21 feb. 2015

¿QUIÉN ERA NIKITA RONCALLI?


Este artículo publicado por Daniele Arai, en  Agere contra” en 2010,recoge extractos del libro de Franco Bellegrandi, alternados con fragmentos propios de Arai, explica con exactitud la deriva de la Iglesia hasta nuestros días del populista Francisco, pasando por el pontificado del papa claramente procomunista,Montini, y el nacimiento de la Teología de la liberación y en el plano secular el auge de los partidos socialistas y comunistas,en la elecciones nacionales y regionales, y también en los comicios municipales.  Los movimientos políticos de América Latina también tienen en la política de Juan XXIII un precedente valioso.
 En todo caso queda aclarada la figura del Papa Bueno, y su política claramente favorable al comunismo ruso que dio lugar a una gran expansión comunista en el mundo católico.. La cita del autor que precede  al artículo no duda en comparar con ventaja su figura, en cuanto a su carácter destructivo, con la de Lenin y Stalin.

Cita:
Hablando de la peligrosidad  de las ideas e iniciativas de Juan XXIII, el más famoso vaticanista italiano, el conde Fabrizio Romano Sarazani, sobre el pontificado de Juan XXIII y sus consecuencias, dice: “… la huella dejada por Roncalli en la historia de la humanidad es muy superior a la dejada por Lenin y Stalin. De hecho, si aquellos han eliminado unos cuantos  millones de vidas, Juan XXIII ha liquidado dos mil años de la Iglesia Católica. “
Este artículo ha sido publicado el 2 de marzo de 2010 y ha sido archivado bajo el cuidado de Arai Daniele.
Editado por Arai  Daniele.
Subrayados propios
Del libro “Nichitaroncalli» Franco Bellegrandi, “Camarierie de Spada  e Capa” de Su Santidad “, junto con otro de Arai Danieleen vías de publicación (ed. Christus Rex“¿Giovanni XXIII: un enigma epocal?”, hacemos  un esbozo de la obra del ” Papa Bueno “, que abrió la Iglesia a sus peores enemigos.
Comenzaremos refiriéndonos a sus indigentes ideas modernistas tal como las vio el poco sospechoso Benedectto Crocce, que en “Il Giornale d’Italia“(15.X.07) respondiendo al futuro apóstata Don Minocchi escribió: “El modernismo pretende distinguir el contenido real del Dogma de sus expresiones metafísicas a las que considera algo accidental, como son accidentales las varias expresiones del lenguaje, con las que se puede traducir un mismo pensamiento. Y en esta comparación radica el primer y más grande error de los modernistas. En realidad, lo cierto  es que el mismo concepto se puede traducir de muchas formas diferentes, pero el pensamiento metafísico no es  lenguaje, no es una forma de expresión: es lógico y es  conceptual. De donde  un dogma traducido en otra forma metafísica, ya no es el mismo dogma; así como un concepto cuando se transforma en otro concepto, ya no es el primer concepto.”
Los modernistas son muy libres  de transformar los dogmas según sus propias ideas. También yo soy libre para hacerlo … Sólo  que yo soy consciente de que haciendo eso salgo fuera de la Iglesia, incluso me pongo al margen de cualquier religión mientras que los modernistas se obstinan en seguir teniéndose por religiosos, incluso católicos.
De donde, los modernistas para salvarse de las consecuencias necesarias de sus principios, acaban simpatizando con lospositivistas, los pragmatistas y empiristas de todas las tendencias, aduciendo  que no creen en el valor del pensamiento y de la lógica,  cayendo así en el agnosticismo y escepticismo. Doctrinas éstas, que se concilian bien con un  vago  sentimentalismo religioso, pero que repugnan a cualquier  religión positiva “. Y concluía: “No habrá que recordar otra vez la suerte que tnemos al estar de acuerdo con el Papa.” En realidad Croce, no era católico, pero comprendía bien en qué medida los errores del modernismo eran fruto de un pensamiento contaminado del peor relativismo..
Este espíritu modernista, salido de un fondo secreto y abstruso, conduce a una nueva religión, una suerte de  profetismo que evoca los “signos de los tiempos“, no referidos a la espiritualidad cristiana, sino al progreso indefinido de la humanidad; a un espíritu de reconciliación  gnóstica y agnóstica que indujo al modernista  Roncalli  a trabajar por sus ideales globalistas y humanitarios, y  a convocar finalmente el Concilio Vaticano II.
La banda romana  de los cuatro modernistas.
Se plantea la pregunta: ¿quién era en realidad el  Roncalli, destinado a llegar a ser  el Papa Juan XXIII y ocupar la silla del Vicario de Dios para cambiar la Iglesia? ¿Cuál era su fe en los signos divinos de la historia?
En su libro “Los cuatro del  Jesús. Historia de una herejía“,  Giulio Andreotti  cuenta  que Angelo Roncalli, Giulio Belvederi,  tío de la esposa de Andreotti, Alfonso Manaresi y Ernesto Buonaiuti eran cuatro seminaristas, unidos por una gran amistad  y por la  común visión religiosa modernista. Los dos últimos han llevado  sus ideas heréticas hasta el punto de ser censurados y excomulgados (Manaresi y Buonaiuti). Belvederi y Roncalli, sin embargo, fueron salvados por sus protectores; en el caso del último por el entonces obispo de Bergamo Giacomo Radini Tedeschi, de tendencia modernista. Otro compañero de Roncalli en Bérgamo fue Nicola Turchi, que tradujo al italiano al historiador Duchesne, también censurado.
Roncalli habría demostrado este espíritu a lo largo de su larga carrera, aunque también es cierto que había prestado el juramento anti-modernista. Constituyó  un falso juramento agravado por la traición modernista que excomulga a cualquier católico, ¡pero no al “Papa Bueno”!
Ahora bien, sólo un aparato compuesto por clérigos de su propia tendencia ha podido ignorar la  fundada sospecha de perjurio en materia de fe, suficiente para descalificar a cualquier ciudadano, y aún más para negar cualquier posibilidad de beatificación.
