27 de jul. de 2014

Juan Pablo II (hereje manifiesto que decia ser Papa entre 1978-2005)

Juan Pablo II (hereje manifiesto que decia ser Papa entre 1978-2005)



 
Papa Inocencio III, Eius exemplo, 18 de diciembre de 1208:
“Creemos de todo corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, no la de los herejes, sino la Santa Iglesia, Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse”. (Denz. 423)

San Francisco de Sales (siglo XVII), Doctor de la Iglesia, The Catholic Controversy [La Controversia Católica],edición inglesa, pp. 305-306: Ahora bien, cuando él [el Papa] es explícitamente un hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia…”.

San Roberto Belarmino (1610), Doctor de la Iglesia: “Un Papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”.

San Roberto Belarmino: "Este principio es de lo más cierto. El que no es cristiano no puede de ninguna manera ser Papa, como Cayetano lo dijo (ib. c. 26). La razón de esto es que alguien no puede ser cabeza de lo que no es miembro. Ahora bien, el que no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y el que se manifieste hereje no es un cristiano, como claramente lo enseñan San Cipriano (lib. 4, epíst. 2), San Atanasio (Cont. arria.), San Agustín (lib. De great. Christ.), San Jerónimo (contra Lucifer), entre otros; por lo tanto, el hereje manifiesto [fuero externo, público, etc.] no puede ser Papa".

San Alfonso de Ligorio (1787), Doctor de la Iglesia: "Si alguna vez un Papa, como persona privada, cayera en herejía, él perdería inmediatamente el pontificado"

San Antonino (1459): “En el caso en que el Papa se convirtiera en un hereje, se encontraría, por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia.  Una cabeza separada de un cuerpo no puede, siempre y cuando se mantenga separado, ser cabeza de la misma entidad de la que fue cortada.  Por lo tanto, un Papa que se separare de la Iglesia por la herejía por ese mismo hecho dejaría de ser la cabeza de la Iglesia. No puede ser un hereje y seguir permaneciendo Papa, porque, desde que está fuera de la Iglesia, no puede poseer las llaves de la Iglesia”. (Summa Theologica, citado en Actes de Vatican I. V. Frond pub.)

El Papa Pablo IV publicó una Bula Papal declarando solemnemente que la elección de un hereje como Papa es nula e inválida - Leer bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de feb. de 1559


Contendio del artículo:

















































16.  Las herejías de Juan Pablo II, el hombre que más viajó en la historia y quizás el más herético

Palabras del maestro judío Gilbert Levine a Larry King de CNN sobre Juan Pablo II:
“KING: ¿El Papa lo felicitó por el bar mitzvahs de sus hijos?
”LEVINE: No solo nos felicitó, él nos envió una menorah.
”KING: ¿Él le envió una menorah?
”LEVINE: En realidad él no la envió, sino que nos la dio. En realidad nos dio una menorah. Creo que es del siglo XVI de Praga. Es la más hermosa menorah. Él nos enviaba una carta por ocasión del bar mitzvah de cada uno de nuestros hijos. También le ordenó al cardenal a cargo de las relaciones católicos/judíos que nos enviara una carta que fue leída en mi sinagoga ortodoxa por ocasión del bar mitzvahs más reciente de mi hijo. Y el rabino la leyó como si viniera de un rabino”[1].

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Karol Wojtyla (Juan Pablo II) reclamó
ser Papa entre 1978-2005
LAS HEREJÍAS DE JUAN PABLO II

Juan Pablo II ensenó la salvación universal, esto es, que todos los hombres se salvan

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La única dificultad en la discusión de las herejías de Juan Pablo II es decidirse por dónde empezar.  Sus herejías son tan numerosas que uno se queda casi abrumado al decidir por dónde partir.  Un buen punto de inicio es con su constante enseñanza sobre la salvación universal.  La idea de que todos los hombres se salvan es contraria a las claras palabras del Evangelio y a numerosos dogmas católicos, especialmente a los referentes a los dogmas de fuera de la Iglesia católica no hay salvación y que todos los que mueren en pecado original o mortal no se pueden salvar.

Papa Gregorio X, Segundo Concilio de Lyon, ex cathedra:
“Las almas de aquellos que mueren en pecado mortal o con solo el original, descienden inmediatamente al infierno, para ser castigados, aunque con penas desiguales”[2].

Sin embargo, Juan Pablo II sostuvo y enseñó que en la Encarnación, el Hijo de Dios se unió con cada hombre en una unión inquebrantable, lo que hace imposible, según él, que alguien vaya al infierno.  Juan Pablo II enseñó explícitamente que esta unión entre Cristo y cada hombre dura eternamente.

Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 13, 4 de marzo de 1979:
“Se trata de «cada» hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este ministerio”[3].

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 4, 7 de diciembre de 1990:
“En el hecho de la Redención está la salvación de todos, ‘porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio’”[4].

Juan Pablo II, Centecimus annus, # 53, 1991:
“No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio[5].

Nótese la palabra “para siempre” en las tres citas. Sí, en tres diferentes encíclicas, Juan Pablo II afirma sin rodeos que cada hombre se une con Cristo para siempre. Esto significa que todos los hombres se salvan. El infierno es la separación eterna de Dios, pero nadie se separa nunca de Dios según Juan Pablo II. Todos están unidos con Dios para siempre. Esto es la salvación universal.
Hay muchas otras citas que se podrían presentar para demostrar que Juan Pablo II enseñó que todos los hombres se salvan. Por ejemplo, en 1985, Juan Pablo II explicó cómo la sangre redentora de Cristo no está sólo disponible para todos (lo que es cierto), sino que en realidad llega a todos y salva a todos.

Juan Pablo II, Homilía, 6 de junio de 1985:
“La eucaristía es el sacramento de la alianza del cuerpo y sangre de Cristo, de la alianza que es eterna. Esta es la alianza que incluye a todos. Esta sangre llega a todos y a todos salva[6].

En contraste a esto, la enseñanza dogmática de la Iglesia Católica afirma que la sangre de Cristo no llega ni salva a todos.

Papa Paulo III, Concilio de Trento, sesión 6, ex cathedra: “Mas, aun cuando Él murió por todos [2 Cor. 5, 15], no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión[7].

Sólo aquellos que son liberados del pecado original por el bautismo, y unidos a Él por los sacramentos y la verdadera fe, reciben los beneficios de la muerte de Cristo.

Juan Pablo II, Homilía, 27 de abril de 1980:
“… Jesús nos hace, en sí mismo, una vez más hijos de su Padre eterno. Él obtiene, de una vez por todas, la salvación del hombre: de cada hombre y de todos…”[8].

Juan Pablo II, Audiencia general, 27 de diciembre de 1978:
“Jesús es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad hecho hombre, y por lo tanto, en Jesús, la naturaleza humana y la humanidad toda es redimida, salvada, ennoblecida en la medida de la participación en la ‘vida divina’ por medio de la gracia[9].

Aquí Juan Pablo II explica que toda la humanidad ha sido salvada y participa de la vida divina. La frase “participación en la vida divina” se refiere al estado de justificación o estado de gracia santificante. Al decir que toda la humanidad participa en la vida divina, ¡Juan Pablo II está diciendo que toda la humanidad está en estado de gracia! Esto significa que nadie está en pecado mortal o pecado original.

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Con una doctrina como esta, ¿quién no sería amado por el mundo? Juan Pablo II apeló a y fue amado por las masas, porque él aceptaba la religión de todos y enseñaba que todo el mundo estaba unido con Cristo sin importar en que creyera o hiciera. Este es el indiferentismo religioso que caracterizó su antipontificado.

Juan Pablo II enseñó que el Espíritu Santo es el responsable de las religiones no cristianas

Además de su increíble doctrina de la salvación y justificación universal, hay muchas otras herejías de Juan Pablo II que debemos examinar. De particular importancia es su enseñanza sobre la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo. Lo que Juan Pablo II enseñó sobre el Espíritu Santo es tan  blasfemo y herético que podría decirse que es su peor herejía.

Juan Pablo II, Redemptor hominis, # 6, 4 de marzo de 1979:
“¿No sucede quizá a veces que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas, —creencia que es efecto también del Espíritu de verdad, que actúa más allá de los confines visibles del Cuerpo Místico…”[10].

Juan Pablo II dice que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas procede del Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad. Sabemos por la Sagrada Escritura y la enseñanza católica que Satanás es el autor de todas las religiones no cristianas, lo que declara aquí Juan Pablo II es que el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, en realidad es el espíritu de las mentiras: Satanás. Ésta es una increíble blasfemia contra Dios.

La Escritura y la Tradición nos enseñan que las religiones no cristianas pertenecen al diablo, y que los “dioses” que ellos adoran en realidad son demonios.

Salmos, 95, 5: “Todos los dioses de los gentiles son demonios…”.

1 Corintios, 10, 20: “Antes bien, digo que lo que sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios”.

Puesto que Juan Pablo II enseñó que la creencia de esas religiones es el resultado del Espíritu de Verdad, esa es la razón de que él repetidamente elogiara, promoviera y incluso rezara con los miembros y líderes de las religiones no cristianas.

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Juan Pablo II con animista africano (brujo), trataremos más sobre esto más adelante

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 29, 7 de diciembre de 1990: “La relación de la Iglesia con las demás religiones está guiada por un doble respeto: ‘Respeto por el hombre en su búsqueda de respuesta a las preguntas más profundas de la vida, y respeto por la acción del Espíritu en el hombre’”[11].

Aquí Juan Pablo II dice que el respeto por las religiones no cristianas está dictado por el respeto de la acción del Espíritu en el hombre. Esto significa claramente que el Espíritu es el responsable de esas religiones no cristianas, lo que significa, una vez más, que el Espíritu Santo es comprendido como el espíritu de la mentira: Satanás.

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 56, 7 de diciembre de 1990:
“Las otras religiones constituyen un desafío positivo para la Iglesia de hoy; en efecto, la estimulan tanto a descubrir y a conocer los signos de la presencia de Cristo y de la acción del Espíritu[12].

Juan Pablo II afirma que las otras religiones nos estimulan a descubrir la presencia y la acción del Espíritu. Esto significa que las religiones no cristianas son obra del Espíritu – el Espíritu Santo – lo que es igualar una vez más el Espíritu de verdad con el espíritu de mentira: Satanás.

Juan Pablo II enseñó y practicó por completo el indiferentismo religioso

Papa Pío IX, Qui pluribus, # 15, 9 de noviembre de 1846:
“Tal es el sistema perverso y opuesto a la luz natural de la razón que propugna la indiferencia en materia de religión, con el cual estos inveterados enemigos de la Religión, quitando todo discrimen entre la virtud y el vicio, entre la verdad y el error, entre la honestidad y vileza, aseguran que en cualquier religión se puede conseguir la salvación eterna, como si alguna vez pudieran entrar en consorcio la justicia con la iniquidad, la luz con las tinieblas, Cristo con Belial[13].

El indiferentismo religioso de Juan Pablo II fue tal vez la característica más común de sus volúmenes de escritos y discursos. Él estimaba y elogiaba constantemente a las religiones no cristianas, negando de esta manera a la Santísima Trinidad y la necesidad en la creencia en la única verdadera religión católica, mientras que se burla de la muerte de los mártires.

Juan Pablo II, Discurso en el aeropuerto en Korea, 3 de mayo de 1984: “Vuestro orgulloso y tenaz pueblo,… que ha producido estupendos frutos en el arte, la religión y la vida humana. Vuestros antepasados abrazaron esos abrumadores mundos espirituales como el confucionismo y el budismo, haciéndolos, a pesar de todo, verdaderamente vuestros, intensificándolos, viviéndolos e incluso trasmitiéndolos a otros. Wonhyo y Sosan… expresan elocuentemente esta hazaña[14].

La palabra “hazaña” significa un acto extraordinario. De manera que Juan Pablo II dice que las falsas religiones del budismo y el confucionismo son frutos espléndidos de la religión, y que fue un acto extraordinario que los coreanos trasmitieran a los demás esas religiones de Satanás.

Papa Gregorio XVI, Probe nostis, # 6, 18 de septiembre de 1840: “Estamos agradecidos por el éxito de las misiones apostólicas en América, las Indias y en otras tierras de infieles… Ellos buscan a los que habitan en las tinieblas y en la sombra de la muerte para convocarlos a la luz y la vida de la religión católica… A fin de arrebatarlos del dominio del Demonio, por el baño de la regeneración y llevarlos a la libertad de los hijos adoptivos de Dios”[15].

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Juan Pablo II en el templo budista

En su segundo viaje a Asia en 1984, Juan Pablo II visitó el templo budista. Antes de llegar al templo él expresó lo ansioso que estaba con reunirse con “su santidad el patriarca budista supremo en el templo”. Pocos días antes de ir al templo budista, Juan Pablo II dijo también:

Juan Pablo II, 6 de mayo de 1984: “… el mundo mira a Corea con especial interés puesto que el pueblo coreano, ha buscado, a lo largo de la historia, en la gran visión ética y religiosa del budismo y el confucionismo, el camino de la auto renovación… ¿Podré dirigir un particular saludo a los miembros de la tradición budista puesto que se preparan para celebrar la festividad de la Venida del Señor Buda? Que vuestra alegría sea completa y vuestro gozo cumplido”[16].

Juan Pablo II fue luego al templo de la idolatría y se inclinó ante el patriarca budista que estaba de pie delante de la gigantesca estatua de Buda. Esto constituye un acto de apostasía.

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Juan Pablo II en el templo budista

Juan Pablo II, Audiencia general, 11 de enero de 1995:
“Me complace en esta ocasión asegurar a quienes practican la religión budista mi profundo respeto y sincera estima”[17].

Papa León XIII, 8 de diciembre de 1892:
“Todos deben evitar la familiaridad o amistad con cualquiera que sea sospechoso de pertenecer a la masonería o a grupos afiliados. Conocedlos por sus frutos y evitadlos. Debe evitarse toda familiaridad, no sólo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones…”[18].

Juan Pablo II, Homilía, 12 de abril de 1997:
“… la Iglesia, que sólo busca poder predicar libremente… con el respeto… por todas las religiones[19].

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Juan Pablo II recibió la marca de los adoradores de Shiva

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El 2 de febrero de 1986, Juan Pablo II recibió en su frente el Tilac o Tika, la pasta de polvo rojo de los hindúes, el signo de reconocimiento de los adoradores de Shiva. Esto es una total apostasía e idolatría.

Juan Pablo II veneró al hindú Gandhi

En marzo de 1986, Juan Pablo II viajó a Nueva Delhi, el lugar donde el hindú Mahatma Gandhi fue incinerado. Mahatma Gandhi fue un pagano e idolatra que adoraba dioses falsos.

Juan Pablo II se quitó los zapatos delante del monumento de Gandhi y declaró: “Hoy, como peregrino de la paz, he venido aquí a rendir homenaje a Mahatma Gandhi, héroe de la humanidad[20].

Un idolatra y pagano era un “héroe de la humanidad” para Juan Pablo II.

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Como hemos visto aquí, Juan Pablo II también lanzó flores sobre la tumba de Gandhi para honrar y conmemorar a este pagano. Santo Tomás de Aquino explica que, así como hay afirmaciones heréticas, también hay acciones heréticas y apóstatas.

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. I-II, q. 103, art. 4: “Son las ceremonias otras tantas profesiones de la fe, en que consiste el culto interior; y tal es la profesión que el hombre hace con las obras cual es la que hace con las palabras. Y, si en una y otra profesa el hombre alguna falsedad, peca mortalmente”[21].

