Mostrando entradas con la etiqueta Sagrado Corazón de Jesús. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sagrado Corazón de Jesús. Mostrar todas las entradas

3 ago 2009

El Detente del Sagrado Corazón de Jesús

Tomado de fatima.org.pe con algunas convenientes adecuaciones.

“He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte de ellos sino ingratitud”






Una devoción más actual y necesaria que nunca, para la efectiva obtención de lo que hace dos mil años todos los verdaderos cristianos piden cuando rezan: «Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»

No es aventurado afirmar que si hoy Nuestro Señor Jesucristo volviera a la Tierra, podría ser nuevamente crucificado. ¿Por qué? ¿Qué motivaría tal extremo de maldad contra Aquel a quien debemos nuestra salvación? ¿Contra Aquel que se ofreció como víctima para redimir los pecados de los hombres? ¿Contra Aquel que sólo desea nuestro bien?

La respuesta se resume en una sola frase: la asombrosa ingratitud de los hombres contemporáneos.

Ingratitud que, debido a nuestros pecados, a la dureza de nuestros corazones, nos impide corresponder al amor del Divino Redentor, que ofreció su vida por nosotros. Que nos impide ser agradecidos, amando sobre todas las cosas a Aquel que tanta dilección tuvo por los hombres y por ellos fue tan poco amado.

Debido a esta falta de correspondencia de la humanidad hacia su Creador, ella se encuentra actualmente sumergida en una corrupción moral generalizada y sin precedentes.

¿Pero abandonaría la Providencia Divina a los hombres, dejándolos entregados a sí mismos, hundidos en su impiedad y depravaciones?

No. A pesar de todas las ofensas contra Aquel que murió por nosotros, la inagotable misericordia de Dios jamás abandona a los hombres, incluso cuando envía sus justos e imprescindibles castigos. Ella nunca deja de dispensar abundantes gracias, estimulando a los pecadores al arrepentimiento. Pero es necesario reparar el pecado cometido, retornar a la observancia de los Mandamientos, y mediante la conversión, alcanzar el perdón y las gracias tan necesarias para una vida virtuosa y la salvación eterna.

Para esto, sin duda, uno de los más eficaces medios es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. De ese adorable Corazón, traspasado por la lanza de Longinos, brotó sangre y agua en lo alto del Calvario, para salvarnos (cf. Juan 19, 34). Y desde entonces, a lo largo del tiempo y hasta nuestros días, a pesar de nuestras ingratitudes, tibiezas y desprecios, las gracias manan abundantes para todos aquellos que sinceramente las desean. Basta que las pidamos con confianza.

“Cuanto más abundó el pecado, tanto más ha sobreabundado la gracia”
(Rom. 5, 20)

Aparición de Nuestro Señor a Santa Margarita María de Alacoque en 1675



Aún actualmente resuenan con un timbre divino, como venidas de la eternidad, las sublimes palabras pronunciadas hace más de tres siglos por el Sagrado Corazón de Jesús a una humilde y privilegiadísima religiosa, Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), del convento de la Visitación de Santa María, en Paray-le-Monial (Borgoña, Francia).

Estaba ella rezando ante el Santísimo Sacramento, el 16 de junio de 1675, cuando Nuestro Señor se le apareció. Y después de un breve diálogo con la religiosa en éxtasis, señalando su propio Corazón le dice: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan.

“Por eso, te pido que se dedique el primer viernes de mes, después de la octava del Santísimo Sacramento, una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor con un acto público de desagravio, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares. Te prometo además que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que den este honor y los que procuren le sea tributado”.1

“El Sagrado Corazón será la salvación del mundo”

Sin embargo, a pesar de todo el celestial atractivo de este llamamiento y de las demás promesas de Paray-le-Monial, vemos que van cayendo en un lamentable olvido. Como católicos, no podemos permanecer ingratos e indiferentes ante esta suprema manifestación de bondad y amor. Hoy más que nunca tenemos una apremiante necesidad de desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús, atender su pedido y defender su culto. Nuestra reparación atraerá la misericordia de Dios y las abundantes gracias indispensables para la salvación de la humanidad, tan distanciada de los preceptos divinos.