En Bulgaria y Turquía, el extraño Nuncio Roncalli trabajó justamente en sentido opuesto a lo que anteriormente se enseñó  en la Encíclica “Quas Primas”, sobre el reinado social de Jesucristo: que  la peste que  infecta a la sociedad, la peste de nuestro tiempo es el laicismo. Sin embargo  Roncalli estaba a favor del “principio básico” del estado laico: la Iglesia se guardará de atacar o discutir el secularismo.
La masonería esperaba un “Papa bueno” astuto y relativista
Esto era así, porque la Iglesia tenía  que pedir perdón  por los ”pecados “cometidos en cualquier tiempo y lugar. De esta manera, la nueva clase clerical no tenía que hacer más que desacreditar a la Iglesia del pasado e incluso, al mismo Jesucristo, por mor de “la bondad y la comprensión” de la iglesia del presente y de sus “humildísimos” y “buenísimos” pastores.
Se necesitaba un clérigo de  de “genial simplicidad” como Jean Guitton había definido a Roncalli. El momento oportuno se presentó con  el Cónclave que siguió a la muerte de Pío XII. Era la ocasión para que los poderes ocultos  se apoderaran de la Iglesia,  los cuales con el propósito de  dominar mejor el mundo material necesitaban  una “iglesia mundial“.
Angelo Roncalli ya desde  joven había demostrado que era la persona  adecuada para operar esta mutación religiosa sosteniendo el  principio de que ante todo se debe buscar lo que une antes que las ideas sobrenaturales, dogmáticas e históricas de la Fe, como  la  Santísima Trinidad, que no unen sino dividen.
Por eso a él como profesor modernista  se le prohibió  enseñar una historia carente del fundamento sobrenatural de la religión, aunque divida.  He aquí  reflejado el  “espíritu conciliar»  que anima la nueva “praxis pastoral”, y trata de  reemplazar la profesión de Fe de la Iglesia, sus principios, sus normas y acción social, por el “ amor”del mundo moderno “, amor que tiene por norma el humanitarismo, por objetivo  la evolución de la conciencia, por caridad el subjetivismo que adapta el Evangelio  a las “necesidades de los tiempos”;  y esta “nueva pastoral” se desarrolla por medio de una nueva liturgia horizontal y globalista,  todo ello  falsificaciones modernistas para introducir con engaño en la Iglesia el espíritu de ecumenista y  relativista,heraldo del nuevo orden mundial, ahora muy querido al Papa Benedicto XVI.
Siendo ya Juan XXIII, Roncalli inmediatamente puso en práctica “el  buen método de Don Beauduin “, ecumenista, poniendo en marcha la máquina conciliar  llamada a ‘”consagrar ” elrelativismo ecumenista. Por eso trabajó en el sentido de promover aquella  liturgia … en pro de una nueva igualdad de las iglesias. Tres días antes de la apertura del Concilio Vaticano II, Roncalli confiaba a Andreotti: “Muchas de las anticipaciones de entonces,  [del modernismo]se  han hecho una realidad fructífera. El Concilio las ha constitucionalizado “(” Los cuatro del Jesús: Historia de la herejía “, página 104). Aquí  tenemos el testimonio de la confirmación de lo que es, desde sus orígenes, la “intención de conciliar” de Juan XXII, que sigue siendo tenida por católica. También lo vemos comparando cómo se expresaba ayer el cardenal Ratzinger y como lo hace hoy Benedicto XVI, respecto del programa del Concilio Vaticano I comenzado por su predecesor. De aquél “aggiornamento”‘ el entonces Prefecto de la Congregación para la Fe, ha sido tanto promotor como ejecutor, como lo reveló  a Vittorio Messori (“Encuesta sobre el cristianismo”, SEI, Turín, 1987, página 152): “El problema de los sesenta era conseguir  los mejores valores de dos siglos de cultura liberal. Hay, de hecho, valores que, depurados y corregidos,   aunque surgidos fuera de la Iglesia, pueden encontrar su lugar, en la visión del mundo. Esto ya está hecho “(con el Concilio Vaticano II.)
Desde  los primeros días de su pontificado, Roncalli alteró como nunca antes había sucedido, la vida tradicional del Vaticano. Con sus bromas se convirtió en el protagonista de las crónicas y  estrella de la primera plana de los periódicos del mundo. Los medios de  comunicación  habían encontrado un pastor festivo  de acuerdo con lo que necesitaban, ya que solía bromear sobre lo más serio y sagrado. La actitud de confianza en el mundo y en nuestras propias fuerzas, se reflejaba en el “optimismo” de Roncalli, lo cual apuntaba a  un pensamiento de raigambrepelagiana, como fue advertido  en el mundo católico y expresado por algunos escritores de renombre.
Alguien en el Vaticano había llamado Juan XXIII  el Hermes Zacconi (actor de fin del siglo que pasaba fácilemnte del drama a la comedia) de la Iglesia moderna, por su innata  habilidad para presentarse en las más variadas caracterizaciones. Roncalli, de hecho, tenía dos caras que dominaba perfectamente. Una para todos y para la oficialidad, amable y simple, y la otra, la que importaba tremendamente,  fuerte y decidida, tenaz y definitiva. Quien estaba a un metro de distancia,  podía captar,  debajo  de la máscara y de  la sonrisa bondadosa para todos, un destello de su verdadera faz. En una boutade,  durante una conversación, un gesto de sus manos …  revelaba su carácter que sabía ser duro en ocasiones, llegando casi a afflorar la crueldad “. he aquí un ejemplo desconocido a la mayoría de la gente:  [Juan XXIII] incitado por sus asesores se negó a dar  la bendición apostólica al pobre Padre Pío con motivo de su cincuenta aniversario sacerdotal, en agosto de 1960,  y no le permitió impartir la bendición papal  a los fieles  que acudieron a San Giovanni Rotondo. El  anticomunismo del capuchino de los estigmas era bien conocido en el Vaticano, y la “Casa ‘Sollievo della Sofferenza’  gran hospital realizado con las ofertas de todo el mundo, suscitaba la codicia de muchos  ambiciosos.. (“Nichita Roncalli,” pg. 180)
Política procomunista de Juan XXIII
Para recordar  la política de Roncalli  veamos el testimonio deFranco Bellegrandi en su “NichitaRoncalli.”