Santo Tomás incluso nos da un ejemplo:

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. II, q. 12, art. 1, obj. 2: “… si alguien… adorara el sepulcro de Mahoma, sería considerado como apóstata”[22].

La apostasía se puede manifestar por palabras y por obras. Por lo que él hizo, además de lo que dijo, Juan Pablo II manifestó lo equivalente a adorar la tumba de Mahoma al rendirle culto a un hindú.

La apostasía de Juan Pablo II en Asís

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El 27 de octubre de 1986, Juan Pablo II invitó a los principales líderes de todas las falsas religiones del mundo a acudir a Asís, Italia para una Jornada Mundial de Oración por la Paz. Juan Pablo II oró con más de 100 líderes religiosos de diferentes falsas religiones, repudiando de ese modo, la enseñanza de la Escritura y el magisterio de 2000 años de la Iglesia Católica que prohíbe la oración con las religiones falsas.

Toda la jornada de oración con los paganos, infieles y herejes fue idea de Juan Pablo II. Durante esta reunión, el Dalai Lama colocó una estatua de Buda sobre el tabernáculo en la iglesia de San Francisco.

La estatua de buda sobre el tabernáculo en Asís

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Entre los distintos líderes de religiones falsas en Asís, había rabinos, muftíes musulmanes, monjes budistas, sintoístas, un surtido de ministros protestantes, animistas, jainistas, entre otros.

Durante la reunión, un miembro de cada religión falsa ofreció una oración por la paz; oraciones blasfemas, por ejemplo, como la del hindú que dijo: “La paz sea con todos los dioses” (El líder animista oró al “Gran Pulgar”). Pero sus dioses son demonios, como vimos más arriba, ¡por lo que se rezaba por la paz a todos los demonios (que crearon las falsas religiones) en el Vaticano, patrocinador de la Jornada Mundial de Oración por la Paz! La religión del Vaticano II quiere que estemos en comunión con los demonios.

En 1928, el Papa Pío XI condenó autoritativamente esta actividad inter-religiosa y la denunció como una apostasía de la verdadera fe.





Papa Pío XI, Mortalium animos, # 2, 6 de enero de 1928: “Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión. Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios”.



Papa Pío XI, Mortalium animos, # 10: “Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos [con los no católicos], ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos…”[23].

Juan Pablo II, Discurso del ángelus, 12 de octubre de 1986: “En pocos días iremos a Asís, representantes de la Iglesia católica, de otras iglesias cristianas y comunidades eclesiales, y otras grandes religiones del mundo… He hecho esta invitación a los ‘creyentes de todas las religiones’”[24].

Juan Pablo II, Redemtoris missio, # 55, 7 de diciembre de 1999: “Dios… no deja de hacerse presente de muchas maneras, no sólo en cada individuo sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones…”[25].

Encontramos aquí una vez más una clara expresión de la apostasía. Él dice que Dios se hace presente a través de las riquezas espirituales de los pueblos, de los cuales sus religiones son su principal expresión. Esto significa que Dios se hace presente a los pueblos mediante las religiones no cristianas, lo que significa que las religiones no cristianas son verdaderas e inspiradas por Dios.

Papa Pío VIII, 24 de mayo de 1829: “Contra estos experimentados sofistas, al pueblo se le debe enseñar que la profesión de la fe católica es la única verdad, como clama el apóstol: ‘un Señor, una fe, un bautismo’”[26].

Juan Pablo II, Discurso, 22 de mayo de 2002: “Alabados seáis, seguidores del islam,… Alabado seáis, pueblo judío… Alabado seáis especialmente, Iglesia ortodoxa…”[27].

Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef. 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo (Luc. 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha”[28].

Juan Pablo II, Redemptoris missio, # 10, 7 de diciembre de 1990: “La universalidad de la salvación no significa que se conceda solamente a los que, de modo explícito, creen en Cristo y han entrado en la Iglesia”[29].

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, credo dogmático Atanasiano, 1439: “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre… Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo…”[30].

Las otras reuniones ecuménicas de Juan Pablo II

Juan Pablo II continuó, después del evento de Asís, con su desenfrenado programa de apostasía, totalmente condenado por la enseñanza de la Iglesia Católica. Juan Pablo II patrocinó encuentros de oración paganos en Kioto (1987), Roma (1988), Bari (1990), y Malta (1991), así como numerosas reuniones después de 1991.

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Juan Pablo II siendo “bendecido” en un ritual pagano por un chamán indio en 1987([31])

Hubo una escandalosa reunión de oración pagana en 1999, que se denominó oficialmente “El encuentro pan-cristiano”, en la que una gran concurrencia de religiones falsas fueron al Vaticano a petición de Juan Pablo II (más sobre esto en un momento).

Juan Pablo II oró con los animistas africanos

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El 8 de agosto de 1985, Juan Pablo II oró con animistas africanos (brujos). Juan Pablo II recordó la reunión:

“Particularmente notable fue la reunión de oración en el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia en el lago Togo, donde, por primera vez, yo también recé junto a un grupo de animistas”[32].

Se dice que en realidad en Togo él prestó homenaje a las serpientes sagradas.

En Cotonú, África, el 4 de febrero de 1993, niñas cantoras invitaron a Juan Pablo II a una “inducción de trance” de danza vudú.

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Juan Pablo II también participó en numerosos eventos tanto en Roma como en el extranjero, donde se incluían rituales paganos. Estos rituales, que tienen su origen de culturas que son totalmente demoniacas y satánicas en todos los aspectos de sus prácticas religiosas, a pesar de todo, fueron incluidas en muchas celebraciones litúrgicas de Juan Pablo II.

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Arriba, “misa” de Juan Pablo II en ciudad de México en 2002, que incorporó las costumbres de la cultura demoniaca azteca. Indios bailaron delante del altar vistiendo atuendos y corazas dejando descubierto media parte de su cintura. A medida que ellos realizaban sus bailes, se escuchaban silbidos de serpiente de cascabel y el batir de tambores. En realidad, el mismo Juan Pablo II fue el que recibió una purificación pagana que realizó una mujer.

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El encuentro “pan-cristiano”: la reunión de oración apóstata de Juan Pablo II en 1999

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En la foto superior aparece Juan Pablo II rodeado por un surtido grupo de paganos e idólatras, algunos a medio vestir, el 7 de noviembre de 1992 (otra de sus incontables reuniones apóstatas de oración interreligiosas). Nótese el encapuchado pagano justo detrás de Juan Pablo II a su derecha. Juan Pablo II fue por ellos elogiado por su estima por sus falsas religiones del demonio. Esto no es otra cosa que ocultismo.

Esta reunión se denominó “Encuentro Pan Cristiano”. Esto es interesante si se considera que, en su encíclica Mortalium animos, el Papa Pío XI describe como “pan-cristianos” a los herejes que promueven el indiferentismo religioso[33]. Algunas de las cosas que incluyó la reunión pan-religiosa de Juan Pablo II en 1999: un indio americano pivotante en el centro de la Plaza de San Pedro al atardecer “bendiciendo los cuatro cantos de la tierra”, y musulmanes que extendían alfombras en el Vaticano para rezar de rodillas en dirección a la Meca[34].

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Papa León X, Quinto Concilio de Letrán, sesión 9, 5 de mayo de 1514:
“La hechicería, por medio de encantamientos, adivinaciones, supersticiones y la invocación de demonios, están prohibidas por la leyes civiles y las sanciones de los cánones sagrados”[35].

La reunión de oración con las falsas religiones de Juan Pablo II: otra reunión apóstata de oración en 2002

Más recientemente hubo un espectáculo en Asís. El 24 de enero de 2002, Juan Pablo II celebró otra reunión de oración pagana en la ciudad de Asís, Italia, una repetición del evento abominable que tuvo lugar en 1986. Sin embargo, esta reunión de Asís, fue aún peor.

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Durante la segunda reunión de oración de Asís, se autorizó a los representantes de todas las falsas religiones que participaron subieran al púlpito y dieran un sermón sobre la paz mundial. En la presencia de Juan Pablo II, un sumo sacerdote vudú subió al pulpito superior de la Basílica de San Francisco y dio la prescripción vudú para la paz mundial (recuérdese que los vudús son brujos). Por lo tanto, según las disposiciones de Juan Pablo II, desde el púlpito superior de la histórica Basílica de San Francisco, ¡se le permitió a un brujo dar un sermón y ofrecer una receta para la paz mundial! Esto implicaría cortar las gargantas de las cabras, gallinas y palomas y drenar la sangre de sus arterias.

La mujer hindú dijo a toda la multitud reunida que todos eran Dios y en presencia de Juan Pablo II. Después que el judío, el budista, el musulmán, el brujo y el resto terminaran su predicación, los distintos líderes religiosos se dirigieron a diferentes salones para rezar a sus dioses falsos.





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4. Invitación a la oración:
    El Santo Padre los invita a todos los presentes a proceder a sus lugares respectivos para la oración.

    II. Oración en diferentes lugares

1. Acceso a los diferentes lugares para la oración:

    A. Basílica primer piso: Cristianos

    B. Sacro-convento:
Cuarto A: Islam
Cuarto B: Budistas
Cuarto C: Siquismo
Cuarto D: Religiones africanas tradicionales
Cuarto E: Hinduismo
Cuarto F: Tenrikyō
Cuarto G: Sintoísmo
Cuarto H: Judaísmo
Cuarto I: Zoroastrismo, jainismo, y confucianismo



Juan Pablo II había dispuesto de antemano que se le designara a cada religión falsa una sala separada en la cual adorasen al diablo.
Todos los crucifijos fueron retirados, y los que no pudieron ser retirados fueron cubiertos. Juan Pablo II se aseguró que los infieles, brujos y paganos no vieran ningún signo de Jesucristo.

Los musulmanes necesitaban una sala que estuviera orientada hacia el este, hacia la Meca, y se les concedió una. Los zoroastrianos necesitaban una habitación con una ventana, de manera que el humo de las ramas que ellos quemaban al diablo pudiera salir por ella, y se les concedió una. Los judíos querían una sala que nunca antes hubiera sido bendecida, es decir, una habitación que nunca haya sido bendecida en el nombre de Jesucristo, y Juan Pablo II les proporcionó una. No es posible imaginar una mayor abominación, blasfemia y rechazo al verdadero Dios.

Concilio de Elvira, 305 d.C.: “Se decreta que los adultos que después de recibir el bautismo hayan entrado en templos paganos para adorar a los ídolos, lo que es un crimen mortal y el sumo de la maldad, no podrán ser admitidos a la comunión, incluso en la muerte”[36].

Vemos que en este concilio regional en la Iglesia primitiva consideraba el sumo de la maldad que se entrara a un templo pagano a adorar a los ídolos (lo que Juan Pablo II hizo en Tailandia). Ello representaba una tal apostasía de la fe que aquellos que se arrepentían de haber ido sólo eran admitidos a la confesión (no a la comunión). Si entrar en un templo pagano era considerado una tan grave apostasía, ¿qué habrían dicho acerca de un supuesto líder de la Iglesia que convierte las mismas Iglesias católicas en templos paganos para que los paganos puedan adorar en ellas a sus falsos dioses? Sin duda considerarían aquello el sumo de la apostasía.

Papa Pío XI, Ad salutem, #27, 20 de abril de 1930: “…toda compulsión y locura, todo ultraje y lujuria, son introducidos en la vida del hombre por los demonios a través de la adoración de dioses falsos[37].

La apostasía de Juan Pablo II con los musulmanes

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El 14 de mayo de 1999, Juan Pablo II reverenció y besó el Corán. El Corán es el libro sagrado de los musulmanes que blasfema contra la Santísima Trinidad y niega la divinidad de Jesucristo. El reverenciar el libro sagrado de una falsa religión siempre ha sido considerado un acto de apostasía – un rechazo total de la verdadera religión. Este solo acto hace de Juan Pablo II un apóstata; porque ello equivale a adorar la tumba de Mahoma, y a lo que Santo Tomás considera ser un apóstata.

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. II, q. 12, art. 1, obj. 2: “… si alguien… adorara el sepulcro de Mahoma, sería considerado como apóstata”.

Durante su visita a Alemania el 17 de noviembre de 1980, Juan Pablo II alentó a los musulmanes a “vivir su fe también en un país extranjero…”[38].

En febrero de 2000, Juan Pablo II se reunió con el “gran jeque” de la república islámica Mohammed. Juan Pablo II cometió otro acto de apostasía en su discurso a los musulmanes.

Juan Pablo II, mensaje al “gran jeque Mohammed”, 24 de febrero de 2000: “El islam es una religión. El cristianismo es una religión. El islam se ha convertido en una cultura. El cristianismo también se ha convertido en una cultura… Doy gracias a vuestra universidad, el mayor centro de cultura islámica. Agradezco a quienes están desarrollando la cultura islámica…”[39].

Juan Pablo II agradeció a quienes desarrollan la cultura islámica. Él agradece a los infieles por desarrollar una cultura que niega a Jesucristo, la Trinidad y la fe católica a nivel masivo, y que mantiene a cientos de millones en las tinieblas del diablo. De todas las cosas malas que uno puede pensar en el mundo, la cultura islámica probablemente se ubica entre las cinco primeras de las más malas.

Papa Calixto III: “Yo prometo… exaltar la fe verdadera, y exterminar con la secta diabólica de los reprobados e infieles de Mahoma [islam] en el Oriente”[40].

En la Edad Media hubo una constante batalla espiritual y física entre los cristianos de occidente y las hordas islámicas. Esta declaración de Juan Pablo II constituye un rechazo de Jesucristo y una apostasía formal. Ningún católico jamás haría una declaración como esa.

¡Juan Pablo II le pidió a San Juan Bautista que protegiera al islam!

El 21 de marzo de 2000, Juan Pablo II le pidió a San Juan Bautista para que protegiera el islam (la religión de los musulmanes), que niega a Cristo y a la Trinidad, y mantiene a ciento de millones de almas en las tinieblas del diablo.

Juan Pablo II, 21 de marzo de 2000:
“Que San Juan Bautista proteja el islam y al pueblo de Jordania…”[41].

Esto es pedirle a San Juan Bautista que proteja la negación de Jesucristo y la condenación de las almas.

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El 12 de abril de 2000, Juan Pablo II se reunió con el rey de Marruecos, un descendiente del falso profeta del islam, Mahoma. Juan Pablo II le preguntó “¿Usted es un descendiente del profeta, no es así?”[42].

La apostasía de Juan Pablo II en la mezquita

El 6 de mayo de 2001, culminó su apostasía acumulada del año con los musulmanes al viajar y asistir a la “Gran Mezquita Omeya” de Damasco. En la mezquita Juan Pablo II se quitó los zapatos como gesto de reverencia en el templo de la infidelidad.

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En la foto superior izquierda, vemos a Juan Pablo II entrando en la “Gran Mezquita Omeya” de Damasco, el 6 de mayo de 2001. En las otras fotos lo vemos en la mezquita con el infiel gran jeque Sheikh Ahmad Kfutaro. En la mezquita Juan Pablo II se sentó en una silla idéntica a la del gran jeque infiel. Esta es la declaración que ese día hizo Juan Pablo II a los musulmanes:

Juan Pablo II, Discurso a los musulmanes de la mezquita, 6 de mayo de 2001: “Es en las mezquitas e iglesias que las comunidades musulmana y cristiana forman su identidad religiosa,… ¿Qué sentido de identidad se les inculca en los jóvenes cristianos y musulmanes en nuestras iglesias y mezquitas? Es mi ardiente esperanza que los líderes religiosos y maestros musulmanes y cristianos presentarán nuestras dos grandes comunidades en un respetuoso diálogo, nunca más como comunidades en conflicto”[43].