“La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino en el Sagrado Corazón de Jesús; es Él que curará todos nuestros males. Predicad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ella será la salvación para el mundo”.2 Esta impresionante afirmación del Bienaventurado Papa Pío IX (1846-1878) al padre Julio Chevalier, fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, mostrando que en esta devoción depositaba toda su esperanza.

Poderosa protección que nos viene del cielo

En anteriores números de Tesoros de la Fe hemos explicado algunos admirables aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En este mes de Junio, que tiene todos sus días consagrados al Sagrado Corazón, y cuya fiesta principal conmemoraremos el día 18, deseamos abordar entre las diversas y magníficas promesas de este adorable Corazón, una que aún no presentamos en estas páginas: la devoción al Detente, el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús.

El Beato Pío IX concedió aprobación definitiva a la devoción del Detente, diciendo: “Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueron hechos según este modelo reciban esta misma bendición”.

Esta piadosa práctica, otrora muy difundida entre los católicos, es un modo simple, pero espléndido, de manifestar permanentemente nuestra gratitud y amor al Sagrado Corazón, víctima de nuestros pecados. Y de recibir, al mismo tiempo, innumerables beneficios, junto con una protección extraordinaria contra todos los peligros, como veremos.

¿Qué es un Detente? ¿Una armadura espiritual?

El Detente o Escudo del Sagrado Corazón de Jesús —también conocido como salvaguardia, o incluso como pequeño escapulario del Sagrado Corazón— es un sencillo emblema con la imagen del Sagrado Corazón y la divisa: ¡Deténte! El Corazón de Jesús está conmigo. ¡Venga a nosotros el tu reino!. Por inspiración divina, surgió como un pequeño pero poderoso Escudo que la Divina Providencia colocó a nuestra disposición a fin de protegernos contra los más diversos peligros que enfrentamos en nuestra vida cotidiana.

Para ello, basta llevarlo consigo, no siendo necesario que esté bendito, pues el bienaventurado Papa Pío IX extendió su bendición a todos los Detentes –como veremos más adelante.

Origen del Detente del Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque —como atestigua su carta, escrita el día 2 de marzo de 1686, dirigida a su superiora, la Madre Saumaise— trascribe un deseo que le fuera revelado por Nuestro Señor: “que desea encargue una lámina con la imagen de ese Sagrado Corazón, a fin de que los que quieran tributarle particular veneración, puedan tener imágenes en sus casas, y otras pequeñas para llevar consigo” 3. Nacía así la costumbre de portar estos pequeños Escudos.

Esta santa devota del Detente lo llevaba siempre consigo e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Ella confeccionó muchas de estas imágenes y decía que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.

La autorización para tal práctica al comienzo fue concedida solamente a los conventos de la Visitación. Después, fue más difundida por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat (1696-1730). A esta religiosa, también de la Orden de la Visitación, fallecida en alto concepto de santidad, Nuestro Señor le hizo saber anticipadamente el daño que causaría una grave epidemia en la ciudad francesa de Marsella, en 1720, así como el maravilloso auxilio que los marselleses recibirían con la devoción a su Sagrado Corazón. La Madre Rémuzat hizo, con la ayuda de sus hermanas de hábito, millares de estos Escudos del Sagrado Corazón y los repartió por toda la ciudad en donde se propagaba la peste.

La historia registra que, poco después, la epidemia cesó como por milagro. No contagió a muchos de aquellos que llevaban el Escudo, y las personas contagiadas tuvieron un extraordinario auxilio con esta devoción. En otras localidades sucedieron hechos análogos. A partir de entonces, la costumbre se extendió por otras ciudades y países.4

La fama de los Detentes llegó a la Corte, siendo una de sus devotas María Leszczynska, esposa de Luis XV. En 1748, por ocasión de su matrimonio, recibió como obsequio del Papa Benedicto XIV varios Detentes. Las memorias de aquel tiempo consignan que, entre los regalos enviados por el Pontífice, había “muchos Escudos del Sagrado Corazón, hechos en tafetán rojo y bordados en oro”.5

Emblema distintivo de los contra-revolucionarios.