Después de la promulgación de  la ” Pacem in Terris ”  de la visita  de Ajubei al Vaticano y de las elecciones italianas de 28 de abril 1963  en la que se vio a los comunistas ganar un millón de votos respecto de elecciones de hacía cinco años, el Papa Juan recibió a un  cierto John McCone, que llegó a Roma en avión desde los Estados Unidos unos días antes. La audiencia fue registrada  en el diario oficial de la Santa Sede, pero ninguno de los observadores vaticanos, entonces, le dio importancia. Algún tiempo después se supo en el círculo estrecho de la Casa Pontificia, quién era aquel personaje, descubriéndose que era un jefe de departamento de la  “información secreta” de los Estados Unidos, un alto funcionario de la CIA. Cuando supe la identificación del   misterioso americano, otro pequeño espacio vacío en el vasto y multifacético rompecabezas de lo  relativo a  Juan XXIII escrito en  mis apuntes personales, finalmente conseguí  encajar la pieza final. De hecho, justo en el comienzo de mayo de 1963, si no recuerdo mal, al final de una audiencia papal, cuando me encontraba en el lateral de la basílica, junto al cardenal Tisserant que formaba grupo con los Cardenales  Spellman y McIntyre, oí cómo  Spellman  expresaba al Arzobispo de Los Angeles su preocupación por una misión urgente que el Papa le había encomendado llevar a cabo en la Casa Blanca “because after receiving that personality, the pope have had the impression to be controlled by american cops and he absolutely did not tolerate…”.
“Ahora el hecho adquiría significado. Así a la luz de lo que se supo entonces,  asumían una dimensión precisa los fragmentos  de la conversación habida entre  entre el Papa y el Arzobispo Capovilla, que me hicieron reflexionar largamente. El Papa hablaba deKhrushchev. “Es necesario querer y ayudar a ese hombre” dijo, “porque quizás la conjuncion que tanto tiempo hemos esperado entre el cristianismo y el comunismo … Jesucristo, también, a su manera, era un comunista amable y bueno … que fue víctima del imperialismo romano … cuántas similitudes con el presente… sí, tenemos que orar al Señor por Khruschev … tenemos que acercarnos lo más posible .. tanto a él como a la Rusia soviética .. ¿quién será el protagonista del mundo  futuro… “. Ese día, apenas terminado el servicio, después de que el Chrysler negro me llevara a casa, escribí en mi libreta, como era mi costumbre, las palabras de Juan XXIII que me abrían un horizonte que en aquella época todavía no comprendía totalmente, pero cuyos contornos se fueron identificando poco a poco en medio de un creciente asombro. Unas semanas después de aquel  miércoles, Luciano Casimirri, director de la Oficina de Prensa del Vaticano, conoció la intención del Papa de invitar al Vaticano al periodista ruso Ajubei yerno deKhrushchev. Inmediatamente relacioné la noticia de la víspera con las palabras de Juan XXIII, en la audiencia general de los miércoles . Pasaron los días  uno tras otro, y después, la noticia de la recepción de Ajubei yerno de Kruschev  fue dada a conocer  oficialmente y el yerno de Khruschev  fue recibido por el Papa. En aquellos días, en uno de esos pequeños discursos habituales  del domingo, Juan XXIII dijo al pueblo agrupado a la espera de la bendición  en la  Plaza de San Pedro:
“… amad a  Khrushchev, Dios lo ama …” a eso respondió el delirio de los comunistas italianos. ¿Se daba cuenta Juan XXIII  cómo fueron instrumentalizados por el PCI tanto su su obra como su persona? Desde luego que sí. Durante largo tiempo  su política contribuyó cuidadosamente a la entrada del comunismo  en Italia, y en general, a la entrada de la izquierda en el mundo occidental. De hecho, parece claro que todas sus acciones, cada palabra, cada gesto, fueron calculados por Roncalli  con una  sincronización absoluta,  justamente para que fuese instrumentalizado  casi hasta  sus más extremas consecuencias , por los comunistas. Al final de su pontificado, probablemente Roncalli tuvo unos momentos críticos de arrepentimientopor su política revolucionaria y pro-comunista …
“Analizando brevemente  los hechos  de los años en que se centra el papado revolucionario de Juan XXIII, parece que la historia se citó con Roncalli, allanando el camino, en el gran  juego político internacional, para la realización de su programa. En los Estados Unidos, el presidenteKennedy no había encontrado objeciones en el programa que sus “cabezas de huevo” habían preparado para Italia. No les  parecía bien, que Italia, liberada del fascismo a costa de sangre de América, continuase siendo gobernada  por un partido, el Demócrata Cristiano de aquellos tiempos, que se caracteriza por un fuerte componenete de centro-derecha firmemente anclado en el conservadurismo Vaticano. Y habían sugerido al presidente joven y entusiasta, la exportación, a Italia, de la fórmula centrosinistra que, según sus cálculos, habría abierto el camino para el advenimiento al poder de ese país del comunismo. La fórmula, estudiada en todos los detalles posibles por los expertos de la Casa Blanca, fue expedida bien empaquetada a Italia. Y cayó, como el queso de los macarrones, justo en el momento más oportuno en el que, de hecho, Juan XXIII empezó a “abrirse ” al marxismo, y las palabras “distensión” y “diálogo” parecían indispensables fórmulas mágicas  para resolver todos los conflictos y todos los problemas con el Este comunista.
La Democracia Cristiana italiana, detentadora del poder en la conclusión del período fascista transcurrido hasta entonces, oliendo las nuevas direcciones del viento, a través del Atlántico y del otro lado del Tíber, y sobre todo preocupada- como es la norma de todos los partidos políticos en casi todos los”democracias aproximativas” que hacen las delicias  del hombre moderno-  por mantener a toda costa su hegemonía, lanzó aquella formula simplemente inconcebible en la  Italia de ese momento. El Vaticano había elegido a Amintore Fanfani,como el político más adecuado, según él, para llevar a cabo la “apertura” a  sinistra. Esa decisión fue el resultado de una hábil y  astuta persuasión ejercida por algunos”astutos monseñores“,  de  Loris Capovilla y  de los “nuncios” laicos del “visionario”  alcalde de Florencia,La Pira.