Es muy interesante notar que el califato “Omeya” (una línea de gobernantes musulmanes), a cuya mezquita asistió Juan Pablo II, fue una línea de gobernantes que estuvo enormemente involucrada en la guerra de 700 años contra la España católica.

“Abderrahmán, fue el último sobreviviente de los Omeyas había sido gobernante de la España musulmana cerca de la época en que Fruela se convirtió en gobernante de la España cristiana. Por 759 años, los dos reyes se enfrentaron en Galicia”[44].

El hecho de que la mezquita a la que él asistió llevase el nombre de un grupo que es tan representativo de la lucha contra el cristianismo sólo añade insulto a su apostasía. La sangre de todos los fieles católicos que murieron luchando contra los Omeyas por la supervivencia de la España cristiana clama contra él.

Apocalipsis 17, 6: “Vi a la mujer embriagada con la sangre de los mártires de Jesús, y viéndola me maravillé sobremanera”.

Juan Pablo II enseña que los musulmanes y católicos tienen el mismo Dios

En unos capítulos atrás cubrimos la enseñanza herética del Vaticano II que dice que los católicos y musulmanes adoran al único Dios verdadero. Juan Pablo II repitió esta herejía del Vaticano II en innumerables ocasiones.

Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo rei socialis, # 47, 30 de diciembre de 1987:
“… y a quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los musulmanes…”[45].

Juan Pablo II, Homilía, 13 de octubre de 1989:
“… los seguidores del islam que creen en el mismo Dios bueno y justo”[46].

Juan Pablo II, Homilía, 28 de enero de 1990:
“… nuestros hermanos y hermanas musulmanes… que adoran como nosotros al Dios único y misericordioso”[47].

Juan Pablo II, Audiencia general, 16 de mayo de 2001:
“… los creyentes del islam, a quienes estamos unidos por la adoración del único Dios”[48].

Juan Pablo II, Audiencia general, 5 de mayo 1999:
“Hoy me gustaría repetir lo que dije a los jóvenes musulmanes algunos años atrás en Casablanca: ‘Creemos en el mismo Dios…’”[49].

Esto es una blasfemia y apostasía. Los musulmanes rechazan la Santísima Trinidad. Ellos no adoran al único Dios verdadero. Al afirmar que los católicos y musulmanes creen en el mismo Dios una y otra vez, Juan Pablo II niega la Santísima Trinidad sucesivamente. Por otra parte, llama la atención la especificidad con la que Juan Pablo II (al igual que el Vaticano) negó a Jesucristo en muchas de estas citas, por ejemplo:

Juan Pablo II, Nuevo Catecismo, párrafo 841: “… los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo[50].

Aquí nos encontramos con el catecismo de Juan Pablo II enseñando que el dios de los musulmanes (que no es Jesucristo) juzgará a los hombres al fin del mundo. Esto significa que Jesucristo no juzgará a la humanidad en el último día, sino que lo hará el dios de los musulmanes. Esta es una negación de la segunda venida de Jesucristo para juzgar a los vivos y los muertos.

Papa San Dámaso, Concilio de Roma, 382, can. 15: “Si alguno no dijere que Él [Cristo]… ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, es hereje”[51].

La apostasía de Juan Pablo II con los judíos

El 13 de abril de 1986, Juan Pablo II visitó la sinagoga judía de Roma.

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Juan Pablo II llegando a la sinagoga de Roma el 13 de abril de 1986

Aquí vemos a Juan Pablo II llegando a la sinagoga de Roma en 1986 donde participó en un servicio de culto judío. Al tomar parte en un servicio judío, Juan Pablo II cometió un acto público de apostasía, y mostró una vez más que él es un hereje manifiesto y un apóstata. Nótese que Juan Pablo II y el rabino se saludaron como si fueran muy buenos amigos por mucho tiempo. Durante su estancia en la sinagoga, Juan Pablo II inclinó su cabeza como rezan los judíos pidiendo la venida de su Mesías.

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Juan Pablo II en la sinagoga con los judíos

Este increíble acto de apostasía de Juan Pablo II estaba directamente relacionado con su enseñanza herética de que la Antigua Alianza está todavía vigente. La Iglesia Católica enseña que la venida de nuestro Señor Jesucristo y la promulgación del Evangelio, la Antigua Alianza (es decir, el acuerdo hecho entre Dios y los judíos por la mediación de Moisés) cesó, y fue reemplazada por la Nueva Alianza de nuestro Señor Jesucristo. Es cierto que en algunos aspectos la Antigua Alianza sigue siendo válida, puesto que están incluidas en el Nuevo y Eterno Testamento de Jesucristo, como los diez mandamientos; pero la Antigua Alianza en sí (el acuerdo entre Dios y el pueblo judío) cesó con la venida del Mesías. Por lo tanto, decir que la Antigua Alianza sigue siendo válida es afirmar que el judaísmo es una religión verdadera y que Jesucristo en realidad no es el Mesías. Ello también es una negación del dogma católico definido, como la enseñanza del Concilio de Florencia, que definió ex cathedra que la Antigua Ley ahora está muerta y que aquellos que la practican (es decir, los judíos) no se pueden salvar.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos… cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo… y empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento… Denuncia consiguientemente como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo (la promulgación del Evangelio), observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna…”[52].

El Papa Benedicto XIV reiteró este dogma en su encíclica Ex quo primum.

Papa Benedicto XIV, Ex quo primum, # 61:
“La primera consideración es que las ceremonias de la ley mosaica fueron derogadas por la venida de Cristo y que ya no pueden ser observadas sin pecado después de la promulgación del Evangelio”[53].

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi,# 29-30, 29 de junio de 1943: “Y, en primer lugar, con la muerte del Redentor, a la Ley Antigua abolida sucedió el Nuevo Testamento… en el patíbulo de su muerte Jesús abolió la Ley con sus decretos [Ef. 2, 15]… y constituyó el Nuevo en su sangre, derramada por todo el género humano. Pues, como dice San León Magno, hablando de la Cruz del Señor, ‘de tal manera en aquel momento se realizó un paso tan evidente de la Ley al Evangelio, de la Sinagoga a la Iglesia, de lo muchos sacrificios a una sola hostia, que, al exhalar su espíritu el Señor, se rasgó inmediatamente de arriba abajo aquel velo místico que cubría a las miradas el secreto sagrado del templo’. En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera…”[54].

Juan Pablo II repudió este dogma en repetidas ocasiones, un dogma enseñado por la Iglesia Católica por 2000 años, definido infaliblemente por el Concilio de Florencia, y claramente afirmado por lo Papas Benedicto XIV y Pío XII.

En un discurso ante los judíos en Mainz, Alemania Occidental, el 17 de noviembre de 1980, Juan Pablo II dijo que “la Antigua Alianza nunca fue revocada por Dios[55].

Papa Benedicto XIV, Ex quo primum, # 59, 1 de marzo de 1756:
“Sin embargo, ellos no intentan observar los preceptos de la Antigua Alianza, los cuales, como todo el mundo sabe, fueron revocados con la venida de Cristo[56].

Aquí vemos que el Papa Benedicto XIV condena la herejía enseñada por Juan Pablo II, ¡que la Antigua Alianza ha sido revocada por Dios! Juan Pablo II repitió la misma audaz herejía en un discurso en 1997:

Juan Pablo II, Reunión sobre las raíces del antisemitismo, 1997: “Este pueblo [los judíos], ha sido llamado y guiado por Dios, creador del cielo y la tierra. Su existencia no es apenas un acontecimiento natural o cultural,… Es un acontecimiento sobrenatural. A pesar de todo, este pueblo continua siendo el pueblo de la alianza…”[57].

Es importante tener en cuenta que el “arzobispo” de Estrasburgo, Francia, de la secta del Vaticano II, Joseph Dore, recordó con júbilo la mencionada herejía de Juan Pablo II sobre la Antigua Alianza, que Juan Pablo II pronunció en un discurso en Mainz, Alemania y en otros lugares. Nótese que el “arzobispo” Dore, admite que el Vaticano II cambió la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la cesación de la Antigua Alianza.

“Arzobispo” Joseph Dore de Estrasburgo, Francia, discurso a la B'nai B'rith (masones judíos), agosto de 2003: “Cualquiera que sea la descripción [de los judíos en el arte católico tradicional]… el mensaje teológico es el mismo – la elección de Dios ha pasado ahora al pueblo cristiano; y la Iglesia, la verdadera Israel, puede triunfar; ella que confiesa la verdad salvadora que Cristo ha traído”.
        “En el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica finalmente revisó esta enseñanza y entendió en qué medida ella contradice la Biblia misma… En 1973, el episcopado Francés, particularmente bajo la influencia de Mons. Elchinger [fallecido] obispo de Estrasburgo, publicó un documento acerca de la incomparable sobre fuerza moral de las relaciones judeo-cristianas, mientras que el Papa Juan Pablo II recordó en numerosas ocasiones la permanencia de la Primera Alianza [la Antigua Alianza], ‘que nunca fue revocada’ por Dios [Juan Pablo II, Mainz, Alemania, 1980]. Hoy en día, deseamos trabajar juntos con nuestros hermanos mayores hacia la reconciliación y el diálogo fraterno. Sin embargo, debemos tener la humildad de reconocer que la doctrina del desprecio y la ‘teología de la sustitución’ – que hace que la Iglesia sea la nueva y la única Israel de Dios – todavía penetra la mente de muchos”[58].

De hecho, Juan Pablo II enseña la misma herejía sobre la Antigua Alianza en su nuevo catecismo, oponiéndose directamente una vez más al dogma católico.

Juan Pablo II, Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo 121: “…porque la Antigua Alianza no ha sido revocada”[59].





El increíble mensaje de Juan Pablo II en conmemoración de la sinagoga judía

Juan Pablo II, Mensaje al Gran Rabino de Roma, 23 de mayo de 2004: “Distinguidísimo Dr. Riccardo Di Segni, Gran Rabino de Roma. ¡Shalom! Con profunda alegría me uno a la comunidad judía de Roma que celebra el centenario de la Gran Sinagoga de Roma, un símbolo y un recordatorio de la presencia milenaria en esta ciudad del pueblo de la Alianza del Sinaí. Por más de 2000 años vuestra comunidad ha sido una parte integral en la vida de la ciudad; ella puede gloriarse de ser la más antigua comunidad judía de Europa occidental y de haber desempañado un rol importante en la difusión del judaísmo en todo el continente. La conmemoración de hoy, por lo tanto, adquiere un significado especial… Puesto que no estoy en condiciones de asistir en persona, le he pedido a mi vicario general Camillo Ruini que me represente; él está acompañado del cardenal Walter Kasper, presidente de la Comisión de la Santa Sede para las Relaciones con los Judíos. Ellos expresan formalmente mi deseo de estar con vosotros en este día.
        "Al ofreceros mi respetuoso saludo, distinguido Dr. Riccardo Di Segni, extiendo mi cordial saludo a todos los miembros de la comunidad, a vuestro presidente, el Sr. Leone Elio Paserman, y a todos los que están reunidos para presenciar una vez más la importancia y el vigor del patrimonio religioso que se celebra cada sábado en la Gran Sinagoga de Roma.
        "La celebración de hoy, en cuya alegría todos nos unimos, recuerda el primer centenario de esta majestuosa Sinagoga. Ella se encuentra en ribera del Tíber, testimoniando con la armonía de sus líneas arquitectónicas la fe y la alabanza al Todopoderoso. La comunidad cristiana de Roma junto al sucesor de San Pedro, se une a vosotros en agradecimiento al Señor por esta feliz ocasión [¡el 100° aniversario de la sinagoga!]. Como dije durante mi primera visita, os saludamos como nuestros ‘queridos hermanos’ en la fe de Abraham, nuestro patriarca… vosotros continuáis siendo el pueblo primogénito de la Alianza (Liturgia del Viernes Santo, intenciones generales por el pueblo judío)…
        "[Estas amistosas relaciones] nos vieron unidos en la conmemoración de las víctimas de la Shoa [los judíos fallecidos que no aceptaron a Cristo], especialmente aquellos que fueron arrancados de sus familias y de vuestra amada comunidad judía en Roma en octubre de 1943 e internados en Auschwitz. Que su memoria sea bendita y nos induzca a trabajar como hermanos y hermanas…”
        ”… la Iglesia no ha dudado en expresar su profundo pesar por las ‘fallas de sus hijos e hijas en todas las épocas’ y, en un acto de arrepentimiento, ha pedido perdón por su responsabilidad por haber estados conectados de alguna manera con el flagelo del anti-judaísmo y del antisemitismo…
        ”En el día de hoy,… dirigimos una ferviente plegaria al Eterno, al Dios de Shalom, para que la enemistad y el odio nunca más subyuguen a aquellos que acuden a nuestro padre, Abraham – judíos, cristianos y musulmanes…
        ”Nuestra reunión de hoy es, por así decirlo, en preparación para vuestra inminente solemnidad de Shavout y de nuestro Pentecostés que proclaman la plenitud de nuestras respectivas celebraciones pascuales. Que estas fiestas nos vean unidos en la oración del Hallel pascual de David”.
(L’Osservatore Romano, 2 de junio de 2004, p. 7).



He aquí un breve resumen del mensaje de conmemoración de la Sinagoga de Juan Pablo II:

1) Él se une a la comunidad judía para conmemorar el 100 aniversario de la sinagoga – apostasía.

2) Él dice que esta comunidad judía puede gloriarse de ser la más antigua sinagoga de Europa occidental y de hacer difundido el judaísmo – apostasía total.

3) Él expresa formalmente su deseo de haber podido estar con ellos en la conmemoración de la sinagoga – apostasía.

4) Él alaba la importancia y el vigor de la religión que se celebra cada sábado en Roma – apostasía. La palabra “vigor” significa “fuerza o energía física activa, condición física floreciente, vitalidad; fuerza mental o moral, fuerza o energía”. Por lo tanto, él les está diciendo nuevamente que su Alianza con Dios es válida, floreciente, en vigor.

5) En nombre de toda la comunidad cristiana de Roma, como supuesto “sucesor de San Pedro”, ¡él agradece formalmente al Señor por los 100 años de la sinagoga! – ¡apostasía!

6) Él saluda a los judíos como queridos hermanos en la fe de Abraham, lo que es otra negación total de Cristo, ya que enseña la Escritura que sólo aquellos que son de Cristo tienen la fe de Abraham.

Gálatas 3, 14: “Para que la bendición de Abraham se extendiese sobre las gentes en Jesucristo y por la fe recibamos la promesa del Espíritu”.

Gálatas 3, 29: “Y si sois de Cristo, luego sois descendientes de Abraham, herederos según la promesa”.

Papa San Gregorio Magno (590): “… si sois de Cristo entonces sois de la simiente de Abraham (Gál. 3, 29). Si debido a nuestra fe en Cristo son considerados hijos de Abraham, los judíos, por lo tanto, por su perfidia han dejado de ser su descendencia[60].

Papa San León Magno, carta dogmática a Flaviano, (449), leída en el Concilio de Calcedonia (451), ex cathedra: “La promesa fue dirigida a Abraham y su descendencia. Él no dice ‘a su descendencia’ – como refiriéndose a la multiplicidad – sino a una sola, ‘y tu descendencia’, que es Cristo (Gal., 3, 16)”[61].

