12 oct. 2007

Autenticidad de los evangelios

El texto de los Evangelios se nos ha transmitido literalmente en lo esencial. Es cierto que no poseemos los originales. Pero lo mismo ocurre con todos los escritores de aquel tiempo. Esto se debe a la fragilidad del material sobre el que entonces se escribía. El texto sagrado se copiaba con tanto interés y se guardaba con tanto cariño, que por eso no existe ningún libro de aquel tiempo que se le pueda comparar en número y calidad de manuscritos.

Aquella generación cristiana que había presenciado los hechos que se narran en los Evangelios, los encontraban tan correctamente relatados, que los copiaban a mano (entonces no había imprenta) y los transmitían de generación en generación, de modo que hoy tenemos de los Evangelios más copias que de ningún otro libro de aquel tiempo.

A nadie se le ocurre dudar de la autenticidad de las obras de los clásicos latinos César, Cicerón, Horacio y Virgilio. A pesar de que -aunque todos ellos vivieron tan sólo 50 años antes de Jesucristo - no conservamos, ni con mucho, las pruebas que conservamos de los Evangelios. El autor clásico, contemporáneo de Jesucristo, de quien conservamos mejores documentos es Virgilio. Pues bien, de Virgilio sólo tenemos tres códices unciales. En cambio de los Evangelios tenemos doscientos diez. ¡Superioridad aplastante!

De Platón los manuscritos que conservamos son 1500 años posteriores a él. De Aristóteles que vivió 300 años antes de Cristo, cuyo «Tratado de Lógica» sigue siendo hoy día la base de todo razonamiento filosófico, el manuscrito más antiguo que conservamos es 1400 años posterior a él.

El gran historiador contemporáneo de fama mundial, Menéndez Pidal, Premio March, que murió en 1968, en su «Historia de España», en treinta tomos, de la Editorial Espasa Calpe, fundamenta algunas de sus afirmaciones en la obra «Germania» del historiador romano Tácito, posterior a Cristo pues murió el año 120. Pues bien, de la Germania de Tácito, el códice más antiguo que se conserva es 1340 años posterior a él. Del historiador griego Polibio, que murió 120 años antes de Cristo y de quien Mommsen, Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Berlín y Premio Nobel, dice que a él es a quien deben las generaciones posteriores, incluso la nuestra, los mejores documentos acerca de la marcha de la civilización romana, el manuscrito más antiguo que de él conservamos es 1067 años posterior a su muerte.

En cambio, de los Evangelios conservamos manuscritos muy próximos a ellos. El Evangelio de San Juan se escribió el año 95; pues bien, en 1935 se descubrió el papiro Rylands sobre este Evangelio que se conserva en Manchester. Fue adquirido en 1920 por B.P.Granfell para el librero John Rylands que, según los especialistas, se escribió hacia el año 130, tan sólo 35 años después. ¡Esto es maravilloso! El papiro Bodmer II, que se conserva en la Biblioteca de Cologny, en Ginebra, y que contiene casi en su totalidad el Evangelio de San Juan, es 100 años posterior a él y fue publicado en 1956 por V. Martín. De los tres siglos posteriores a Jesucristo se conservan treinta papiros. Esto es un caso único en toda la historiografía grecorromana.

El descubrimiento de los papiros 7Q5 encontrados en la cueva del Qumrán (Mar Muerto) en 1947, confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado durante diecinueve siglos: la historicidad de los Evangelios.

Recientemente el Dr. Carsten Peter Thiede ha publicado en la revista alemana «Zeitschrift Für Papyrologie», especializada en papirología, haber descubierto un papiro con un fragmento del capítulo veintiséis del Evangelio de San Mateo, escrito en el siglo I de nuestra Era. Se trata del «Magdalen Cr. de Roma 17», por encontrase en la Biblioteca del Colegio de la Magdalena de Oxford. Fue donado a este Colegio por el Rvdo. Charles B. Huleat, antiguo alumno de este Colegio, que había sido capellán de la Iglesia Británica de Luxor, en Egipto(426). Allí se lo compró a un anticuario.