“¿Por qué el hombre de nuestros días se olvida tan fácilmente? ¿Por qué el hombre de la calle no quiere releer  las colecciones de diarios? Cuántas mentiras podría saltar por los aires y cuántos políticos merecerían la calificación de falsarios. Recuerdo exactamente aquel tiempo en que se empezó a hablar del centro-izquierda, en todos los círculos  más atentos de la nación se consideraba simplemente una locura  la realización de tal eventualidad. Nos reíamos de todo ello. Pero detrás del escenario, lejos de la mirada pública, trabajaban para imponer la nueva fórmula. Los Estados Unidos ingenuamente había dado el “la”. El Vaticano  de Roncalli, como era obvio, apoyó la iniciativa política con todo su considerable peso. Comunistas y socialistas – estos últimos habían compartido el poder con  los democraticicristianos, convirtiéndose en las puntas de lanza del PCI apara gobernar-  se unieron con todas sus fuerzas en esa dirección.
Y los italianos una mañana se despertaron con el centro-izquierda gobernando. Fanfani fue el realizador  oficial de parte de la democracia cristiana, del histórico pensamiento, legando su nombre a la iniciativa política que llevaría a Italia a lacorrupción de nuestro tiempo. Y Capovilla maniobró  con él y con otra pequeña camarilla de  marxistas católicos italianos para sacar con forceps, el triste y mal nacido experimento de una Italia  que había sido capaz de aquél milagro económico que había dejado estupefacto al mundo. Y a partir de ese momento comenzó inexorablemente el crepúsculo , con un horizonte sombrío de  crisis económica,  huelgas y violencia. Como puede verse, ningún momento histórico había sido más propicio para la política revolucionaria de Roncalli. Ese momento histórico le puso a  Roncalli, en bandeja de plata, la oportunidad que tanto acariciaba para establecer finalmente  contactos directos y  relaciones amistosas con los representantes oficiales de los “Sin Dios
Una vez más, atención, los Estados Unidos : en las primeras etapas del deshielo  y del acercamiento entre el Vaticano y el mundo soviético, jugó un papel importante un periodista americanoNorman Cousins, editor del “Saturday Review”, amigo personal de John Kennedy. La misión mediadora de Cousins  comenzó  en Andover, Maryland, en octubre de 1962, durante la crisis de Cuba.  La pequeña ciudad americana era el único lugar en el mundo donde los científicos de Estados Unidos y los científicos soviéticos estaban reunidos  para un congreso. Cousins,  habiendo recibido un mensaje de Kennedy, actuó como intermediario entre un sacerdote católico, el padre Félix Morlion, y los soviéticos Shumeiko y Feodorov, amigos Khrushchev. En el contacto entre el sacerdote  y los dos rusos  se produjo la chispa del  mensaje de paz deJuan XXIII, al cual mensaje  algunos atribuyeron el cambio repentino de ruta  de los barcos soviéticos que apuntaban a las Antillas con los misiles  listos para disparar. En este punto, Cousins ​​había entrado en el juego y voluntariamente siguió actuando como mediador entre elVaticano y la Unión Soviética.
Estamos en el Vaticano a principios de septiembre de 1962. Debiéndose entrar en contacto con Moscú, preguntaron a monseñor Dell’Acqua e Higinio Cardinale, quien con los Cardenales Cicognani, Bea, Koening, el Nuncio en Turquía  Lardone se contaban  entre los más estrechos  colaboradores de Juan XXIII en la política de distensión con el Este,  qué  iniciativa sería en su opinión  la que podría permitir a Khruschev  a establecer un diálogo. Los dos prelados, que estaban al tanto de las medidas adoptadas por el cardenal  Testa cerca de  Borovoi y Kotilarov en el Concilio, respondieron: La liberación del arzobispo Slipyi.” En 13 de diciembre de 1962  Norman Cusins hizo su entrada en el despacho de Kruschev en el Kremlin. Del informe que luego Cousins entregó  al Papa Juan, es posible reconstruir con detalle la reunión. La conversación se inició con  recuerdos familiares y pequeñas bromas. Entonces Khruschev  dijo: “El Papa y yo podemos tener diferentes puntos de vista sobre muchos temas, pero estamos concordes en el deseo de paz. Lo más importante es vivir y dejar vivir. Todos los pueblos quieren quiere y todos los países tienen el derecho a vivir. La ciencia  hoy día puede hacer un bien inmenso y un mal inmenso. “
“La entrevista se prolongó durante tres horas. Al final, sustancialmente  se fijaron cinco puntos:

“1) Rusia quiere la mediación del Papa y Khrushchev declara que no sólo se trata de una últil es útil  mediación en el último momento de una crisis, sino también de la  continua labor del papa en pro de la paz,
2) Khrushchev desea una  línea de comunicación a través de contactos privados con la Santa Sede
3) Khrushchev reconoce que la Iglesia respeta el principio de la separación entre Iglesia y Estado en los diferentes estados,
4) Kruschev reconoce que la Iglesia sirve a  los seres humanos en los valores sagrados de la vida y que no se preocupa sólo de los católicos,
5) Kruschev reconoció que el Papa tenía un gran coraje para actuar como lo hizo, sabiendo que el mismo Papa tiene problemas dentro de la Iglesia, como él mismo tiene problemas . dentro de la Unión Soviética “,
“Roncalli leyó  el documento y  de su propia puño escribió al margen:” (!) Leído  por Su Santidad  en la noche del22-23/XII/962“. Se podrían escribir volúmenes para comentar y cuestionar, los hechos contados, y una por una, las palabras pronunciadas por Khruschev en su encuentro con el periodista estadounidense. La subyugación total de la Iglesia del silencio en el estado comunista, aceptada y reconocida por el Vaticano, la invasión de Checoslovaquia por los ejércitos del Pacto de Varsovia, la persecución de los judíos, los disidentes encerrados en hospitales psiquiátricos y campamentos , hablan por sí mismos y gritan a Khruschev “¡Mentiroso!”. Desde el día de aquella reunión pasó un mes. El 25 de enero de 1963 a las 21 horas el embajador soviético en Italia, Kozyrev, entregó una nota a Fanfani de parte de Khrushchev con el ruego de comunicar el contenido al Vaticano. La nota decía que se había concedido libertad bajo fianza al arzobispo Slipyi. Pero  de la parte soviética  se pedían garantías: en especial la de que el prelado liberado no hiciera propaganda antisoviética. Cuando el obispo ucraniano reducido al fantasma de sí mismo por la detención inhumana en el campo de trabajo soviético, apareció en la estación de trenes de Roma, a la sombra,  quien le esperaba era el secretario de Roncalli, el marxista Loris Capovilla.