7) Él afirma que los judíos “continúa siendo el pueblo primogénito de la Alianza” citando la oración del Viernes Santo de la Nueva Misa, que dice que los judíos “continúan en fidelidad a la Alianza de Dios”. Juan Pablo II, está enseñando descaradamente, una vez más, que la Alianza de los judíos con Dios sigue siendo válida – apostasía.

8) Él conmemora a aquellos que murieron como judíos y dice que su memoria sea bendita – herejía.

9) En nombre de “la Iglesia”, él se arrepiente de todo anti-judaísmo – apostasía. Esto incluiría el dogma anti-judío de la Iglesia de que los judíos que mueren sin convertirse al catolicismo van al infierno, y por lo tanto necesitan convertirse para salvarse. Él se está burlando de nuestro Señor y de la Iglesia.

Este discurso se alinea a las principales blasfemias y herejías de Juan Pablo II. Juan Pablo II fue totalmente a favor de la negación de Cristo; él enseñó claramente que la Antigua Alianza sigue siendo válida; él negó totalmente a Jesucristo y la fe católica; él puso su apostasía frente a la cara de todo el mundo. Aquellos que sostienen que este apostata y hereje manifiesto fue un católico, estando conscientes de estos hechos, y rechazan denunciarlo como un hereje, son en realidad enemigos de Dios.

1 Juan 2, 22: “¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”.

El mejor amigo de Juan Pablo II, Jerzy Kluger, era un judío.

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Juan Pablo II abrazando a su mejor amigo judío Jerzy Kluger.

Por supuesto, Juan Pablo II nunca trató de convertir a Kluger. Kluger afirmó explícitamente que Juan Pablo II nunca le dio a él la más mínima indicación de que él quería convertirlo. Por el contrario, Kluger acredita su relación de toda la vida con Juan Pablo II haciéndolo “sentir más judío”. En su juventud, Juan Pablo II jugó de arquero de fútbol en un equipo judío con Kluger; ellos jugaban contra los católicos. En una carta a Kluger, el 30 de marzo de 1989, en referencia a la destrucción de una sinagoga durante la Segunda Guerra Mundial, Juan Pablo II escribió lo siguiente:

“Yo también… venero este lugar de culto [la sinagoga], que los invasores destruyeron”[62].

Esto es apostasía descarada. Al venerar la sinagoga, Juan Pablo II está venerando la negación de los judíos de Jesucristo como Mesías.

Pero Jerzy Kluger no fue el único judío que se sintió más judío por Juan Pablo II. También lo es el maestro judío, Gilbert Levine.

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El maestro judío Gilbert Levine con Juan Pablo II[63]

Levine señaló que, en sus muchos años de relación, Juan Pablo II nunca le dio la más mínima indicación de que quería convertirlo. Levine también señaló públicamente que, después de conocer a Juan Pablo II, él volvió a la práctica del judaísmo.

Juan Pablo II le pidió a Levine que dirigiera un concierto en el Vaticano para conmemorar el holocausto. Levine accedió, y con la asistencia del antipapa Juan Pablo II se realizó el concierto en el Vaticano. Todos los crucifijos fueron cubiertos.

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Juan Pablo II sentado junto al rabino judío para el concierto del Holocausto (un servicio de oración judío) en el Vaticano

El concierto comenzó con “Kol Nidre”, la oración cantada en el día más sagrado del calendario judío. Algunos de los muchos judíos que asistieron encendieron velas durante la ceremonia, convirtiéndose rápidamente en un servicio religioso judío en el Vaticano. Después del concierto Levine comentó:

“Fue como si estuviera en un servicio litúrgico judío en el Vaticano. Fue una noche de oración… de oración judía”[64].

Después del concierto Juan Pablo II pidió que Levine recibiera el título de caballero del Vaticano. Levine se convirtió en caballero comandante de la Orden Ecuestre de San Gregorio Magno. Juan Pablo II escogió al “cardenal” Lustiger de París para otorgarle el honor.

El mismo Lustiger, que se crió judío, declaró en una entrevista en 1981: “Yo soy un judío. Para mí las dos religiones son una[65]. El honor que Juan Pablo II le otorgó a Levine es uno de los más altos que un laico puede recibir.







Gilbert Levine reveló el alcance total de la apostasía de Juan Pablo II en una entrevista en el programa Larry King Live, el 4 de abril de 2005.

Durante una entrevista en el programa de CNN Larry King Live, el 4 de abril de 2004, Gilbert Levine reveló que Juan Pablo II:


    -Le envió una carta a cada uno de sus hijos para felicitarlos por su bar mitzvah;

    -Que el mismo Juan Pablo II le dio una menorah judía a su familia;

    -Que Juan Pablo II envió por medio del “cardenal” Kasper a Levine una “asombrosa” carta por ocasión del bar mitzvah, en que les decía debían estar orgullosos de su herencia judía y vivirla plenamente, y que la carta era tan judía que el rabino dijo que era de un rabino, cuando en realidad venía de Kasper a petición de Juan Pablo II.



Esto demuestra que Juan Pablo II alentó oficialmente la práctica del judaísmo; que él alentó oficialmente la negación de Jesucristo; que él oficialmente ayudó a las personas practicar la Antigua Alianza; y que él celebraba la observancia de la religión judía con ellos. A la luz de estos hechos, quien niegue que Juan Pablo II haya sido un apóstata no-católico simplemente niega a Jesucristo, es evidente. He aquí un extracto de la entrevista en vivo en el programa Larry King Live de la CNN:

“KING: ¿Cuánto entendía él de música?

”LEVINE: Maravillosamente. Tanto es así que yo, como director de orquesta judío, sugerí para el concierto de 1994 que yo dirigiera una obra de Malher. Y él dijo: ‘¿No se convirtió Malher al catolicismo para lograr ser el director de música de la Filarmónica de Viena?’ Como músico yo no pensé en ello. No lo pensé. No es que yo no lo supiera, no lo pensé. Ese era el tipo de sensibilidad que él tenía hacia los asuntos judíos. Y él quiso que se ampliara. Y lo que ocurría era que él se sentía como si la música fuera un vehículo para el diálogo interreligioso.

”KING: ¿El Papa felicitó el bar mitzvah de sus hijos?

”LEVINE: No solo nos felicitó, él nos envió una menorah.

”KING: ¿Él le envió una menorah?

”LEVINE: En realidad él nos la dio, no la envió. Creo que es de Praga del siglo XVI. Es la más hermosa menorah. Él nos envió una carta por ocasión del bar mitzvah de cada uno de mis hijos. Él también nos envió por medio del cardenal encargado de las relaciones católicos/judíos que fue leída en mi sinagoga ortodoxa por ocasión del reciente bar mitzvah de mi hijo. Y el rabino la leyó como si viniera de un rabino. Al final, él dijo: ‘Es del rabino Joel Schwartz. Dijo él, pero no era del rabino Joel Schwartz. Era del rabino – el cardenal Kasper. Fue asombroso. Era una carta que decía, debéis estar orgulloso de vuestra herencia judía y vivirla a plenitud.

”KING: ¿Dónde ha estado usted? ¿Por qué lo hemos recién encontrado? ¿Usted dirige en todo el mundo?

”LEVINE: Sí. Yo dirijo en todo el mundo y he dirigido para él en el Vaticano varias veces. También dirigí para él en el Día Mundial de la Juventud en Denver. Yo, ¿dirigiendo para la juventud católica? Y en aquella ocasión, él se acercó a mí y me interrumpió toda la interpretación, puso su brazo sobre mí y me dijo, ¿lo interrumpo maestro? Y él de hecho detuvo todo el espectáculo.

”KING: ¿Va a ir al funeral?

”LEVINE: Por supuesto. Parto mañana en la mañana. Estaré en el funeral. No podría no estar”[66]. – Fin del extracto a la entrevista.
Nótese que Gilbert Levine quería interpretar la música de un ex judío, Malher, para el concierto, ¡pero Juan Pablo II lo desalentó al señalar que Malher fue un judío que se convirtió al catolicismo!

Juan Pablo II rezando en el Muro de los Lamentos

El 26 de marzo de 2000, Juan Pablo II rezó en el muro occidental en Jerusalén, llamada Muro de los Lamentos. La muralla occidental es lo que quedó de la muralla de piedra del Templo judío en Jerusalén que fue destruido por los romanos el año 70 d.C. Los judíos rezan el Muro de los Lamentos como siendo el sitio más sagrado del judaísmo.

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Juan Pablo II rezando en el Muro de los Lamentos

La destrucción del templo el año 70 d.C., dejando sólo la muralla occidental, siempre ha sido entendida por los católicos para significar la sentencia de Dios sobre los judíos. La destrucción del templo impidió que los judíos pudieran ofrecer el sacrificio, lo que significó que su religión había llegado a su fin. La destrucción del templo fue la poderosa señal de Dios para los judíos de que el Mesías había venido, que la Antigua Alianza había cesado, y que el templo había sido reemplazado por la Iglesia católica.

Entonces, cuando un judío reza en la muralla occidental, o deja una oración allí, es una negación de que Jesucristo es el Mesías; es una afirmación de que él cree que la Antigua Alianza todavía está vigente; y es un lamentable y triste intento de ignorar el claro aviso de Dios de que los judíos abandonen el templo destruido y entren en la Iglesia católica.

Entonces, cuando el mismo Juan Pablo II rezó en el Muro de los Lamentos en marzo de 2000, ello fue un intento de validar el judaísmo. Ello fue una negación de que Jesucristo es el Mesías, y una indicación de que él cree que la Antigua Alianza está todavía en vigor, y una burla a la clara señal de Dios de que los judíos deben abandonar el Templo destruido y entrar en la Iglesia católica. Un informado comentarista señaló que, cuando Juan Pablo II rezó en el Muro de los Lamentos, la mayoría de la nación de Israel lo estaba viendo en la televisión. Esto significa que cada judío que veía la televisión, veía que Juan Pablo II les decía que no era necesario que se convirtieran a Jesucristo, porque Cristo no es el Mesías.

La oración que Juan Pablo II dejó en el Muro de los Lamentos pedía perdón por los pecados contra el pueblo judío.

Otra apostasía con los judíos durante el reinado de Juan Pablo II

A finales de 2001, una comisión del Vaticano bajo Juan Pablo II publicó un libro titulado El Pueblo Judío y la Sagrada Escritura en la Biblia Cristiana. El libro dice que la espera de los judíos por la venida del Mesías sigue siendo válida. Hay más sobre este libro en la sección siguiente sobre Benedicto XVI.

El 12 de agosto de 2002, los obispos norteamericanos en unión con Juan Pablo II publicaron un documento sobre los judíos. Encabezado por el famoso apóstata William Keeler de Baltimore, y sin ni un atisbo de oposición de Juan Pablo II, el documento declaró: “… intentos por la conversión de los judíos al cristianismo ya no son teológicamente aceptables en la Iglesia Católica[67].

Todo esto demuestra que Juan Pablo II y sus obispos eran y son completos apóstatas de la fe católica.

Las increíbles herejías de Juan Pablo II sobre los bautizados no católicos (es decir, los herejes y cismáticos)

Ya hemos examinado en detalle la innegable apostasía de Juan Pablo II con el paganismo, el islam y el judaísmo. Además de las numerosas declaraciones y actos de herejía y apostasía que cometió Juan Pablo II con las falsas religiones no cristianas, están sus increíbles herejías sobre los no católicos bautizados y sus sectas heréticas. Por ejemplo:

Juan Pablo II enseña que los cismáticos no deben ser convertidos

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Juan Pablo II en la catedral “ortodoxa” siria junto a los patriarcas cismáticos Zakka I e Ignacio IV en 2001[68]

Juan Pablo II enseñó que los cismáticos orientales (llamadas “ortodoxos”) no deben ser convertidos a la Iglesia Católica. Aquí presentamos algunos antecedentes: los cismáticos orientales rechazan el dogma del papado, lo que significa que ellos rechazan la suprema autoridad de todos los Papas en la historia. Ellos rechazan el dogma de la infalibilidad: la verdad de que el Papa enseña infaliblemente cuando habla desde la cátedra de Pedro. Ellos rechazan el dogma de la Inmaculada Concepción, ellos rechazan aceptar los 13 últimos concilios de la Iglesia Católica romana, y permiten el divorcio y el nuevo matrimonio.

Juan Pablo II, Homilía, 23 de mayo de 2003: “Quiero repetir una vez más, honrarlos también a ustedes, la santa Iglesia ortodoxa…”[69].

En su escandaloso Directorio para la Aplicación de los Principios y Normas del Ecumenismo (# 125), Juan Pablo II alienta el culto interreligioso con los cismáticos orientales y declara: “… cualquier insinuación de proselitismo debe ser evitada”[70]. Como diremos más adelante, Juan Pablo II aprobó el Directorio para la Aplicación de los Principios y Normas del Ecumenismo en Ut unum sint # 58 y en otros lugares.

Hacer proselitismo es convertir al otro. Así, Juan Pablo II dice que cualquier esfuerzo para convertir a los cismáticos orientales debe ser evitado. Estas son las palabras de un verdadero Papa, el Papa Benedicto XIV, sobre exactamente el mismo tema:

Papa Benedicto XIV, Allatae sunt, #19, 26 de julio de 1755:
“En primer lugar, el misionero que se esfuerza con la ayuda de Dios de traer de vuelta a la unidad a los griegos y cismáticos orientales, debe dedicar todos sus esfuerzos de liberarlos de la única-objeción de las doctrinas que están en desacuerdo con la fe católica”[71].

Papa Benedicto XIV, Allatae sunt, #19, 26 de julio de 1755:
Porque la única obra confiada al misionero es la de atraer al oriental a la fe católica…”[72].

Se puede ver fácilmente la diferencia entre las dos religiones: la religión católica enseña que debe ser aceptada toda su enseñanza y que los no católicos deben ser convertidos. La religión no católica de Juan Pablo II enseña que la fe católica no tiene sentido y que los no católicos no deben ser convertidos.

Walter Kasper, un miembro de alto rango de la Iglesia del Vaticano II, entiende esto muy bien. Kasper fue nombrado “cardenal” y jefe del Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos del Vaticano por Juan Pablo II. Benedicto XVI confirmó a Kasper en su cargo como jefe de este organismo. Expresando la opinión tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI, Kasper declaró:

“… Hoy en día ya no entendemos el ecumenismo en el sentido de un retorno por el cual los otros deben ‘ser convertidos’ y volver a ser ‘católicos’. Esto fue abandonado expresamente por el Concilio Vaticano II”[73].

Católicos que fueron torturados y martirizados por negarse a convertirse en cismáticos orientales

En su encíclica Orientales Omnes Ecclesias de 1945, del Papa Pío XII se dan algunos ejemplos de católicos en la historia que fueron torturados y asesinados por negarse a abandonar la fidelidad al papado y convertirse en “ortodoxos” orientales cismáticos. San Josafat es un ejemplo famoso, pero hay muchos otros. San Josafat convirtió a muchos cismáticos orientales a la fe católica hasta que fue asesinado por traer a esas personas de regreso a la unión con el papado.

Papa Pío XII, Orientales Omnes Ecclesias, # 15, 23 de diciembre de 1945: “Josafat Kuntzevitch… fue famoso por su santidad de vida y celo apostólico y fue un intrépido campeón de la unidad católica. Él fue perseguido por el odio amargo y la intención homicida de los cismáticos y el 12 de noviembre de 1623 fue herido y muerto inhumanamente con una alabarda”[74].

Hubo muchos otros que fueron mutilados, ahogados y asesinados porque no se convirtieron en cismáticos orientales.

