4 sept. 2009

Confesarse, cosa de "tridentinos".

Tomado de : infocatolica

EPISTOLAS

MIGUEL VINUESA Leo, apenado, que hay curas que defienden la desaparición de un Sacramento de la Iglesia. La Confesión, Penitencia, reconciliación o como quieran ustedes llamarla, la instituyó, así como la Eucaristía, Nuestro Señor Jesucristo el día de Pascua:

“Recibid el Espíritu Santo a quien perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (Jn 20, 22).

Bueno, pues quien habla contra esto se dice teólogo. Lo llama sacramento “tridentino” en esa nueva moda progre, que tan bien ha descrito Pedro Fernández Barbadillo, de denostar todo lo procedente de aquél largo concilio. Pues bien, fue en la XIV Sesión de dicho concilio, ya bajo el reinado de Julio III, cuando se desarrolla, y se le da la forma que hoy tiene. No debieron hacerlo mal los padres conciliares, si tantos siglos ha permanecido inalterado.

Claro que ese señor (¿cura?) tiene respuestas para todo pues dice que “ha sido instituida por nuestro señor Jesucristo es lo mismo que afirmar que la Curia romana ha sido imaginada y querida por él“. Con una sutil diferencia, pater: la Curia no es sacramento, y en cambio esto sí.

confesion 5De ahí en adelante, la argumentación de Don Ferdinando Sudati roza el surrealismo Daliano al tener que recurrir a otro teólogo (nunca a la fuente, por favor), Domiciano Fernández, para justificar la absolución colectiva.

Digo yo que eso de pisar el confesionario, a Don Ferdinando le parecerá aberrante, y le dedicará poca(s) hora(s) al día, si es que se lo plantea. Pues bien. En vez de despotricar contra un sacramento que varios papas han alabado (Juan Pablo II y Benedicto XVI no van a ser los últimos en hacerlo, creánme), lo que sí podría hacer es recordar las enormes virtudes que otorga este sacramento: que nos devuelve o nos aumenta la gracia santificante: la amistad con Dios; Que nos da fuerzas especiales para evitar el pecado y rechazar las tentaciones y, finalmente que nos da asco y antipatía por todo lo que sea ofender a Dios.

Se podrá argumentar que la gente no se sabe confesar bien. Que no saben qué es pecado y que todo el mundo está muy ‘desnortado’ (qué “tridentino” suena eso ¿verdad?). El remedio frente a eso es una catequesis tan simple que cabe en pocas líneas, que es la preparación a una buena confesión:

Para hacer una buena confesión son necesarias cinco cosas:
1) Un examen de conciencia
2) Arrepentirse de los pecados
3) Propósito de enmienda
4) Confesarse con el sacerdote
5) Cumplir la penitencia que impone el confesor.

¿Y el examen de conciencia? Es recordar los pecado cometidos después de la última confesión bien hecha. Citando otro pasaje bíblico, “Cada uno examine su propia conducta, porque cada cual responderá por sus pecados ante Dios". (Gálatas 6,4).

En resumen, no se puede dinamitar o, como sospecho en este caso, boicotear un sacramento, por el solo hecho de que la gente no acude. La experiencia, y no es un experimento científico, dicta que si pones un confesor antes de misa, lo más probable es que se forme una fila y que la gente haga uso del confesionario.

Siempre estarán los obcecados en no querer ver la realidad. Y es que me da la impresión que últimamente cultivamos muchos teólogos. Dios los cría y ellos se juntan, porque este es el penúltimo fan de Masiá. Lo que veo es que pocos de ellos bajan a la sacristía, a observar a los “cristianos de a pie” que dicen defender frente a las “jerarquías". Pandilla de Caifases frustrados, a los que les da igual lo que pidan esos cristianos, porque ellos saben mucho mejor que “los de a pie” lo que les viene bien. Flor y nata del pensamiento progre, vaya.

Gilbert K. Chesterton defendía mucho mejor que yo este sacramento. Respondiendo a un periodista decía “A su juicio, confesar los pecados es algo morboso. Yo le contestaría que lo morboso es no confesarlos“.

confesion

5 comentarios:

  1. Nada que añadir a lo escrito por Miki Vinuesa, estoy completamente de acuerdo como no puede ser de otra forma para un católico. Estos curillas sabelotodo, listillos, rebotados y "progres relativistas" me tienen realmente harto. Si no les gusta la Iglesia que se vayan, pero que no pretendan desvirtuarla, desnaturalizarla...

    Un abrazo

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  2. ¡Cuánta razón, Hispanicus!
    Pensar que estos "curillas" están perdiéndose, además, la oportunidad de santificarse en los confesionarios, como el Santo Cura de Ars o el Santo Padre Pio...
    En los Sagrados Corazones

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  3. Anónimo12:51:00

    Pienso que de los requisitos que se piden para el sacramento de la Penitencia, el único importante es la "contricción de corazón" cuando uno es consciente de su error y está en el camino de crecer...¿para qué sirve todo lo demás? Es uno mismo el que ha de conocer sus errores y saber perdonarse para tener paz.

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  4. Queridos amigos,

    En primer lugar, gracias por publicar el post en más blogs, y también quiero agradecer a los comentarios de los lectores.

    Estimado anónimo: El infierno (que tan poco se predica) está lleno de conscientes de sus errores. Evidentemente, la contricción del corazón es indispensable para una confesión válida. Si yo no me arrepiento, no me sirve de nada confesarme.

    Pero hay que dar un paso, y no es pequeño, del arrepentimiento a la confesión. Nuestra conciencia nos demanda acudir a ese acto, que es un sacramento, para sentirnos perdonados.

    Porque a nuestro acto le corresponde una penitencia, que nosotros mismos no nos podemos imponer. Nuestro arrepentimiento no nos devuelve la gracia; la confesión sí. Y no hay nada más importante, creo yo, en esta vida que aspirar a ese estado de Santidad.

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  5. Anónimo22:00:00

    yo a pesar que hice la catequesis de grande noto que no se confesarme bien, es decir como es debido, y la realidad es que se promueve muy poco la orientación necesaria, a la larga uno se siente como un tonto al preguntar por eso gracias por sacarme de dudas, el miedo puede alejar a cualquiera de la confesión pero se claramente que sólo así tendré paz.
    cada día hay menos padres que confiesen y es una pena.

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