“Como sucedería años más tarde, el Primado de Hungría, el cardenal Mindszenty, fue traído a Roma con engaño para ser destituído por Montini, fiel al ultimátum de Kadar, ese obispo ucraniano heroico fue marginado en silencio. Después  vivió aislado en su pequeña comunidad en la Via Aurelia, a las puertas de Roma. En algunas habitaciones  de la universidad ucraniana de Piazza degli Zingari desconocido para la mayoría de la gente, en la que se conservan objetos vidrio y personales con los que el arzobispoSlipyi vivió y sufrió su prisión en Siberia.
“Nikita Khrushchev había lanzado el anzuelo. Era consciente de que el cebo  era  el fantasma de un hombre,  Slipyi. Roncalli se tragó el anzuelo. A través de esos “contactos privados” auspiciados por el ruso llegó al Kremlim la invitación del Papa para ir al Vaticano, a la hija del primer ministro soviético Rada y su esposo, el periodistaAlexei Ajubei, director de” Izvestia ‘.  Los más conservadores del Vaticano se levantaron  e hicieron saber al Papa su desaprobación.  El cardenal Ottaviani expresó, en un careo con el Papa, su propia desaprobación. Roncalli no escuchó  a nadie y continuó firme en su decisión. En marzo de ese año la pareja rusa detrás de la cual está la larga mano del Kremlin puso el pie en el Vaticano. El comunismo internacional exulta. Y el  PCI igual. Los dos invitados charlaron con el  Papa, en su biblioteca, sin estar presente en la entrevista ningún miembro del Colegio de Cardenales. Esta visita será el “modelo” para  otra, un par de años más tarde, cuando – ¡en el día de Corpus Christi! – Pablo VI le dará la bienvenida con los brazos abiertos al húngaro Kadar, y apretará entre las suyas las ensangrentadas manos del verdugo de Budapest. Durante unos días se desató una furiosa polémica  en el Vaticano.
“Finalmente la pesada mano del sacerdote de Sotto il Montegolpeó para reducir a los más valientes al silencio. El 20 de marzo 1963 Roncalli escribió: “La claridad absoluta de mi lenguaje, primero  públicamente y luego en mi biblioteca particular, merece ser reconocida y no silenciada artificialmente. Hay que decir que no hay necesidad de defender al Papa. Ya dije repetidamente a  Dell’Acqua y Samorè que se publicara  la nota redactada por el padre Kulic (el intérprete), único testigo de la audiencia concedida aRada y Alexei Ajubei . La primera parte no se refleja en esta nota y me desagrada “. Cuando un Papa escribe que una cosa “le desagrada”,  significa que le ha irritado terriblemente.
El 22 de noviembre de aquel  año, un francotirador en Dallas había puesto fin a la vida del presidente Kennedy. Fue sucedido por Lyndon Johnson que había tirado de las riendas bajando la velocidad del  galope de su predecesor, que corría vertiginosamente en el camino hacia una ilusoria y peligrosa nueva política mundial. Y, puntualmente, después de la visita de los familiares de Khrushchev a Roncalli, la “Pacem in Terris” y las elecciones italianas, la CIA  cruzará, como ha sido dicho, la Puerta de Bronce. Pero Juan XXIII  no se detiene. De hecho, el intento de EE.UU. de dar el mordisco, tal que el caballo que que ha mordido la mano,  irrita a Roncalli y le hace dar velocidad en su carrera. Ahora quiere recibir también a  Nikita Khrushchev. La reunión se preparó con una serie de contactos cubiertos por el secreto diplomático y con la más estricta reserva del  Vaticano. Los dos,  hijos  ambos de  agricultores deberán estrecharse las manos un día memorable de aquel verano de 1963. Una vez más, una agencia de prensa alemana capta los rumores , y lanza al mundo la noticia que suscita amplias reacciones  no siempre positivas. El diario romano “Il Tempo” escribirá  a este propósito el 20 de marzo 1963 que “… en los círculos del Vaticano algunos se preguntan con cierto asombro que quiere decir el término” coexistencia táctica” con la que el agencia alemana define el propósito de la reunión entre Juan XXIII y Nikita Khrushchev. Pero hay que señalar que no  es posible ninguna “táctica común”  entre el Vaticano y Rusia, sino que “la convivencia no es ni táctica ni estratégica, sino simple reconocimiento de la existencia mutua que puede o no ir acompañada de  contactos entre las partes.
‘ Y,  siguiendo con el mismo tema, la revista jesuita, “América”  escribiría que no hay ningún obstáculo, en principio, para el establecimiento de relaciones entre el Vaticano y los soviéticos: “El Papa y sus asesores consideran, por el contrario, agudamente la necesidad de la Iglesia universal, y los problemas especiales de los países dominados por el comunismo “. Pero la muerte, acortó los plazos de Juan XXIII, en su carrera contra el tiempo y sus frenéticos programas. Aquella  visita memorable fue el no va más. También lo fue  para Nikita Khrushchev que desde entonces consideraba que Roncalli había sido un valioso instrumento  para la expansión, “pacífica” del comunismo en el mundo occidental. Tanto es así que en una entrevista con el periodista estadounidense Drew Pearsoninmediatamente después de la firma del acuerdo nuclear, el 29 de agosto 1963, publicada por el periódico de Dusseldorf, “Mittag”, el primer ministro soviético se expresó de esta manera  sobre Roncalli: “El difunto Papa Juan era un hombre de quien se podría decir: “Él había cogido el pulso de su  tiempo. Sin duda fue más sabio que su predecesor y comprendió la época en que vivimos “. Dicho por un jefe de Estado soviético ¡no es poca cosa!  Desde entonces  la exaltación revolucionaria tomó la antorcha de Roncalli. En el día de Jueves Santo, el 11 de abril de 1963, se publica su encíclica “Pacem in Terris“. La encíclica papal fue una fortuna para el PCI. En las recámaras oscuras donde  ya se conocían algunas de las más candentes  medidas  del documento, la leían de un tirón yexultaban de placer.