Papa Pío XII, Orientales Omnes Ecclesias, # 20, 23 de diciembre de 1945: “Aquellos fieles que no quisieron separarse de la verdadera fe y obedientemente y sin dudar resistieron a unirse a la Iglesia [cismáticos] disidente impuesta en 1879, fueron castigados con multas vergonzosas y flagelados y exiliados”[75].

Papa Pío XII, Orientales Omnes Ecclesias, # 46, 23 de diciembre de 1945: “La comunidad de ruteno recibió… una noble compañía de confesores y mártires. Para preservar su fe y mantener su celosa lealtad al pontífice romano, ellos no dudaron en soportar todo tipo de trabajos y dificultades, o incluso ir con gusto a la muerte… Josafat Kuntzevitch… Él fue el excepcional mártir de la fe católica y de la unidad en aquel período, pero no fue el único; no pocos de los clérigos y legos recibieron la palma de la victoria después de él; algunos fueron muertos con la espada, otros atrozmente flagelados, algunos ahogados en el Dniéper, pasando así de su triunfo de la muerte al cielo”[76].

Papa Pío XII, Orientales Omnes Ecclesias, # 49, 23 de diciembre de 1945: “Además de todo esto, una nueva y no menos amarga persecución al catolicismo comenzó unos pocos años antes de la partición de Polonia. En esa época, cuando las tropas del emperador de Rusia había invadido Polonia, muchas iglesias del rito ruteno fueron separados de los católicos por la fuerza de las armas; los sacerdotes que rechazaron abjurar de su fe [y convertirse en cismáticos] fueron encadenados, insultados, flagelados y echados a la cárcel, en donde sufrieron cruelmente de hambre, sed y frío”[77].

Por su enseñanza herética de que los “ortodoxos” cismáticos no están fuera de la Iglesia y no necesitan convertirse para salvarse, la secta del Vaticano II absolutamente se burla de los santos y mártires que sufrieron horriblemente por no hacerse cismáticos.

La declaración de Balamand del Vaticano con los cismáticos orientales, aprobada por Juan Pablo II, rechaza la conversión de estos no católicos como “eclesiología obsoleta”

El 24 de junio de 1993, el Vaticano firmó la Declaración de Balamand con los cismáticos orientales (la llamada “Iglesia ortodoxa”). En esta Declaración de Balamand, citada a continuación, que fue aprobada por Juan Pablo II, se rechaza todo intento de convertir a los cismáticos orientales como siendo “una eclesiología obsoleta de retorno a la Iglesia Católica”. Estos son algunos pasajes de la increíble herética Declaración Balamand.





Declaración de Balamand de la secta del Vaticano II con los “ortodoxos”, 1993, # 10: “La situación creada ha dado como resultado se creasen tensiones y oposiciones. Progresivamente en las décadas que siguieron a esas uniones, la actividad misionera tendió a incluir entre sus prioridades el esfuerzo de convertir a los otros cristianos, individualmente o en grupos, a fin de “traerlos de vuelta” a la Iglesia. Para legitimar esta tendencia, nacida del proselitismo, la Iglesia Católica desarrolló la visión teológica según la cual ella se presenta a sí misma como a la única que se le encomendó la salvación. Como reacción, la Iglesia ortodoxa, a su vez, llegó a aceptar la misma visión según la cual sólo en ella se podía encontrar la salvación…”

#’s 14-15: “… De acuerdo a las palabras del Papa Juan Pablo II, el esfuerzo ecuménico de las Iglesias hermanas de oriente y occidente, basado en el diálogo y la oración, es la búsqueda de la perfecta y total comunión que no es ni absorción ni fusión, sino un encuentro en la verdad y el amor (cfr. Slavorum Apostoli, 27). 15. Mientras que la inviolable libertad de las personas y su obligación de cumplir los requerimientos de su propia conciencia permanece asegurada, en la búsqueda de restablecer la unidad no se trata de convertir a las personas de una Iglesia a la otra a fin de asegurar su salvación.

22. “La actividad pastoral en la Iglesia Católica, tanto latina como oriental, ya no aspira a que los fieles pasen de una religión a otra, es decir, ya no se pretende hacer proselitismo entre los ortodoxos. Ella tiene como objetivo responder a las necesidades espirituales de sus propios fieles y no tiene ningún deseo de expansión a expensas de la Iglesia ortodoxa.

30. “Para allanar el camino para las futuras relaciones entre las dos Iglesias, que pasa más allá de una eclesiología obsoleta de retorno a la Iglesia Católica relacionado con el problema que es el objetivo de este documento, se prestará especial atención a la formación de los futuros sacerdotes y de todos aquellos que, de alguna manera, están involucrados en una actividad apostólica llevada a cabo en un lugar donde la otra Iglesia tiene tradicionalmente sus raíces. Su formación debe ser objetivamente positiva respecto de la otra Iglesia”.   (http://www.cin.org/east/balamand.html)



¡Esta es una increíble y descarada herejía! Este documento aprobado por los antipapas del Vaticano II, es sin duda una de las peores herejías de la secta del Vaticano II. Ella menciona sin rodeos y luego rechaza totalmente el dogma tradicional de la Iglesia Católica de que los cismáticos se deben convertir a la fe católica para obtener la unidad y la salvación.

Juan Pablo II dijo que la Declaración de Balamand era un “nuevo paso” que “debe ayudar a todas las iglesias ortodoxas e iglesias católicas locales, tanto latinas como orientales, que viven juntas en una misma región, a continuar en su compromiso con el diálogo de caridad y a continuar o buscar relaciones de cooperación en la zona de sus actividades pastorales”[78].

Por favor, repare especialmente en los ítems #14 y 15 que afirman que “en la búsqueda del restablecimiento de la unidad no se trata de la conversión de las personas de una Iglesia a otra con el fin de asegurar su salvación…”. Por favor, repare en el ítem # 22 que afirma que la Iglesia católica “no desea la expansión expensas de la Iglesia ortodoxa”, y en el # 30, que rechaza la “anticuada eclesiología de retorno a la Iglesia católica”. Nótese cómo todo esto rechaza rotundamente el dogma católico de que los no católicos deben retornar a la Iglesia católica para la salvación y la unidad cristiana.

Papa Pío XI, Mortalium animos, # 10, 6 de enero de 1928:
“… la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única: y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron”[79].

Por tanto, es un hecho que Juan Pablo II y su secta rechaza palabra por palabra el dogma de la fe católica: la unidad de los cristianos sólo se logra mediante la conversión al catolicismo. Vemos de nuevo este rechazo al dogma católico en la siguiente cita.

Otras increíbles herejías de Juan Pablo II con los “ortodoxos” cismáticos orientales

Juan Pablo II, Homilía, 25 de enero de 1993:
“La forma de lograr la unidad, de hecho, dice el documento de la Pontificia Comisión para Rusia, ‘no es el proselitismo sino el diálogo fraterno…’”[80].

Es un hecho que Juan Pablo II enseña que la fe de Roma no debe ser mantenida por los no católicos; por lo tanto, es claro que se engañan quienes creen que él tenía la verdadera fe católica.

Papa León XIII, Satis cognitum, # 13, 29 de junio de 1896:
“No puede creerse que guardáis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana”[81].

Quienes dicen, frente a estos hechos, que Juan Pablo II debe ser considerado un católico verdadero (en otras palabras, que él era un Papa verdadero), están negando esta enseñanza de la Iglesia.

En su encíclica sobre los santos Cirilo y Metodio, # 27, Juan Pablo II indicó que los cismáticos orientales no deben ser convertidos a la Iglesia católica. Él afirmó que la unidad con los cismáticos “no es ni absorción ni fusión[82], lo cual significa conversión. Como vimos anteriormente, la Declaración Balamand con los “ortodoxos”, que cita las reales palabras de la encíclica de Juan Pablo II sobre los santos Cirilo y Metodio, muestra que él dice que los católicos no deben convertir a los ortodoxos.

Juan Pablo II confirmó su herejía en incontables reuniones con los cismáticos. El 24 de febrero de 2000, Juan Pablo II se reunió con el cismático obispo de Alejandría, “Papa” Shenouda III.

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Reunión de Juan Pablo II con el obispo cismático de Alejandría, quien se hace llamar “Papa” Shenouda III

En su mensaje al obispo cismático, Juan Pablo II lo llamó “Su Santidad” y dijo:

Juan Pablo II, Mensaje a PapaShenouda III, 24 de febrero de 2000: “Estoy agradecido por todo lo que habéis dicho, Su Santidad… Dios bendiga a la Iglesia del Papa Shenouda. Gracias”[83].

En otras palabras, Juan Pablo II dijo: “Dios bendiga a la Iglesia cismática”. Esto es un rechazo de la fe católica. La Escritura nos dice específicamente que no se puede saludar (en otras palabras decirle, “Dios le bendiga”) a los herejes.

“Si alguno viene a vosotros y no lleva esta doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis, pues el que le saluda comunica sus malas obras” (II Juan, 10).

Decir “Dios bendiga” a una falsa Iglesia, es pedirle a Dios que se multiplique y se propague esa secta falsa.

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“El Papa respalda nueva catedral – La iglesia ortodoxa rumana ha aumentado en un 40% los fondos necesarios para la construcción de una catedral en Bucarest, incluyendo una contribución de $100.000 dólares de parte del Papa Juan Pablo II, dijo un funcionario ortodoxo”.

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Juan Pablo II y Teoctist (el patriarca cismático de Rumania) en una declaración conjunta en la que renuncian mutuamente por la conversión del otro

El 12 de octubre de 2002, Juan Pablo II y el patriarca cismático de Rumania renunciaron conjuntamente a tratar de convertirse unos a otros en una declaración conjunta. Ellos declararon: “Nuestro objetivo y nuestro ferviente deseo es la comunión plena, que no es la absorción...”[84]. Esto es lo contrario a la conversión. Juan Pablo II usó frecuentemente la frase “ni absorción ni fusión” para indicar que la unidad con los cismáticos no es por medio de su conversión. Recuérdese que esta frase fue usada con el mismo significado en la Declaración Balamand (citada anteriormente) con el cismático “ortodoxo”.

Teoctist, el patriarca cismático de Rumania, reveló en 1999 que Juan Pablo II hizo una gran donación a su Iglesia no católica([85]). ¡El servicio de noticias Zenit y otros reportaron (véase imagen arriba) que la donación de Juan Pablo II al patriarca cismático fue de US$100.000!

“El clero ortodoxo de Rumania, dijo hoy que Juan Pablo II ha donado US$100.000 para la construcción de una catedral ortodoxa, la que podrá albergar hasta 2.000 personas, reportó Agencia France-Presse”[86].

Papa Inocencio III, IV Concilio de Letrán, constitución # 3 sobre los herejes, 1215: “Determinamos someter a excomunión a los creyentes que reciban, defiendan, o apoyen a los herejes[87].

En su discurso en el mismo día de su declaración conjunta, Juan Pablo II le dijo lo siguiente al patriarca cismático Teoctist: “El objetivo es… alcanzar la unidad, la que no implica ni absorción ni fusión[88].

Por consiguiente, Juan Pablo II públicamente ha asegurado una y otra vez a sus oyentes que los católicos no deben tratar de convertir a los no católicos y que la fe católica no es necesaria para alcanzar la salvación.

Papa Pío IX, Nostis et nobiscum, # 10, 8 de diciembre de 1849: “En particular hay que procurar que los mismos fieles tengan fijo en sus almas y profundamente grabado el dogma de nuestra santa Religión de que es necearía la fe católica para obtener la eterna salvación”[89].

De hecho, en el mismo discurso al patriarca cismático de Rumania, Juan Pablo II hizo esta increíble declaración:

“Por su parte, la Iglesia católica reconoce la misión a la que están llamadas las Iglesias ortodoxas en los países donde ella se ha arraigado desde hace siglos. Ella no desea más que ayudar a esta misión…”[90].

¡Esto en cuanto al papado! ¡Esto en cuanto a los últimos 1000 años de declaraciones dogmáticas que los cismáticos rechazan! ¡Esto en cuento al divorcio y las segundas nupcias! Y esto en cuanto a la Iglesia católica, según Juan Pablo II. Según este apóstata, todo esto no significa nada y de hecho no debe creerse porque la “Iglesia” no desea más que mantener a estas personas en el cisma y fuera de sus enseñanzas.

Papa Gregorio XVI, 27 de mayo de 1832: “No os engañéis, mi hermano; quien sigue a un cismático, no obtendrá la herencia del reino de Dios”[91].

Papa León XII, Quod hoc ineunte, # 8, 24 de mayo de 1824: “Nos dirigimos a todos vosotros que todavía estáis apartados de la verdadera Iglesia y del camino a la salvación. En este júbilo universal, una cosa falta: que habiendo sido llamados por la inspiración del Espíritu celestial y habiendo roto todo lazo decisivo, podáis estar de acuerdo sinceramente con la Madre Iglesia, fuera de cuyas enseñanzas no hay salvación”[92].

Papa León XII, Ubi primum, # 14, 5 de mayo de 1824: “Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros… porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo… Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia”[93].

Papa Pío XI, Mortalium animos, # 11, 6 Enero 1928: “Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la fe, el templo de Dios; quienquiera que en él no entre o de él salga, ha perdido la esperanza de vida y de salvación”[94].

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Aquí vemos a Juan Pablo II y el patriarca cismático Teoctist sentados en sillas al mismo nivel

Esta es otra acción por la cual Juan Pablo II manifestó que él aceptó la herejía “ortodoxa” de que todos los obispos son iguales. Juan Pablo II declaró que está bien negar la primacía del obispo de Roma.

En el verano de 2003, Juan Pablo II repudió de nuevo el proselitismo para con los cismáticos orientales.

Juan Pablo II, exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in Europa, 28 de junio de 2003: “Al mismo tiempo, quiero asegurar una vez más a los pastores y nuestros hermanos y hermanas de las iglesias ortodoxas que la nueva evangelización de ninguna manera debe confundirse con proselitismo…”[95].

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 4, cap. 3, ex cathedra: “Enseñamos, por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras… Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación”[96].

Esta definición infalible del Vaticano I declara que todo el que se desvíe del dogma del papado (que el Papa de Roma tiene el poder soberano en la Iglesia de Cristo), como los cismáticos “ortodoxos” y los protestantes no pueden conservar la fe y salvarse. En cambio, Juan Pablo II nos dice que los cismáticos “ortodoxos” y los protestantes no sólo pueden conservar la fe y la salvación al tiempo que niegan el papado, sino que no deben creer en el papado. Él fue un completo hereje que rechazó este dogma del Concilio Vaticano I.

Juan Pablo II declara unidad de fe y comunión con las sectas no católicas

En su encíclica Ut unum sint, Juan Pablo II declaró 16 veces que su “Iglesia” está en comunión con las sectas no católicas, y que tiene la misma fe que las sectas no católicas 8 veces.

Juan Pablo II, Ut unum sint # 62, 25 de mayo de 1995, hablando del cismático y no-católico patriarca de Etiopía: “Con el venerable patriarca de la Iglesia de Etiopía, Abuna Paulos, que me visitó en Roma el 11 de junio de 1993, hemos puesto de relieve la profunda comunión existente entre nuestras dos Iglesias: ‘Compartimos la fe transmitida por los Apóstoles,… además, podemos afirmar que profesamos la misma fe en Cristo…’”[97].

Papa San León Magno, Sermón 129: “Dondequiera que sea, ya que fuera de la Iglesia católica nada existe perfecto, nada puro… Nos no somos de ningún modo comparados con los que se separan de la unidad del Cuerpo de Cristo; no estamos en comunión[98].