General Vendeano Henri du Vergier, Conde de La Rochejaquelein, Luce en su pecho El Detente del Sagrado corazón.
En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias para el mundo entero, un flagelo muchísimo más terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución Francesa.

En ese periodo los verdaderos católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y el Escudo protector fue llevado por muchos sacerdotes, nobles y plebeyos que resistieron a la sanguinaria revolución anticatólica. Incluso damas de la corte, como la princesa de Lamballe, portaban esos Escudos preciosamente bordados sobre tejidos. Y el simple hecho de llevarlo consigo se transformó en señal distintiva de aquellos que eran contrarios a la Revolución Francesa.

Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada por el odio revolucionario, fue encontrado un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y la expresión: “¡Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros!”.6

Heroísmo de los devotos del Sagrado Corazón de Jesús

En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans —heroicos resistentes católicos, que enfrentaron con energía y ardor religioso a los impíos revolucionarios franceses de 1789— bordaron en sus trajes y banderas el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús; como si fuese un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón” usado para reafirmar su Fe católica; “armadura” para defenderse contra las embestidas adversarias.

También como “armadura espiritual”, este Escudo fue ostentado por muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “El Chouan del Tirol”. Estos portaban el Detente para protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol.

El Detente era usado como una insignia y, al mismo tiempo, como una armadura espiritual. Los requetés españoles durante la Guerra Civil de 1936.

A comienzos del siglo XX, el Detente fue usado en México por los Cristeros, que se levantaron en armas contra gobiernos masones anticristianos opresores de la Iglesia, y en España por los famosos tercios carlistas —los llamados requetés— célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, cuya contribución fue decisiva para el triunfo de la insurgencia anticomunista de 1936-39.

Un hecho histórico semejante ocurrió, en la época actual, en Cuba. Los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen comunista marxista-leninista y lo combatieron, tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando estando presos eran llevados al “paredón” (donde eran sumariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos fidelcastristas gritando “Viva Cristo Rey”.

En la antigua Perla de las Antillas (actual Isla Prisión) antes de ser esclavizada por la tiranía de Fidel Castro, había muchas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús en sus muy arboladas plazas. Pero después de la dominación comunista, las bellas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús fueron derribadas y —pásmese el lector— sustituidas por estatuas del Che Guevara... ¡La estatua del guerrillero que tenía las manos teñidas de sangre inocente, de aquel revolucionario que hizo correr un río de sangre por varios países latinoamericanos, colocada en lugar de la imagen del Sagrado Corazón, que representaba la misericordia divina y el perdón!

El bienaventurado Papa Pío IX y el Detente

En 1870, una dama romana, deseando saber la opinión del Sumo Pontífice Pío IX acerca del Detente del Sagrado Corazón de Jesús, le presentó uno. Conmovido a la vista de esta señal de salvación, el Papa concedió aprobación definitiva a tal devoción y dijo: “Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo”. Y, después de un breve silencio añadió:

“Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús”.7

Para impulsar la piadosa costumbre de llevar consigo el Detente, el bienaventurado Pío IX concedió en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria.8

Después de ello, el Santo Padre compuso esta bella oración:

“¡Abridme vuestro Sagrado Corazón oh Jesús! ...mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo Os adoro... aceptad el poco bien que practico... hacedme la merced de reparar el mal cometido... para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amen”.9

Milicianos de marxistas, fusilan la imagen del Sagrado Corazón .

