[110] L’Osservatore Romano, 1 de marzo de 2000, p. 2.

[111] L’ Osservatore Romano, 23 de octubre de 2002, p. 5.

[112] L’ Osservatore Romano, 23 de octubre de 2002, p. 5.

[113] The Papal Encyclicals, vol. 5, p. 253.

[114] L’Osservatore Romano, 22 de diciembre de 1999, p. 3.

[115] L’Osservatore Romano, 1 de mayo de 2002, p. 1.

[116] L’Osservatore Romano, 19 de septiembre de 2001, p. 10.

[117] The Catechism of the Catholic Church, by John Paul II, no. 675.

[118] Benedict XVI, God and the World, San Francisco, CA: Ignatius Press, 2000, p. 209.

2 comentarios:

  1. Anónimo15:32:00

    Es peor dejar a los fieles sin comulgar, obediencia hermanos, porque si bien lo que dice
    la nota es cierto, los demoledores sólo pueden demoler porque el Padre lo permite, y hágase
    su voluntad!... confíemos en la reparación y oremos por nuestros sacerdotes.
    Saludos

    Valeria

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  2. Valeria: No se entiende bien tu comentario, dejar a los "fieles sin comulgar", ¿seria segun tu peor que que?... Obviametne que Dios permite todo, en tanto y cuanto sea para su mayor gloria y bien para nuestras almas...pero sigo sin comprender que quieres decir con eso, me huele un poco a "quietismo", herejia que deja todas las cosas a Dios y nos sume en la inaccion apostolica, al esperar sentados que "Dios haga solo el trabajo", mientras nosotros tomamos comodamente palco. Por ultimo, hablas de reparacion, ¿te refieres a reparacion por las blasfemias y apostasia de estos ·anticristianos hereticos o a la reparacion de las estructuras "demolidas" a que aludes al comienzo?...

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