Cuando Juan Pablo II afirma que él tiene la misma fe y comunión con las sectas no-católicas, él está afirmando que no es católico.

Juan Pablo II dio una reliquia al cismático Karekin II, y declaró que
su secta es la “Esposa de Cristo”

Juan Pablo II también le dio a Karekin II, jefe de la Iglesia cismática de Armenia, una reliquia de San Gregorio el Iluminador.

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Juan Pablo II da una reliquia de San Gregorio el Iluminador al jefe de la “Iglesia” cismática de Armenia

Juan Pablo II, Homilía al patriarca cismático Karekin II, 10 de noviembre de 2000: “Estoy muy contento de regresar a Su Santidad una reliquia de San Gregorio el Iluminador… La reliquia será colocada en una nueva catedral que se está construyendo… Mi esperanza es que la nueva catedral se adornará con la belleza aún mayor de la Esposa de Cristo de Armenia[99].

San Gregorio el iluminador (257-332 d.C.) fue el apóstol de Armenia, quien propagó la verdadera fe cristiana (la fe católica en Armenia).

“Trabajando en estrecha colaboración, el rey Tiridates y San Gregorio el Iluminador destruyeron todos los antiguos templos paganos en Armenia, comenzando con los de la diosa Anahit y el dios Tir. En su lugar fueron colocadas cruces. Un gran número de personas fueron bautizadas”[100].

Al entregar la reliquia de este gran apóstol cristiano de Armenia a los cismáticos, Juan Pablo II estaba indicando claramente que él considera que los cismáticos profesan la verdadera fe cristiana, la verdadera fe que tuvo San Gregorio el Iluminador. Además, en la homilía anterior Juan Pablo II llamó “Esposa de Cristo” a la iglesia “ortodoxa” cismática, un título reservado a la Iglesia católica.

La herejía de Juan Pablo II con la secta anglicana

Margaret Clitherow, quien se negó a aceptar la secta anglicana y su “Misa” e invitaba a su hogar a los sacerdotes católicos yendo en contra de las leyes penales, por ello, fue martirizada, aplastada hasta morir debajo de una gran puerta sobre la cual pusieron pesadas cargas. Este estilo de ejecución es tan doloroso que es llamado “castigo severo y cruel”. Ella sufrió todo eso por negarse a aceptar el anglicanismo. Sin embargo, la secta del Vaticano II enseña que los anglicanos son miembros de los “cristianos” que no necesitan convertirse y cuyos falsos “obispos” son en realidad verdaderos obispos de la Iglesia de Cristo. La secta del Vaticano II enseña que su martirio fue inútil.

Juan Pablo II visitó la catedral anglicana y participó del culto de la secta anglicana, lo que constituye herejía formal por acción

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Juan Pablo II hablando en la catedral anglicana de Canterbury en 1982[101]

Juan Pablo II se burló de los mártires ingleses al rezar junto al “arzobispo” anglicano de Canterbury en 1982

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Juan Pablo II rezando junto al hereje y cismático “arzobispo” anglicano de Canterbury, quien no es más que un lego que se hace pasar por obispo

El 29 de mayo de 1982, Juan Pablo II se arrodilló junto al “arzobispo” de Canterbury, Robert Runcie en “oración conjunta”, lo que constituye una burla al martirio de tantos santos católicos, que derramaron valientemente su sangre al no aceptar la falsa secta anglicana o a participar en un culto falso.

Papa Pío IX, Neminem vestrum, # 5, 2 de febrero de 1854: “…queremos que sepáis que los mismos monjes nos enviaron una espléndida profesión y declaración de la fe y doctrina… Pues no sólo con elocuentísimas expresiones profesan con espíritu animoso y decidido que acatan todas las ordenaciones y decretos de los Romanos Pontífices y Sagradas Congregaciones sea que ya estén publicados o que en adelante se publicaren y en particular las que vetan communicatio in divinis (la comunicación en las cosas divinas) con los cismáticos…”[102].

Juan Pablo II concedió la cruz pectoral al jefe de la secta anglicana, quien es un simple lego

En 2003, Juan Pablo II concedió la cruz pectoral a Rowan Williams, el “arzobispo” anglicano de Canterbury.

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Juan Pablo II besando el anillo de Rowan Williams, el jefe de la secta anglicana, a quien también otorgó la cruz pectoral, a pesar que Williams es un laico

Para los que no saben, la secta anglicana no tiene siquiera sacerdotes y obispos válidos. El Papa León XIII declaró infaliblemente que las ordenaciones anglicanas son inválidas.

Papa León XIII, Apostolicae curae, 13 de septiembre de 1896: “Por propia iniciativa y a ciencia cierta, pronunciamos y declaramos que las ordenaciones hechas en rito anglicano han sido y son absolutamente inválidas y totalmente nulas…”[103].

Los “sacerdotes” y “obispos” anglicanos son, por lo tanto, laicos además de ser herejes y cismáticos. A pesar de ello, después de la elección del nuevo “arzobispo” de Cantorbery (Rowan Williams), ¡Juan Pablo II le envió una cruz pectoral y un telegrama de aprobación a este hereje lego! Esto es tan herético que casi no hay palabras para describirlo.

“Arzobispo” anglicano de Canterbury Rowan Williams a Juan Pablo II, 4 de octubre de 2003: “En 1966 el Papa Paulo VI le entregó al arzobispo Michael Ramsey su propio anillo episcopal, el que ha sido atesorado por sus sucesores y que yo uso hoy. Me complace agradeceros por vuestro regalo personal, una cruz pectoral, que me envió con motivo de mi entronización a principios de este año. Al tomar cargo de mi nuevo ministerio aprecio profundamente ese signo de tarea compartida…”[104].

La cruz pectoral es un símbolo católico tradicional de la autoridad episcopal. Al otorgarle la cruz pectoral al apóstata Rowan Williams – que también está a favor del sacerdocio de las mujeres y de la ordenación de los homosexuales –, por esa acción, Juan Pablo II no sólo negó rotundamente la definición infalible de León XIII de que las ordenaciones anglicanas son inválidas, sino que también hizo una burla completa de los dogmas católicos sobre el papado y la Iglesia de Cristo.

¡Y lo que hace aún más increíble esta acción de Juan Pablo II es el hecho de que al mismo Williams se le prohibió hacer los servicios de “comunión” en 350 parroquias anglicanas por su opinión a favor del sacerdocio de mujeres![105] Pero esto no detuvo a Juan Pablo II; él sólo siguió adelante con su apostasía.

Juan Pablo II incluso indicó que el lego no católico Williams es el legítimo obispo de la “sede de Canterbury”.

Juan Pablo II, “Al reverendísimo y muy honorable Rowan Williams, arzobispo de Canterbury”, 4 de octubre de 2003: “Estos encuentros han buscado renovar los vínculos entre la sede de Canterbury y la sede Apostólica… Es la fidelidad a Cristo que nos obliga a continuar en la búsqueda de la plena unidad visible y encontrar las formas adecuadas de participación, siempre que sea posible, en testimonio y misión comunes… Ruego por una renovada efusión del Espíritu Santo sobre vosotros… Que Dios os guarde, cuide y os guíe siempre en el ejercicio de sus altas responsabilidades[106].

Como se indicó anteriormente, durante su reunión con Rowan Williams, Juan Pablo II también besó su anillo, lo que demuestra una vez más que Juan Pablo II reconoció a este lego no católico como siendo un legítimo obispo en la Iglesia de Cristo. Juan Pablo II se burló de Jesucristo, de la Iglesia católica y de los mártires ingleses que sufrieron horribles torturas por rechazar abandonar el catolicismo y hacerse anglicanos. Con esta acción, Juan Pablo II rechazó la enseñanza de la Iglesia católica sobre el episcopado, la ordenación, la sucesión apostólica y la unidad de la Iglesia.

Juan Pablo II visitó el templo luterano

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Juan Pablo II en el templo luterano en 1983

En 1983, Juan Pablo II visitó un templo luterano por ocasión de los 500 años del natalicio de Martín Lutero. Esta es otra acción herética – participar en una ceremonia de culto de una religión no-católica y celebrar a un heresiarca – que prueba absolutamente que Juan Pablo II no era católico.

Juan Pablo II elogió a Lutero, Calvino, Zwinglio y Hus

Juan Pablo II también elogió a los enemigos más grandes que la Iglesia católica haya jamás conocido, incluyendo a los revolucionarios protestantes Lutero y Calvino. En octubre de 1983, Juan Pablo II hablando de Martín Lutero declaró: “Nuestro mundo experimenta incluso hoy su impacto en la historia[107]. Y el 14 de junio de 1984, Juan Pablo II elogió a Calvino como alguien que quería “hacer que la Iglesia fuera más fiel a la voluntad del Señor”[108]. Elogiar a los peores herejes de la historia de la Iglesia es ir más allá de la herejía.

Papa Gregorio XVI, Encíclica, 8 de mayo de 1844:
“Pero más tarde se requirió aún más atención cuando los luteranos y calvinistas se atrevieron a oponerse a la doctrina inmutable de la fe con una variedad de errores casi increíble. Ellos no ahorraron medio algunos para engañar a los fieles con las perversas explicaciones de los libros sagrados…”[109].

Juan Pablo II también elogió a los conocidos herejes Zwinglio y Hus. Incluso fue tan lejos como para decir que Juan Hus, quien fue condenado como hereje por el Concilio de Constanza, ¡fue un hombre de “integridad personal infalible”[110]!

Juan Pablo II aprobó el acuerdo entre el Vaticano y los luteranos sobre la justificación

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El 31 de octubre de 1999, el “cardenal” Edward Cassidy y el “obispo” luterano Christian Krause se dan la mano al firmar la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación en Augsburgo, Alemania. Este acuerdo, que fue aprobada por Juan Pablo II enseña: que la justificación viene por “la sola fe” (anexo 2, C), que los cánones del Concilio de Trento ya no se aplican a los luteranos (# 13), que ninguna de las enseñanzas luterana en la declaración conjunta, incluyendo la herejía de la justificación por la sola fe y las otras numerosas herejías luteranas, están condenadas por Trento (# 41). En resumen, este acuerdo entre la “Iglesia” de Juan Pablo II y la secta luterana rechaza totalmente el Concilio dogmático de Trento. Ella es una verás declaración de que la secta de Juan Pablo II es una secta protestante (más adelante hay una sección dedicada a este acuerdo increíblemente herético).

Juan Pablo II, 19 de enero de 2004, En una reunión con los luteranos de Finlandia: “... quiero expresar mi gratitud por el progreso ecuménico entre católicos y luteranos en los cinco años desde la firma de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación[111].

Juan Pablo II enseñó que los no católicos pueden recibir la comunión

Juan Pablo II también enseñó que los no católicos pueden recibir legalmente la sagrada comunión. El canon 844.3 de su  Código de Derecho Canónico de 1983 establece que:

“Los ministros católicos pueden administrar lícitamente los sacramentos de la penitencia, eucaristía y unción de los enfermos a los miembros de las iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica...”[112].

La idea de que los no católicos pueden recibir legalmente la sagrada comunión o los otros sacramentos es contraria a la enseñanza de 2000 años de la Iglesia católica.

Papa Pío IX, Encíclica, 8 de abril de 1862:
“…. ‘quienquiera que comiere el Cordero y no es miembro de la Iglesia, ha profanado’”[113].

Lo que es particularmente significativo de esta herejía de Juan Pablo II (que es lícito darle la comunión a los no católicos) es el hecho que aquello aparece en el nuevo catecismo párrafo # 1401. Este documento fue promulgado por la llamada suprema autoridad apostólica de Juan Pablo II. En su constitución Fidei Depositum, Juan Pablo II promulgó su nuevo catecismo usando su “autoridad apostólica” para declarar que se trata de una “norma segura para la enseñanza de la fe”.

Juan Pablo II, Fidei Depositum, 11 de octubre de 1992:
“El Catecismo de la Iglesia Católica que aprobé el 25 de junio pasado, y cuya publicación ordeno hoy en virtud de la autoridad apostólica, es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica,… Lo reconozco… como norma segura para la enseñanza de la fe[114].

El catecismo de Juan Pablo II no es norma segura para la enseñanza de la fe. Es una norma segura para la enseñanza de la herejía. Por lo tanto, ya que Juan Pablo II pretendió de haber hablado desde la cátedra de Pedro que su catecismo es norma segura para la enseñanza de la fe (cuando no lo es), sabemos que con ello se ve que él no está sentado en la cátedra de Pedro. Un Papa no puede errar cuando habla desde la Sede Apostólica, esto es, con su autoridad apostólica de la cátedra de Pedro.

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, ex cathedra: “… la Sede Apostólica, que guardó siempre sin mácula la religión católica, y fue celebrada la santa doctrina”[115].

Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, ex cathedra:
“Así, pues, este carisma de la verdad y de la fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta cátedra…”[116].

Esta herejía de que a los no católicos se les permita recibir la sagrada comunión fue también enseñada en el Concilio Vaticano II, como ya hemos tratado. Juan Pablo II también se refirió a esta enseñanza con la aprobación de Ut unum sint.

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 58, 25 de mayo de 1995: “En función de los estrechísimos vínculos sacramentales existentes entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas… la Iglesia católica, según las circunstancias de tiempos, lugares y personas, usó y usa con frecuencia un modo de actuar más suave, ofreciendo a todos medios de salvación y testimonio de caridad entre los cristianos, mediante la participación en los sacramentos y en otras funciones y cosas sagradas… No se debe perder nunca de vista la dimensión eclesiológica de la participación en los sacramentos, sobre todo en la sagrada Eucaristía[117].

Él señala la “dimensión eclesiológica” de la participación en los sacramentos con los “ortodoxos”. Con ello, él quiere decir que los cismáticos “ortodoxos” son parte de la misma Iglesia.

Juan Pablo II enseñó que las sectas no católicas son un medio de salvación

Siguiendo al Vaticano II, Juan Pablo II también enseñó que las sectas no católicas son un medio de salvación, lo cual es una herejía.

Juan Pablo II, Nuevo Catecismo, párrafo 819, hablando de las Iglesias no católicas: “El Espíritu de Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación…”[118].

Papa Pío IV, profesión de fe, Concilio de Trento, ex cathedra: “Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo…”[119].

Juan Pablo II enseñó que las sectas no católicas tienen santos y mártires

Juan Pablo II enseñó repetidamente que las sectas no católicas tienen santos y mártires.

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995, hablando de las “Iglesias” no católicas: “La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, QUE LES ABRIERON LA ENTRADA EN LA COMUNIÓN DE LA SALVACIÓN”[120].

Esta es una herejía innegable, claramente manifiesta. Es un artículo de fe divina y católica que quienes no están en la Iglesia católica, incluso si derramaran la sangre en nombre de Cristo, no se pueden salvar.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, ex cathedra:
“…nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica”[121].

Este dogma definido solemnemente en el Concilio de Florencia fue repetido por el Papa Pío XI:

Papa Pío XI, Rappresentanti en terra, # 99, 31 de diciembre de 1929: “Se destaca notablemente en la vida de numerosos santos, a quienes la Iglesia, y ella sola, produce, en quienes se realiza perfectamente la finalidad de la educación cristiana…”[122].

Es imposible imaginar una negación más específica y explícita de este dogma particular que la hecha por Juan Pablo II en Ut unum sint # 84, citada arriba.