En el Kremlin sin dar  crédito a los propios ojos, se lee  el texto inmediatamente traducido y distribuido por los directivos de”asuntos religiosos “. Roncalli a partir de ese momento  es el papa de los comunistas. El Partido Comunista Italiano había impreso a sus expensas y distribuído millones de copias del Capítulo V de la encíclica, que se dirige por primera vez en la historia de estos documentos papales, no sólo al episcopado, el clero y los fieles de la Iglesia de Roma, sino también a “todos los hombres de buena voluntad.” La Carta Encíclica derribó el último bastión que separa el cristianismo del marxismo y marca históricamente, el comienzo de la mezcla confusa de las dos doctrinas, y el gran malentendido que socavará los cimientos de la Iglesia. La invitación al diálogo es explícita en los puntos en los que la encíclica dice “… que los que en algún momento de su vida  en que no hay claridad en la Fe, o  se adhieren a opiniones erróneas, pueden ser un día  iluminados y creer en la verdad. Las reuniones y los acuerdos en los diversos sectores del orden temporal entre los creyentes y los que no creen o no piensan  adecuadamente, adheridos al error, pueden ser  la ocasión de  descubrir  y honrar la verdad .
“Y el agudizamiento del peligro marxista vibra y se hiergue allí donde el documento de Juan explica con suave cordialidad que “… también hay que tener en cuenta que ni siquiera pueden identificarse las falsas enseñanzas filosóficas sobre la naturaleza, el origen y el destino del universo y del hombre, con los movimientos históricos con miras  económicas, sociales, culturales y políticas, incluso cuando estos movimientos tengan su origen en aquellas doctrinas y de ellas extraen su  inspiración. Dado que  las enseñanzas, una vez desarrolladas y definidas, siguen siendo siempre las mismas;  mientras que los dichos movimientos, se ocupan de  situaciones históricas en constante evolución,  ellos no dejan inevitablemente de sufrir sus influencias y por lo tanto no pueden dejar de estar sujetos a cambios profundos “. Sin dejar de reconocer el valor del marxismo en la medida en que ayuda a resolver los problemas de la humanidad, Roncalli expresa inmediatamente después, donde escribe: “Además, ¿quién puede negar que esos movimientos, en la medida en que se ajusten a los dictados de la razón  son intérpretes de las justas aspiraciones de la persona humana, sean positivos y merecedores de aprobación “De ello se desprende, de inmediato, la explícita invitación a la reunión, el diálogo, a  la aceptación:” Por tanto, puede suceder que un enfoque o una reunión de orden práctico,  que ayer no se consideraba  apropiada o  fructífera,  hoy lo  sea , o pueda llegar a serlo  mañana. “
En aquel tiempo, un sacerdote de la parroquia escribía a  la revista “Settimana del Clero”: “… los comunistas  se juntan en sus llamamientos y repiten con gran alegría: “Vean ustedes , el Papa está con nosotros. Lo dijo en su última encíclica. ¿Es que no sabéis que ha recibido al yerno y a la hija de Khrushchev y que hay paz  entre el cristianismo y el comunismo? .. Votad por nosotros que respetaremos vuestros sentimientos “. A la salida  de las iglesias, los activistas comunistas, condescendientes, distribuían un folleto de este tenor:
“Católicos y comunistas: Ustedes pueden reencontrarse. Algo de gran importancia está madurando en estos tiempos en  la cabeza de la Iglesia Católica. En numerosos discursos, y en especial con ocasión del Concilio Ecuménico, el Papa Juan XXIII hizo hincapié en los siguientes elementos:
1) la necesidad de un compromiso grande y sincero de todos para preservar la paz, para establecer un clima de convivencia y entendimiento mutuo entre todos los pueblos sin distinción de religión, tendencias ideológicas, estado social, y
2) la necesidad de abandonar la vieja cruzada anticomunista, para superar la era de las excomuniones con la búsqueda del diálogo ” en la misericordia en lugar de la  severidad” (como justamente ha dicho el Papa) que es el camino de la humanidad para alejar de nuestras cabezas  la amenaza de una catástrofe nuclear, y
3) la orientación de no participar  en la Iglesia directamente  en la competición política, a diferencia de lo que ocurrió en el pasado, cuando el Clero  y la Acción Católica llegaron a identificar la religión con una de las partes y también se utilizó el púlpito para pedir el voto de la democracia cristiana.
Ajubei con el Papa
El nuevo espíritu que anima a la Iglesia ha tenido confirmación en la cordial simpatía con la que en los últimos días, en el Vaticano, el Papa recibió a uno de los máximos dirigentes de la URSS, Alexei Ajubei. Aunque desde diferentes posiciones ideológicas,  católicos y comunistas pueden y deben unirse para evitar la amenaza de una guerra nuclear, para establecer un nuevo clima de distensión y progreso … La realidad de hoy en día, a su vez, es que la Iglesia con los hechos , demuestra que los tiempos cambian y que ahora más que nunca es posible superar lo antiguo para  renovar el país con una sociedad democrática y socialista. Camina con lo
“La trampa del “ comunismo clerical “estaba, ahora, armada y presta bajo la batuta de los “ comunistas de sacristía “, siempre dispuestos con el  diálogo a tejer, en constante búsqueda,  la colaboración con los marxistas, empujados por el complejo de inferioridad respecto de  los “laicistas abiertos”, a encerrar a  democristianos  y católicos en el círculo vicioso de “frentismo”. Sólo por mencionar uno de miles de ejemplos que prepararon el clima de “comunismo clerical ” en Vicenza, los jóvenes comunistas colocaron carteles con el siguiente contenido:
“Las barreras del miedo y la desconfianza empiezan a caer. El alcalde católico de Florencia (La Pira) acoge con satisfacción al alcalde comunista de Moscú … En todo el mundo se desarollsn iniciativas para promover la causa de la distensión internacional … Juntos hoy.  Nosotros jóvenes comunistas y católicos debemos actuar en  interés de nuestro país y por la causa de la distensión internacional .., Frente a nosotros jóvenes comunistas y católicos se alza una gran responsabilidad … “.