Cerro Ángeles, Madrid, el 28 de julio de 1936

El Detente en ocasiones de gran peligro

Es común llevar en la billetera, o en las carteras, cartapacios, etc., las fotografías de nuestros seres queridos (padres o hijos, por ejemplo). Así, tener consigo el Detente es un medio de expresar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús; señal de nuestra confianza en su protección contra las celadas del demonio y los peligros de todo orden. Llevando con nosotros este Escudo, estaremos continuamente como que afirmando: ¡Alto ahí! Deténte, demonio; deténgase toda maldad; todo peligro; todo desastre; deténganse todos los asaltos; todas las balas de bandidos; todas las tentaciones; deténgase todo enemigo; toda enfermedad; deténganse nuestras pasiones desordenadas — ¡pues el Corazón de Jesús está conmigo!



Portar este Escudo nos auxilia, más allá de estas y de tantas otras protecciones, a recordar continuamente las promesas del Sagrado Corazón de Jesús; es símbolo de nuestra total confianza en la protección divina; es una señal de nuestra permanente súplica y fidelidad a Jesucristo y un pedido para que Él haga nuestros corazones semejantes al suyo.

En nuestros tiempos en que, debido a la violencia cada vez más avasalladora y generalizada, los peligros nos amenazan de todos lados, es de primordial importancia el uso del Detente del Sagrado Corazón de Jesús. Llevándolo con nosotros —se puede también colocarlo en nuestra casa, junto a los útiles escolares de los hijos, en el automóvil, en la oficina, bajo la almohada de un enfermo, etc.— estaremos en el interior de nuestras almas como que repitiendo lo que dice el Apóstol San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8, 31).

Pues no hay peligro de que Él no pueda librarnos. E incluso en medio de las dificultades que la Providencia envíe para probarnos, tendremos confianza en la protección divina, que nunca abandona a aquellos que recurren pidiendo amparo y protección.

Evidentemente, si nuestro pedido de auxilio fuese hecho por medio de la Santísima Madre de nuestro Divino Redentor, Él nos oirá con mucho más agrado y más rápidamente nos atenderá. Pues Él la constituyó Medianera de todas las gracias, dándonos así una prueba aún mayor de amor, al darnos por Madre a su propia Madre.

Los Sagrados Corazones de Jesús y María

San Juan Eudes (1601-1680) —fundador de la Congregación de Jesús y María— de tal modo consideraba una sola las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, que solía referirse al “Sagrado Corazón de Jesús y María”. Note bien el lector, la frase está en singular, como si fuese un solo corazón, para así acentuar la íntima unión de ambas devociones. Dos Corazones inseparables, tan unidos que no se puede pretender considerarlos separadamente.

No ama verdaderamente al Sagrado Corazón de Jesús, quien no ama al Inmaculado Corazón de María. Por esta razón es que en el reverso de la Medalla Milagrosa, universalmente conocida, están acuñados los dos corazones: el de Jesús y el de María. El primero rodeado de espinas y el segundo traspasado por una espada.

Por ocasión de la celebración en Paray-le-Monial del centenario de la Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, realizada por León XIII el 11 de junio de 1899, Juan Pablo II envió un mensaje en el cual acentúa la unión de la devoción al Corazón de Jesús y al Corazón de María Santísima: “Después de San Juan Eudes, que nos enseñó a contemplar a Jesús —el Corazón de los corazones— en el Corazón de María, y hacer con que amásemos estos dos corazones, el culto prestado al Sagrado Corazón se expandió”.

El reinado social del Corazón de Jesús y María

“Nada nos puede dar mayor confianza, esperanza más fundada, estímulo más seguro, que la convicción de que en todas nuestras miserias, en todas nuestras caídas, no tenemos solamente, mirándonos con el rigor de Juez, a la infinita Santidad de Dios, sino también el corazón lleno de ternura, de compasión, de misericordia, de nuestra Madre Celestial” — escribió Plinio Corrêa de Oliveira en las páginas de “Legionario”.