Papa Gregorio XVI, Summo iugiter studio, 27 de mayo de 1832:
“Finalmente, algunas de estas personas descarriadas intentan persuadirse a sí mismos y a otros que los hombres no se salvan sólo en la religión católica, sino que incluso los herejes pueden obtener la vida eterna[123].

Por favor, nótese además que el hereje manifiesto Juan Pablo II declara en Ut unum sint # 84 que no solo hay “santos” en las Iglesias no católicas (herejía manifiesta), sino que él va más allá al declarar que tales sectas no católicas “les abrieron la entrada” de la salvación: “las iglesias y comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación”.

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 83, 25 de mayo de 1995:
“Todas las comunidades cristianas saben que una exigencia y una superación de este tipo, con la fuerza que da el Espíritu, no están fuera de su alcance. En efecto, todas tienen mártires de la fe cristiana[124].

Juan Pablo II, Discurso al patriarca cismático no católico Karekin II, 9 de noviembre de 2000:
“Una vez más, agradezco a usted, Santidad, por su disposición a formar parte de la liturgia en la persona de su representante. En efecto, ‘tal vez la forma más convincente del ecumenismo es el ecumenismo de los santos y de los mártires. La communio sanctorum habla más fuerte que las cosas que nos dividen’”[125].

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 1, 25 de mayo de 1995:
“El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”[126].

Juan Pablo II, Salvifici doloris, # 22, 11 de febrero de 1984:
“La resurrección de Cristo ha revelado ‘la gloria del siglo futuro’ y, contemporáneamente, ha confirmado ‘el honor de la Cruz’: aquella gloria que está contenida en el sufrimiento mismo de Cristo, y que muchas veces se ha reflejado y se refleja en el sufrimiento del hombre, como expresión de su grandeza espiritual. Hay que reconocer el testimonio glorioso no sólo de los mártires de la fe, sino también de otros numerosos hombres que a veces, aun sin la fe en Cristo, sufren y dan la vida por la verdad y por una justa causa. En los sufrimientos de todos éstos es confirmada de modo particular la gran dignidad del hombre”[127].

Juan Pablo II, Discurso de ángelus, 19 de septiembre de 1993:
“En el espacio sin límites de Europa oriental, la Iglesia ortodoxa también puede decir al final de este siglo lo que los Padres de la Iglesia ha proclamado acerca de la propagación inicial del Evangelio: 'Sanguis martyrum - semen Christianorum' [la sangre de los mártires es la semilla de cristianos]”[128].

Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, # 37, 10 de noviembre de 1994:
“El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, como revelaba ya Pablo VI en la homilía de la canonización de los mártires ugandeses”[129].

Juan Pablo II, Tertio millennio adveniente, # 37, 10 de noviembre de 1994:
“… es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio,recogiendo para ello la documentación necesaria. Esto ha de tener un sentido y una elocuencia ecuménica. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez el más convincente. La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de división”[130].

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995:
“Si nos ponemos ante Dios, nosotros cristianos tenemos ya un martirologio común. Este incluye también a los mártires de nuestro siglo, más numerosos de lo que se piensa…”[131].

Juan Pablo II, Ut unum sint, # 84, 25 de mayo de 1995:
“En la irradiación que emana del ‘patrimonio de los santos’ pertenecientes a todas las comunidades, el ‘diálogo de conversión’ hacia la unidad plena y visible aparece entonces bajo una luz de esperanza. En efecto, esta presencia universal de los santos prueba la trascendencia del poder del Espíritu”[132].

Juan Pablo II, Audiencia general, 12 de mayo de 1999: “La experiencia del martirio se unió a los cristianos de varias denominaciones en Rumania. Los ortodoxos, católicos y protestantes dieron un testimonio unido a Cristo por el sacrificio de sus vidas”[133].

Todo esto es herejía pública y formal repetida reiteradamente. ¡Y pensar que algunos “tradicionalistas” tienen la audacia de afirmar que Juan Pablo II nunca negó un dogma! ¡Tanto escándalo y mentira! Esta sola herejía, sin siquiera considerar todas las demás, demuestra que él no fue un católico. Esto demuestra que Juan Pablo II rechazó directamente el dogma solemnemente definido (desde el Concilio de Florencia, citado arriba) de que los no católicos no se pueden salvar aun cuando derramen su sangre por Cristo.

Papa Pelagio II, epístola (2), Vestrae dilectionis, 585:
“No pueden permanecer con Dios los que no quisieren estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado no puede serlo…”[134].

Juan Pablo II aprobó la presencia de niñas en el altar


Juan Pablo II con niñas en el altar

Juan Pablo II también aprobó la práctica de niñas en el altar, una práctica que está muy extendida en la Iglesia del Vaticano II. La presencia de niñas en el altar fue condenada como algo malo por el Papa Benedicto XIV, el Papa San Gelasio y el Papa Inocencio IV.

Papa Benedicto XIV, Encíclica, 26 de julio de 1755:
“El Papa Gelasio en su novena carta a los obispos de Lucania condenó la funesta práctica que había introducido a mujeres sirviendo al sacerdote en la celebración de la misa. Puesto que este abuso se había extendido a los griegos, Inocencio IV lo prohibió estrictamente en su carta al obispo de Tusculum: ‘Las mujeres no se atrevan a servir en el altar; debe ser totalmente rechazado este ministerio’. Nosotros también hemos prohibido esta práctica con las mismas palabras en nuestra tantas veces repetida Constitución…”[135].

Juan Pablo II también “canonizó” a personas que abrazaron totalmente las herejías del Vaticano II, la Nueva Misa y el indiferentismo religioso. Esto es imposible que un verdadero Papa lo haga, puesto que las canonizaciones de un Papa verdadero son infalibles. Esto sirve para demostrar una vez más que Juan Pablo II no fue un verdadero Papa.

Juan Pablo II también condenó las Cruzadas. Las Cruzadas fueron aprobadas solemnemente por cuatro concilios y por más de diez Papas, incluyendo a los Papas Urbano II, Alejandro III, Calisto III, Clemente V y otros.

Juan Pablo II galardonado por los masones


Juan Pablo II recibe a la B'nai B'rith (Logia masónico de Nueva York) el 22 de marzo 1982

En diciembre de 1996, la Logia del Gran Oriente de la Masonería italiana ofreció a Juan Pablo II su mayor condecoración, la Orden de Galilea, como expresión de gratitud por los esfuerzos que él hizo en apoyo de los ideales masónicos. El representante de la masonería italiana señaló que Juan Pablo II mereció el honor porque él promovió “los valores de la masonería universal: la fraternidad, el respeto por la dignidad del hombre, y el espíritu de tolerancia, puntos centrales de la vida de los verdaderos masones”[136].

Juan Pablo II pidió perdón a China roja

El 24 de octubre de 2001, Juan Pablo II pidió perdón a China Roja. Eso es correcto: ¡Juan Pablo II se disculpó ante el régimen satánico comunista de China por los daños supuestamente de los católicos! Incluso elogió la justicia social de la China Roja.

Juan Pablo II, 24 de octubre de 2001: “La Iglesia católica, por su parte, observa con respeto este sorprendente impulso y la planificación con visión de futuro… La Iglesia se interesa mucho por los valores y objetivos que son de fundamental importancia también para la China moderna: la solidaridad, la paz, la justicia social…”[137].

La justicia social en China incluye una política de un solo hijo por familia, que es impuesta por el aborto y la anticoncepción forzada. El Gobierno chino mata a millones de niños cada año, además de encarcelar, torturar y asesinar a los católicos.

Juan Pablo II declaró que la Iglesia católica y China son dos antiguas instituciones “que no se oponen entre sí[138]. Elogiar la justicia social de la China comunista es ir más allá de la herejía, es satánico.

Juan Pablo II promovió la teoría de la evolución

El 22 de octubre de 1996, Juan Pablo II declaró que la evolución era “más que una mera hipótesis[139]. Esto indica que él consideraba que la evolución es verdadera.

Juan Pablo II dijo que el cielo, el infierno y el purgatorio no son lugares reales

En una serie de discursos en el verano de 1999, publicados en el periódico oficial del Vaticano, Juan Pablo II dijo que el cielo, el infierno y el purgatorio no son lugares reales.

En su Audiencia general del 21 de julio de 1999, Juan Pablo II dijo que el cielo no era un lugar real[140].

El 28 de julio de 1999, Juan Pablo II dijo:

1) “Es precisamente esta trágica situación que explica la doctrina cristiana cuando habla de la condenación eterna del infierno. No es un castigo impuesto externamente por Dios, sino un desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida[141].

2) “Mediante el uso de imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los malhechores como un horno ardiente, donde habrá ‘llanto y rechinar de dientes’… Las imágenes del infierno que la Sagrada Escritura nos presenta deben ser interpretadas correctamente. Ellas expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. En vez de un lugar, el infierno indica el estado de aquellos que libremente y definitivamente se alejan de Dios, fuente de toda vida y felicidad”[142].

3) “La condenación eterna sigue siendo una posibilidad real, pero que no tenemos garantizado saber, sin una especial revelación divina, si los seres humanos, ni tampoco cuáles, están efectivamente involucrados en ella. El pensamiento del infierno no debe crear – y mucho menos el uso indebido de imágenes bíblicas –ansiedad o desesperación, sino que es un recordatorio necesario y saludable de la libertad dentro de la proclamación de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace exclamar: ¡Abba, Padre!”[143].

Este discurso de Juan Pablo II, en sí mismo, constituye herejía formal. Él dice que no sabemos si los seres humanos están condenados. Es una verdad divinamente revelada del Evangelio que, en la condenación eterna, están involucrados los seres humanos, como dice Jesús en repetidamente. Por ejemplo:

Mateo 13, 39-42: “A la manera que se recoge la cizaña y se quema en el fuego, así será en la consumación del mundo. Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles y recogerán de su reino a todos los escándalos y a todos los obradores de iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego, donde habrá llanto y crujir de dientes”.

En una breve audiencia a sus compatriotas en polaco, Juan Pablo II recordó la enseñanza del hereje Hans Urs von Balthasar de que “hay un infierno, pero podría estar vacío[144].

El 4 de agosto de 1999, Juan Pablo II dijo que el purgatorio no es un lugar real[145].

Papa Pío IV, Concilio de Trento, sesión 25, 3 a 4 de diciembre de 1563: “La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, ha enseñado, basada en la Sagrada Escritura y en la tradición antigua de los Padres, en sus concilios y más recientemente en este sínodo ecuménico, que el purgatorio existe, y que las almas allí detenidas, son socorridas por las oraciones de los fieles y sobre todo por el sacrificio aceptable del altar”[146].

En el encuentro de Asís del 24 de enero de 2002, Juan Pablo II publicó el “Decálogo de Asís”. La palabra Decálogo significa “los diez mandamientos”.

Juan Pablo II, 21 de mayo de 2002: “El Día de la Oración por la Paz en el pasado enero 24, proclamó tomar en serio la necesidad de promover el ‘Decálogo de Asís’, ayudar a crear un mundo más justo y solidario”[147].

Por lo tanto, Juan Pablo II dijo que la gente necesita proclamar los nuevos diez mandamientos que promulgó en Asís.

Juan Pablo II cambió el Rosario


Juan Pablo II ¡¿venerando un pedazo de pan?!

Juan Pablo II también ha cambiado el Rosario. En octubre de 2002, Juan Pablo II añadió cinco nuevos misterios al Rosario, llamados “Misterios Luminosos”. En el documento que promulgó los misterios luminosos, Juan Pablo II declaró:

“Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, no puede dejar de percibir en él la verdad del hombre[148].

Cuando contemplamos los misterios de Cristo, no percibimos en Él la verdad sobre el hombre. Juan Pablo II dijo esto porque él enseñó que el hombre es Dios, y específicamente, que la verdad del hombre es que él es Jesucristo.

Juan Pablo II enseñó que el hombre es Cristo

Juan Pablo II, primera homilía, marcando para siempre el inicio de su ministerio pastoral, el domingo 22 de octubre 1978: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16). Estas palabras fueron pronunciadas por Simón, hijo de Jonás, en la región de Cesarea de Filipo… Estas palabras marcan el comienzo de la misión de Pedro en la historia de la salvación...”.

“En este día y en este lugar esas mismas palabras deben ser pronunciadas y escuchadas de nuevo: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’. Sí, hermanos, hijos e hijas, en primer lugar estas palabras… por favor, escúchenlas una vez más hoy en este lugar sagrado, las palabras pronunciadas por Simón Pedro. En esas palabras está la fe de la Iglesia. En estas mismas palabras está la nueva verdad, en verdad, la verdad última y definitiva acerca del hombre: el Hijo del Dios viviente – ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’”[149].

En su primera homilía como “Papa” en 1978, en el mismo discurso que marcará para siempre el inicio de su ministerio pastoral, el domingo 22 de octubre de 1978 Juan Pablo II proclamó al mundo que el hombre es el Cristo, el Hijo del Dios vivo de Mateo 16, 16. Él incluso dijo que esta es una “verdad nueva” – una nueva verdad que él estaba ahí para revelar. Según Juan Pablo II las palabras de San Pedro “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” sobre nuestro Señor Jesucristo son las palabras que describen la verdad del hombre. Esto es muy significativo, porque demuestra que se han hecho realidad las palabras de nuestra Señora de la Salette.

Nuestra Señora de La Salette, 19 de septiembre de 1846: “Roma perderá la fe y convertirse en la sede de la anticristo… la Iglesia será eclipsada”.

De hecho, Juan Pablo II predicó que el hombre es Cristo en muchas maneras. A veces era muy sutil e inteligente, en otros momentos era muy evidente y audaz. Esto se explica en detalle al final de este libro, pero aquí presentamos sólo algunas citas:

Juan Pablo II, Audiencia general, 22 de febrero de 1984: “… para que las conciencias pueden ser liberadas en la plena verdad del hombre, que es Cristo, ‘paz y misericordia’ para todos”[150].

Juan Pablo II, Homilía, 17 de diciembre de 1991: “Queridos hermanos y hermanas, mirad a Cristo, la Verdad sobre el hombre…”[151].

Juan Pablo II, Homilía, 10 de diciembre de 1989: “… enderezad el camino del Señor y del hombre…”[152].

Juan Pablo II, Homilía, 10 de agosto de 1985: “El día de hoy, en la consagración de vuestra catedral, deseamos ardientemente que ella se convierta en un ‘verdadero templo de Dios y del hombre’...”[153].

Juan Pablo II, 25 de diciembre de 1978: “La Navidad es la fiesta del hombre”[154].

Juan Pablo II, 25 de diciembre de 2001: “… hagamos una pausa en la adoración en la gruta, y la contemplación en el Redentor recién nacido. En Él podemos reconocer el rostro de cada niño que nace…”[155].

Juan Pablo II, 25 de diciembre de 1985: “¿Qué es la gracia? La gracia es precisamente la manifestación de Dios… La gracia es Dios como ‘nuestro Padre’. Es el Hijo de Dios… Es el Espíritu Santo… La gracia es, también, el hombre…”[156].

Juan Pablo II, 31 de marzo de 1991: “Que el respeto al hombre sea total… Todo delito contra la persona es una ofensa contra Dios…”[157].

Juan Pablo II, 24 de enero de 2002: “Atentar contra hombre es, sin duda, atentar contra la Dios”[158].

Juan Pablo II, Discurso al embajador de Túnez, 27 de mayo de 2004, p. 8: “… Por su parte, la modesta comunidad católica que vive en Túnez no tiene otra ambición que dar testimonio de la dignidad del hombre…”[159].