“Y los dirigentes nacionales del PCI escribían, con la más viva  claridad:
Hay que entender que cuando nuestro partido habla de una entente  con los católicos, no lo hace para entrar en polémicas, por razones puramente partidistas, sino porque de esta entente tienen necesidad la clase obrera y el pueblo italiano, la causa de la paz, la democracia y el socialismo … a fin de que podamos seguir adelante con más fuerza y con mayor amplitud, nuestra acción unida. “
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p>“Uno de los más “duros”parlamentarios del PCI, Arturo Colombi, no dudó en tomar la pluma, para escribir una exaltación de la ACLI, el sindicato católico, con el cual se reunieron  los activistas  de la organización sindical unitaria (comunista) para organizar y dirigir la lucha …  “Estaban codo con codo en las asambleas, organizadas en los Oratorios y en las Cámaras de Trabajo, en los mítines … Ciertamente se han derribado muchos prejuicios de un lado y del otro, y que una nueva atmósfera de confianza y fraternidad ha nacido en medio del fuego del combate “. Para que la trampa a los católicos, en perfecta sintonía con la política de Juan XXIII, funcionara de la manera más efectiva y completa, el secretario del Partido Comunista, Togliatti salió on esta declaración: “Queremos subrayar la gran importancia ideal y práctica del reconocimiento explícito  hecho por  este Pontífice, de que la paz, el entendimiento y la cooperación entre los pueblos puede y debe lograrse incluso cuando partimos de posiciones diferentes y lejanas.” .La eliminación operada de esta manera de los viejaos y engorrosos  obstáculos para el logro de la paz y la amistad entre todos los hombres, fueun servicio inestimable a toda la humanidad y que todos deben reconocer agradecidos a la labor de este Pontífice iluminado “. Palabras cualificadas, dichas  con los tiempos calculados por el viejo zorro comunista pero  que también no dudó en escribir, revelando sus verdaderas creencias en su obra  “Momentos de la historia de Italia“, en relación con la cooperación entre el Estado laico y la Iglesia Católica, lo siguiente:
” Consciente del nuevo peligro real que amenaza a la sociedad capitalista, del peligro de la rebelión de las masas trabajadoras, la Iglesia católica, después de absorber una parte del método liberal, asimila una parte del método socialista y se coloca … en el terreno de la organización de las masas trabajadoras, de las  mutuas,  de la defensa económica,  del mejoramiento social … En este nuevo plano no sólo las relaciones entre el Estado y la Iglesia se configuran en nuevas formas, sino se definen la forma y funciones de la Iglesia y el papado como fuerzas luchando por la defensa del sistema capitalista, bien en la vanguardia, bien como reserva, o bien con una táctica, o con  otra, dependiendo de las circunstancias y de la situación particular internacional y de cada país,  ahora bajo  una faz democrática,  ahora  mostrando abiertamente su cara reaccionaria. Esto, hoy en día, es el verdadero poder temporal de los Papas “.
“Diecisiete días después de la promulgación de la encíclica aplaudida por los marxistas, se celebraron elecciones en Italia. La respuesta inequívoca a la “Pacem in Terris”, fue el aumento de un millón  de votos para el Partido Comunista, con respecto a las elecciones de hace cinco años. “
“La distensión llevada  a cabo con el Este, la audiencia de Ajubei en el Vaticano, la “Pacem in Terris” diecisiete días antes de las elecciones políticas en Italia: fueron tres golpes del formidable  martillo de la escalada  roncalliana que lanzaban la salva del  nuevo equilibrio político italiano  que repercutió en Europa, igual que un trueno  largo, fragoroso , presagia anticipadamente  la tormenta. ¿Cómo no pensar en un programa preciso ensayado y acordado  en sus más pequeños detalles? Ese primer resultado, un millón de votos “regalados” con una hermosa bendición a los representantes oficiales de ateísmo, junto con la encíclica  serían la llave para abrir la puerta de la ciudadela cristiana   inviolable a la penetración  de los impíos, habrá abierto los ojos a los que todavía se engañan a sí mismos. A aquellos que todavía se niegan a pensar y creer en un programa de subversión gradual y rápido. Hecho a golpes de mano. Diferentes unos de otros. Sin embargo, todos dirigidos hacia el mismo objetivo. La transformación de la Iglesia en un organismo esencialmente sociológico, de acuerdo con las teorías sociológicas y antropológicas más avanzados de la actualidad. Cuando se supo el resultado de esas elecciones, una multitud de gente vociferante ondeando banderas rojas invadió la Plaza de San Pedro victoreando a Juan XXIII. Se había pasado una   página de la historia  con gran estruendo como un gélido vendaval . Los guardias suizos miraban, inmóviles, como desde hace siglos, la fachada del Vaticano, mientras que la columnata de piedra de Bernini acogía el ronco  clamor de la multitud. Pero esa noche el significado de su servicio fue repentinamente cancelado. Detrás de sus alabardas, en realidad, la antigua Iglesia y la Tradición habían ya no existían.  Desde  aquella tarde habían abandonado para siempre, como  huéspedes mal recibidos, sus habitaciones en el pequeño estado.
Alrededor de nueve meses antes de estos acontecimientos, el Papa había sido atacado por el mal que le llevaría a la tumba. El jefe médico y los médicos que lo asisten, a una pregunta precisa de Roncalli habían respondido que sólo le quedaba, más o menos, un año de vida.