Son tres fragmentos de Mateo escritos el año 70. En la Navidad de 1994 la noticia salta a la primera página del The Times. Hace unos meses Thiede ha publicado un libro sobre el tema: "Testigo ocular de Jesús". Su lectura es un verdadero placer intelectual y espiritual.

El Padre B. Manzano, S.I., que ha escrito la vida documentada de Jesucristo más moderna que tenemos en castellano, y que es un especialista en temas de Palestina, da estas fechas en las que probablemente se escribieron los tres Evangelios sinópticos:

El Evangelio de San Mateo, entre el 37 y el 42.
El Evangelio de San Marcos, entre el 40 y el 45.
El Evangelio de San Lucas, entre el 47 y el 56.
El Evangelio de San Juan, como dije antes, se escribió en el año 95

H.J. Schultz, Profesor de la Universidad de Würtzburg (Alemania) afirma que ningún Evangelio sinóptico fue escrito después del año 70. Esta opinión ha sido apoyada por el célebre exégeta Rudolf Schnackenburg por el peso de las argumentaciones presentadas.

Algunos piensan que si los Evangelios se escribieron varios años después de la muerte de Cristo, quizás no reflejaran con exactitud los dichos de Jesús, sino que tal vez sean una libre reconstrucción. Pero hay que tener en cuenta la costumbre de los hebreos de memorizar la Biblia, el Talmud, la Torá, etc. De este modo podemos tener la garantía de que los textos evangélicos nos acercan al verdadero pensamiento de Jesús y a su propia palabra.

En el siglo II, los Evangelios son confirmados por Papías, discípulo de San Juan; por Clemente Romano, discípulo de San Pedro y Papa del año 91 al año 100; por San Ignacio de Antioquía, también discípulo de San Juan; por San Justino, San Ireneo, Obispo de Lyon y discípulo de San Policarpo, amigo de San Juan; por Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría, el pastor Hermas, etc. Todos ellos del siglo II.El estado de conservación de los manuscritos es excepcional.

De los autores latinos las obras completas más antiguas que conservamos son posteriores al siglo VIII. En cambio, códices evangélicos completos, de los siglos IV al VI, se conservan setenta y ocho. Y los Evangelios se citaban con tal frecuencia que solamente con las citas que existen en las obras de siete escritores de los siglos II al VI (Justino, Ireneo, Clemente, Orígenes, Tertuliano, Hipólito y Eusebio ) se podrían reconstruir en toda su integridad los cuatro evangelios: se conservan de ellos 26487 citas. Por todo esto, el gran crítico inglés en literatura clásica, B.H.Streeter, confiesa que los Evangelios (en cuanto a su autenticidad) tienen la posición más privilegiada que existe entre todas las obras de la antigüedad.

Por tanto, quien no admite lo que dicen los Evangelios, no tiene derecho a creer en nada de la Historia Antigua, pues las cosas que nos dicen los Evangelios nos constan con mucho más rigor que muchísimas de las cosas que admite la Historia de la Antigüedad. Y una de las cosas en que más insisten los Evangelios es en los milagros que Cristo hizo para probar que era Dios. Sobre todo su propia resurrección.

Antes de resucitar a Lázaro, dirigió a su Padre celestial esta breve oración: «Gracias te doy, Padre mío, porque me has oído. Ya sé que siempre me oyes, pero lo digo por el pueblo que me rodea, para que crean que Tú me has enviado».

Los milagros de Jesucristo nos constan por la historicidad y autenticidad de los Evangelios, que se demuestra científicamente muchísimo mejor que la de otros libros de los que no duda ninguna persona culta.

«El prejuicio sistemático de sospecha que ha recaído sobre los Evangelios, durante casi un siglo, recae actualmente, gracias al estudio de los criterios de autenticidad, sobre quienes niegan su autenticidad. Esta inversión de las posiciones no es un retorno a la ingenuidad crítica, sino la consecuencia de que los Evangelios han encontrado de nuevo crédito a los ojos de la crítica histórica». (René La Tourelle: Revista Selecciones de Teología, 15(IV-VI,1976) 118)
Nota de Benito: Las fotografias no corresponden a las citas hechas en el artículo.
Por el Padre Loring

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