El inolvidable fundador de la TFP prosigue: “Omnipotencia suplicante, Ella sabrá conseguir para nosotros todo cuanto nuestra flaqueza pide para la gran tarea de nuestro reerguimiento moral. Con este corazón, todos los terrores se disipan, todos los desánimos se desvanecen, todas las incertezas se despejan. El Corazón Inmaculado de María es la Puerta del Cielo, abierta de par en par a los hombres de nuestro tiempo, tan extremadamente débiles. Y esta puerta, nadie la podrá cerrar —ni el demonio, ni el mundo, ni la carne.

Hacer apostolado es, esencialmente, salvar almas. A los que se interesan por el apostolado, nada debe importar más que el conocimiento de las devociones providenciales con que el Espíritu Santo enriquece a la Santa Iglesia en cada época, para el provecho de las almas. El Sumo Pontífice actualmente reinante [Pío XII] señala dos devociones: la del Sagrado Corazón de Jesús, la del Corazón Inmaculado de María.

Al aparecerse en Fátima, Nuestra Señora dijo textualmente a los pastorcitos que una intensa devoción al Corazón Inmaculado de María sería el medio de salvación del mundo contemporáneo. Milagros sin cuenta han atestado la autenticidad del mensaje celestial. No nos resta sino conformarnos al dictamen que de él proviene. Si esa es la salvación del mundo, si queremos salvar el mundo, pregonemos el medio providencial para su salvación. El día en que tuviéramos legiones de personas verdaderamente devotas del Corazón Inmaculado de María, el Corazón de Jesús reinará sobre el mundo entero. En efecto, estas dos devociones no se pueden separar. La devoción a María Santísima es la atmósfera propia de la devoción a Nuestro Señor. El verano trae las flores y los frutos. La devoción a Nuestra Señora genera como fruto necesario el amor sin reservas a Nuestro Señor Jesucristo. Y, el día en que el mundo entero se vuelva a Jesús por María, el mundo se habrá salvado”.10

Analogía entre Paray-le-Monial y Fátima

En Paray-le-Monial, Nuestro Señor le dijo a Santa Margarita María de Alacoque: “¿Qué temes? Yo reinaré a pesar de mis enemigos y de todos cuantos a esto quieran oponerse”.11

En Fátima, el 13 de julio de 1917 —más de dos siglos después de las apariciones de Paray-le-Monial— Nuestra Señora confirma indirectamente la revelación hecha a la santa confidente del Sagrado Corazón de Jesús, cuando afirmó categóricamente: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”

Es la confirmación de la victoria final, al hacerse efectiva la realeza sagrada del Corazón de Jesús y de María sobre la Tierra entera, con el restablecimiento del reino social de Nuestro Señor Jesucristo sobre todos los corazones y sobre todos los pueblos.



Con la realización de estas dos grandes promesas, estará siendo atendida la súplica que hace 2000 años la Cristiandad viene haciendo, al rezar el Padrenuestro:“Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt. 6, 9-13). Lo cual –viene a propósito recordar, al final de este artículo– corresponde a la inscripción que consta en la parte inferior del maravilloso Detente del Sagrado Corazón de Jesús.

* * *

Sagrado Corazón de Jesús — ¡Salvad al pueblo (país de residencia, argentina, chile, colombia, España, etc.)!

Sagrados Corazónes de Jesús y María — ¡Sed nuestra salvación!

En esta difícil y caótica época de nuestra historia, tan cargada de calamidades de todo orden, mirad a nuestro país otrora llamado tierra de santos, infundid profundamente en los corazones de vuestros queridos hijos el ardiente deseo de que, cuanto antes, “Venga a nosotros vuestro reino”.