El anuncio de la muerte sorprende a Juan XXIII. El hecho es que ya algunos meses después de ese anuncio, el  muy extrovertido Papa se vuelve para aquellos que viven y trabajan cerca de él, más silencioso, a veces  como perdido en sus pensamientos. Los acontecimientos inmediatos puestos  en marcha por su voluntad revolucionaria, se precipitan en su entorno. La fuerza desatada por su política , por el sólo poder de la inercia, se acelera cada vez más, lo que interfiere con los programas, y transtorna  los trazos  de  la política europea establecida desde hacía más de treinta años  después de la guerra, con un diseño paciente y a veces atormentado. La cuenta atrás que día tras día le aproxima al último viaje hace  que Roncalli despierte del sueño de toda su vida y la realidad surgida de sus manos de agricultor  y de inflexible renovador, ahora le hace temblar y quizás le deja helado. Alguien  de los que le rodean me dijo que el Papa, a veces lloraba  en secreto. Y que  se volvió taciturnoo. Pero ahora Roncalli , como dice el refrán oriental, está a caballo de un tigre, que, contra su voluntad, lo arrastra hacia adelante, sordo a sus posibles quejas. En los últimos meses de vida, el mal  le agarra la garganta. Todos nos dábamos cuenta a su alrededor. Está ausente. Deshecho. . Sin embargo, los comunistas continuaban  utilizando al Papa convertido ya en un títere,  en sus manos.
“El últimao ” trago amargo”del sacerdote de Sotto il Monte que tendrá que beber en nombre del marxismo italiano e internacional sólo veinte cinco días antes de su muerte, es aquella torva invención de la propaganda de la izquierda, el Premio Balzan de la paz. Roncalli ahora no quiere saber nada. Trata de rechazarlo con el pretexto, por otra parte totalmente verdadero,  de su enfermedad que le ha llevado hasta  el umbral de la muerte. Pero todo el aparato creado y amado por él, que se respira  en su entorno, perfectamente pensado y sincronizado, todo el  aparato que sirve comunismo internacional, la masonería, el progresismo, y que ya tiene  listo en su manga, el nuevo papa,  Montini, le hace violencia con la sonrisa en los labios. Le sacan literalmente de la cama. Vestido con vestiduras papales, llevado a brazos a la Capilla Sixtina, porque hacerlo bajar  por sí mismo a San Pedro, en esas condiciones, sería matarlo.
“Aquella mañana, viernes, 10 de mayo,  fue intimidado por el servicio y acompañado cual condenado,   esta era mi precisa impresión, por la Guardia Noble y todo el fastuoso séquito de la Corte. Estaba pálido y desencajado  por el mal. Miraba al  vacío. Una vez sentado en el trono, tembló con un largo escalofrío. Pero había otros alrededor de ese trono, que sonreían por él. Estaban  los representantes de aquél premio  con el dinero de los muertos tras la cortina roja,  en 1945, estaba  el  tétrico  Monseñor Capovilla, con sus dientes brillando bajo de sus anteojos  fúnebres, que  sonreía a  los fotógrafos en el lugar del Papa . Que cuando regresó a su habitación ya no quiso ver a nadie más. Fuera de la habitación del lecho, que en pocos días sería visitado por el Ángel de la muerte, un mar de papel impreso sumergiría el mundo, publicando a los cuatro vientos  el evento.  Una vez más, la última, Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII, el Papa de los comunistas, había sido  un instrumento valioso y poderoso  en manos de expertos  titiriteros marxistas.
“Sin duda, a punto de morir, Roncalli tuvo un arrepentimiento ... Antes de tomar su último aliento, susurraba palabra tras palabra profesando su  fe en la religión católica, y tuvo la fuerza y la lucidez  para dar su versión, dramática, en el momento de su muerte con estas palabras: “Muero sacrificado como el Cordero.” Ninguno de sus predecesores, en su lecho de muerte, había tenido a bien expresar en voz alta  la profesión de fe, cosa singular al menos en un pontífice, cabeza de la Iglesia Católica y Vicario de Cristo en la tierra. Y luego, aquello de que  “muero sacrificado como el Cordero.” ¿A qué se refería el moribundo Roncalli? La respuesta estaba fuera, en el PCI que esperaba su  muerte con las fauces abiertas. Agarró la presa  con avidez  famélica y la hizo suya. En Sicilia, donde discurría la campaña  para las  “regionales”, se ordenó la suspensión de los comicios de los partidos como señal del “duelo”;  en las fábricas,  las comisiones internas  decretaron la parada del trabajo durante unos minutos, para recordar al Papa Juan XXIII; en Livorno los obreros fueron llevados en grupo al puerto marítimo para que vieran que un carguero soviético  allí amarrado  había alzado la bandera roja a media asta por la muerte del Papa; en Génova y en otras grandes ciudades, los trabajadores, los militantes comunistas iban de casa en casa para distribuir volantes y fotocopias en las que se decía  que “la inmensa obra por  la paz de Juan XXIII corría un gran peligros por el empuje del capitalismo hacia la guerra”, y destacando que la labor del Papa no fue fácil porque “no se salvó de ataques más o menos velados, incluso de  ..  la jerarquía eclesiástica, que se oponían  a la distensión, porque  iría en contra de su política ideológica. ” “Ni siquiera por la muerte de Joseph Stalin las rotativas del PCI funcionaron tanto  como por la de Juan XXIII. Había llegado la hora de  de hacer el “milagro”. Ahora  funcionaban día y noche para construir, toneladas tras  tonelada de papel impreso,  elmito de Angelo Giuseppe Roncalli, el Papa de los marxistas. A toda prisa, el Vaticano dio comienzo al proceso de beatificación del Papa recién fallecido “He aquí el Papa de los marxistas y los masones”.
Conclusión para gente de poca memoria:

” Hablando de la peligrosidad  de las ideas e iniciativas de Juan XXIII, el más famoso vaticanista italiano, el conde Fabrizio Romano Sarazani, sobre el pontificado de Juan XXIII y sus consecuencias, dice: “… la huella dejada por Roncalli en la historia de la humanidad es muy superior a la dejada por Lenin y Stalin. De hecho, si aquellos han eliminado unos cuantos  millones de vidas, Juan XXIII ha liquidado dos mil años de Iglesia Católica. “

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