¿La “comunidad católica” de Túnez no tiene otra ambición que dar testimonio de la dignidad del hombre? Esa declaración de Juan Pablo II indica que la comunidad “católica” de Túnez no tiene ningún deseo de convertir a otros no católicos, sino sólo dar testimonio de la dignidad del hombre.

Juan Pablo II, Homilía, 24 de junio de 1988: “… Dios quiere encontrar en el hombre a toda la creación”[160].

Esto significa que en el hombre se puede encontrar toda la creación.

Antipapa Juan Pablo II, Discurso a los Misioneros de la Preciosa Sangre, 14 de septiembre de 2001: “Y en el momento de la Pascua esta alegría llegó a su plenitud como la luz de la gloria divina resplandeció en el rostro del Señor resucitado, cuyas heridas brillan siempre como el sol. Esta es la verdad de quien sois, queridos hermanos…”[161].

Juan Pablo II, Redemptor hominis, 4 de marzo de 1979: “EN REALIDAD, ESE PROFUNDO ESTUPOR RESPECTO AL VALOR Y A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE SE LLAMA EVANGELIO, ES DECIR, BUENA NUEVA. SE LLAMA TAMBIÉN CRISTIANISMO[162].

El Evangelio es Jesucristo (su vida y enseñanza), es la religión de la fe y la moral que Él reveló al mundo. Decir que el Evangelio, la Buena Nueva y el cristianismo son el “profundo estupor respecto al valor y la dignidad del hombre” es equiparar al hombre con Jesucristo; eso es exactamente lo que Juan Pablo II dijo.

Gálatas 1, 8: “Pero aunque uno de nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Juan Pablo II estaba bajo anatema. Él predicó un nuevo evangelio, no el de Jesucristo, sino el del hombre en el lugar del de Cristo – el Evangelio del Anticristo.

Papa Pío X, E Supremi Apostolatus, 4 de octubre de 1903: “… el signo distintivo del anticristo, el hombre se pone con temeridad infinita en el lugar de Dios…”[163].

Juan Pablo II portaba la “cruz torcida”


Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI portaron a una cruz que muy pocos han entendido – la siniestra cruz torcida o quebrada en la que aparece el cuerpo de Cristo como una figura repulsiva y distorsionada. Esta cruz torcida o quebrada fue utilizada por los magos y hechiceros negros en el siglo VI para representar el término bíblico de la “marca de la bestia”. Los satanistas en los siglos quinto y sexto, así como magos negros y brujos de la Edad Media (476  - 1453), la utilizaban como figuras para representar su odio por el cristianismo. El hecho de que se haya usado la cruz quebrada para los propósitos ocultos se puede comprobar en el Museo de la Brujería en Bayona, Francia([164]).

Puntos concluyentes sobre Juan Pablo II

Por tanto, la pregunta que todo el que profese ser católicos debe hacerse es la siguiente: ¿Juan Pablo II fue el jefe de la Iglesia católica? ¿O fue Juan Pablo II, pieza de una religión diferente? Si Juan Pablo II era pieza de una religión diferente - ¿y quién se atrevería a negar esto a la luz de la evidencia clara y contundente que acabamos de presentar? - entonces él no pudo haber sido el jefe de la Iglesia católica.

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia:
“De hecho, sería uno de los más extraños monstruos que se podría ver; que el jefe de la Iglesia no fuera de la Iglesia[165].

Hemos probado fuera de toda duda que Juan Pablo II fue un hereje manifiesto. Puesto que era un hereje, él no pudo haber sido un Papa válidamente elegido. Él fue un antipapa no católico. Como ya hemos citado, el Papa Pablo IV enseñó solemnemente en su bula Cum ex apostolatus officio, del 15 de febrero de 1559, que es imposible que un hereje sea un Papa legítimamente electo.


Notas:
[1] www.cnn.com, archivo del programa de Larry King Live, 4 de abril de 2005.
[2] Denzinger, The Sources of Catholic Dogma [El Magisterio de la Iglesia], B. Herder Book Co. trigésima edición inglesa, 1957, no. 464.
[3] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], edición inglesa, de Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, vol. 5 (1958-1981), p. 255.
[4] The Encyclicals of John Paul II [Las Encíclicas de Juan Pablo II], edición inglesa, Huntington, IN: Our Sunday Visitor Publishing Division, 1996, p. 497.
[5] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 643.
[6] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de julio de 1985, p. 3
[7] Denzinger 795.
[8] L’Osservatore Romano, edición inglesa,23 de junio de 1980, p. 3.
[9] L’Osservatore Romano, edición inglesa,1 de enero de 1979, p. 8.
[10] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 5 (1958-1981), p. 249.
[10] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 517.
[12] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 542.
[13] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 280.
[14] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 7 de mayo de 1984, p. 3.
[15] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 260.
[16] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de mayo de 1984, p. 7.
[17] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 18 de enero de 1995, p. 11.
[18] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 2 (1878-1903), p. 304.
[19] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de abril de 1997, p. 3.
[20] Citado en Abbe Daniel Le Roux, Peter, Lovest Thou Me? [Pedro, ¿Me Amas?], edición inglesa, Angelus Press, 1988, p. 147.
[21] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. I-II, q. 103., a. 4.
[22] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. II-II, q. 12, a. 1, obj. 2.
[23] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 317.
[24] L’Osservatore Romano CD-Rom, edición inglesa, Año 1986, Ciudad del Vaticano, Discurso del ángelus de Juan Pablo II, 12 de octubre de 1986.
[25] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 540.
[26] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 222.
[27] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 29 de mayo de 2002, p. 4.
[28] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), pp. 237-238.
[29] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 502.
[30] Decrees of the Ecumenical Councils [Decretos de los Concilios Ecuménicos], edición inglesa, Sheed & Ward y Georgetown University Press, 1990, vol. 1, pp. 550-553; Denzinger 39-40.
[31] Our Sunday Visitor [Nuestro Visitante Dominical], edición inglesa, 17 de abril de 2005.
[32] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 26 de agosto de 1985, p. 9.
[33] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 316.
[34] Associated Press, “Religious Leaders denounce Extremism” [Líderes religiosos denuncian extremismo], edición inglesa, 29 de octubre de 1999.
[35]Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 625.
[36] Citado por Amleto Giovanni Cicognani, Canon Law [Ley Canónica], edición inglesa, Philadelphia, PA: The Dolphin Press, 1935, p. 177.
[37] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 381.
[38] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 9 de diciembre de 1980, p. 5.
[39] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de marzo de 2000, p. 5.
[40] Von Pastor, History of the Popes [Historia de los Papas], edición inglesa, II, 346; citado por Warren H. Carroll, A History of Christendom [Una Historia de la Cristiandad], vol. 3 (The Glory of Christendom [La Gloria de la Cristiandad]), Front Royal, VA: Christendom Press, 1993, p. 571.
[41] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 29 de marzo de 2000, p. 2.
[42] The Catholic World Report [El Reportaje Mundial Católico], “World Watch”, edición inglesa, junio de 2000, p. 16.
[43] L’Osservatore Romano CD-Rom, edición inglesa, Año 2001, discurso de Juan Pablo II desde la mezquita, 6 de mayo de 2001.
[44] Warren H. Carroll, A History of Christendom (The Building of Christendom), edición inglesa, vol. 2, p. 298.
[45] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 474.
[46] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 23 de octubre de 1989, p. 12.
[47] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de febrero de 1990, p. 12.
[48] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 23 de mayo de 2001, p. 11.
[49] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 12 de mayo de 1999, p. 11.
[50] The Catechism of the Catholic Church [El Catecismo de la Iglesia Católica], edición inglesa, de Juan Pablo II,  St. Paul Books & Media, 1994, p. 223.
[51] Denzinger 73.
[52] Denzinger 712.
[53] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 98.
[54] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 4 (1939-1958), p. 42.
[55] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 9 de diciembre de 1980, p. 6.
[56] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 98.
[57] Documentation Catholique 94 (1997), 1003; citado en The Bible, The Jews and the Death of Jesus [La Biblia, los judíos y la muerte de Jesús], edición inglesa, Bishops’ Committee for Ecumenical and Interreligious Affairs, United States Conference of Catholic Bishops [Comisión Episcopal de asuntos ecuménicos e interreligiosos, Conferencia de obispos católicos de los Estados Unidos], 2004, p. 31.
[58] Boletín du prieure Marie-Reine [195 rue de Bale, 68100 Mulhouse]; tambíen en The Angelus, edición inglesa, marzo-febrero de 2004, p. 70.
[59] The Catechism of the Catholic Church, edición inglesa, #121.
[60] The Sunday Sermons of the Great Fathers [Los Sermones Dominicales de los Grandes Padres], edición inglesa, Chicago: Regnery Press, 1959, vol. 1., p. 92.
[61] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 78.
[62] Darcy O' Brien, The Hidden Pope [El Papa Escondido], New York, NY: Daybreak Books, 1998, pp. 368-369.
[63] http://www.lehman.cuny.edu/lehman/enews/2005_09_26/feat_pac.html
[64] Gilbert Levine, entrevista con el programa de televisión CBS’s 60 Minutes [60 Minutos de CBS].
[65] Romano Amerio, Iota Unum, edición inglesa, Kansas City, MO: Angelus Press, 1998, p. 578.
[66] www.cnn.com, archivo del programa de Larry King Live, 4 de abril de 2005.
[67] Catholic Family News, Niagra Falls, NY, septiembre de 2002, p. 3.
[68] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 2001.
[69] L’ Osservatore Romano, 29 de mayo de 2002, p. 5.
[70] Directory for the Application of the Principles and Norms of Ecumenism, por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, edición inglesa Boston, MA: St. Paul Books & Media, pp. 78-79.
[71] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 57.
[72] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 58.
[73] Adista, 26 de febrero 2001.
[74] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 4 (1939-1958), p. 93.
[75] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 4 (1939-1958), p. 95.
[76] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], edición inglesa, vol. 4 (1939-1958), p. 99.
[77] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 4 (1939-1958), p. 100.
[78] Information Service 84 (1993/III-IV) 145; http://www.cnewa.org/ecc-bodypg- us.aspx?eccpageID=82&IndexView=alpha#footnote45
[79] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 317.
[80] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 27 de enero de 1993, p. 2.
[81] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 2 (1878-1903), p. 399.
[82] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 248.
[83] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de marzo de 2000, p. 5.
[84] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de octubre de 2002, p. 5.
[85] Revista America, “A New Chapter in Catholic-Orthodox Relations” [Nuevo capítulo en las relaciones católicos-ortodoxas], edición inglesa, 3-10 de Julio de 1999, vol. 181, No. 1
[86] Zenit.org, 2 de noviembre de 2000.
[87] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 234.
[88] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de octubre de 2002, p. 4.
[89] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 297 y nota 4.
[90] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de octubre de 2002, p. 4.
[91] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 230.
[92] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 207.
[93] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 201.
[94] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 318.
[95] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de julio de 2003, p. V.
[96] Denzinger 1827.
[97] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 953.
[98] Citado en Sacerdotium, # 2, edición inglesa, Instauratio Catholica, Madison Heights, WI, p. 64.
[99] L’Osservatore Romano, 15 de noviembre de 2000, p. 6/7 – Joint Communique of John Paul II and Catholicos Karekin II.
[100] Warren H. Carroll, A History of Christendom, edición inglesa, Christendom Press, 1985, vol. 1, p. 539.
[101] 30 Days Magazine, edición inglesa, noviembre de 1996.
[102] The Papal Encyclicals, Vol. 1 (1740-1878), p. 321.
[103] Denzinger 1966.
[104] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 8 de octubre de 2003, p. 9.
[105] CWNews, 8 de septiembre de 2003.
[106] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 8 de octubre de 2003, p. 9.
[107] L’Osservatore Romano, 14 de noviembre de 1983, p. 9.
[108] L’Osservatore Romano, 9 de julio de 1985, p. 5.
[109] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 268.
[110] 30 Days Magazine, edición inglesa, revista No. 7-8, 1995, p. 19.
[111] L’Osservatore Romano, 28 de enero de 2004, p. 4.
[112] Código de Derecho Canónico (1983), Un Texto y Comentario, edición inglesa, por encargo de Canon Law Society of America, editado por James A. Coriden, Thomas J. Green, Donal E. Heintschel, Mahwah, NJ: Paulist Press, 1985,  p. 609.
[113] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 364.
[114] The Catechism of the Catholic Church, de Juan Pablo II, edición inglesa, p. 5.
[115] Denzinger 1833.
[116] Denzinger 1837.
[117] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 950.
[118] The Catechism of the Catholic Church, edición inglesa, p. 216
[119] Denzinger 1000.
[120] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 965.
[121] Denzinger 714.
[122] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 368.
[123] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 229.
[124] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 965.
[125] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 15 de noviembre de 2000, p. 5
[126] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 914.
[127] Salvifici Doloris, Carta apostolica de Juan Pablo II, edición inglesa, 11 de febrero de 1984, Pauline Books, p. 35.
[128] L’Osservatore Romano CD-Rom, año 1993, Discuros angelus de Juan Pablo II, 9 de septiembre de 1993.
[129] L’Osservatore Romano CD-Rom, año 1994, Tertio Millennio Adveniente de Juan Pablo II, 10 de noviembre de 1994.
[130] L’Osservatore Romano CD-Rom, año 1994, Tertio Millennio Adveniente de Juan Pablo II, 10 de noviembre de 1994.
[131] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 965.
[132] The Encyclicals of John Paul II, edición inglesa, p. 965.
[133] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de mayo de 1999, p. 11.
[134] Denzinger 247.
[135] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], edición inglesa, vol. 1 (1740-1878), p. 64.
[136] The Remnant, edición inglesa, St. Paul, MN, 30 de abril de 2000, p. 6.
[137] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de octubre de 2001, p. 3.
[138] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 31 de octubre de 2001, p. 4.
[139] Declaración de la Academia Pontificia de las Ciencias, 22 de octubre de1996, versión original en frances.
[140] National Catholic Register [Registro Nacional Católico], Mt. Morris, IL, 1-7 de agosto de 1999, p. 4.
[141] L' Osservatore Romano, edición inglesa, 4 de agosto de 1999, p. 7.
[142] L' Osservatore Romano, edición inglesa, 4 de agosto de 1999, p. 7.
[143] L' Osservatore Romano, edición inglesa, 4 de agosto de 1999, p. 7.
[144] National Catholic Register, edición inglesa, 8-14 de agosto de 1999.
[145] National Catholic Register, 15-21 de agosto de 1999, p. 5.
[146] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 2, p. 774.
[147] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de junio de 2002, p. 9.
[148] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 23 de octubre de 2002, p. 5.
[149] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de noviembre de 1978, p. 1.
[150] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 27 de febrero de 1984, p. 1.
[151] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 8 de enero de 1992, p. 9.
[152] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 22 de enero de 1990, p. 6.
[153] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de septiembre de 1985, p. 3.
[154] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de enero de 1979, p. 1.
[155] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de enero de 2002, p. 1.
[156] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 6 de enero de 1986, p. 1.
[157] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de abril de 1991, p. 1.
[158] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 30 de enero de 2002, p. 6 y 7.
[159] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de junio de 2004, p. 8.
[160] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 29 de agosto de 1988, p. 10.
[161] L’ Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de septiembre de 2001, p. 10.
[162] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 5 (1958-1981), pp. 251-252.
[163] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903-1939), p. 6.
[164] Piers Compton, The Broken Cross [La Cruz Torcida], edición inglesa, p. 72
[165] San Francisco de Sales, The Catholic Controversy, edición inglesa, Rockford, IL: Tan Books, 1989, p. 45.