Notas.-

1. P. José María Sáenz de Tejada S.J., Vida y obras principales de Santa Margarita María de Alacoque, Editorial Cor Jesu, Madrid, 1977, p. 28.
2. P. Jules Chevalier M.S.C., Le Sacré-Cœur de Jésus, Retaux-Bray, París, 1886, p. 382 [destaque nuestro].
3. Sáenz de Tejada S.J., op. cit., p. 137.
4. Cf. P. Auguste Hamon S.J., Histoire de la Dévotion au Sacré-Cœur de Jésus, t. III, pp. 425-431.
5. Cf. De Franciosi S.J., La dévotion au Sacré-Cœur de Jésus, p. 289.
6. Idem., pp. 289-290.
7. Cf. Preces et pia opera, nº 219; http://www.corazones.org/diccionario/detente.htm y http://www.devocoes.leiame.net/coracaodejesus.
8. y 9. Idem.
10. Plinio Corrêa de Oliveira, “Legionario”, 30‑07‑1944.
11. Sáenz de Tejada S.J., op. cit., p. 262 y 318.

INTERCALADOS MODELOS QUE PORTABAN EN SUS UNIFORMES LOS REQUETES CARLISTAS





¡Lleve siempre consigo la protección del
Detente del Sagrado Corazón de Jesús!

Al llevar con devoción y confianza este pedazo de paño con la imagen del Sagrado Corazón, Ud. se beneficiará de las promesas hechas por Nuestro Señor a quien porte el Detente, no como un talismán sino como signo de confianza en su amor misericordioso:

—“Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida”.

—“Les daré paz a sus familias”.

—“Les consolaré en todas sus penas”.

—“Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte”.

¡Póngase bajo la protección del Corazón de Jesús: lleve el Detente siempre consigo!



Sin duda, habrá oído hablar de la tradicional devoción al Sagrado Corazón de Jesús y del piadoso uso del Detente.

Pero quizás no tenga del todo presente las magníficas promesas que Nuestro Señor hizo a quien llevase, con amor y confianza, el emblema de su Sagrado Corazón.

Tal vez Ud. piensa, como yo, que si muchas cosas andan mal hoy en el MUNDO, se debe en gran medida a que Jesucristo no reina efectivamente en nuestra sociedad, en nuestras leyes y en nuestra cultura.

Y tampoco reina en el corazón de cada hombre

Estamos ante un progresivo y alarmante retorno del paganismo.

Es necesario que nuestra sociedad vuelva a regirse por la dulce ley de Cristo, en lugar de dejarse arrastrar por esta avalancha de neopaganismo.

Ante la inseguridad creciente en que está sumergida nuestra sociedad, ¿no es cierto que cada uno de nosotros necesita un signo visible y eficaz de la protección y del amor de Dios?

Ud. ya lo ha entendido: llevar consigo el Detente es colocarse bajo la protección de Jesús, es portar la imagen de su Sagrado Corazón y tomar el camino correcto, ante los disturbios del mundo moderno.


Porque en un mundo que se hunde en el caos, sólo la Providencia puede dar, al hombre contemporáneo, esa protección de la que sentimos una urgente necesidad.

Vamos a difundir el Detente por todo el mundo: en las familias, en los hospitales, en las cárceles; que lo lleven los ancianos, los adultos, los adolescentes y los niños; que lo reciban todos los que se encuentren alejados de Dios e incrédulos de su misericordia.

En este mundo que se paganiza, hagamos que reine el Sagrado Corazón de Jesús.

A quien se esfuerce en divulgar esta devoción, Nuestro Señor le prometió:

—“Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción”.

Ud. también, puede beneficiase de esta promesa de Jesús, consiga o confeccione el suyo.







19 jun 2009

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

TOMADO ÍNTEGRAMENTE DEL SITIO: guardiadehonor.mx.gs

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Vas a leer una breve explicación introductoria de lo que es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y cómo continúa a través de la historia hasta nuestros días.

¿Dónde inicia la devoción al Corazón de Cristo? La devoción al Corazón de Cristo comienza la tarde del Viernes Santo, en ese momento de la vida del Señor de plena pasión cuando Juan, el discípulo amado, María, la Madre de Jesús y María Magdalena la pecadora arrepentida, contemplan a Cristo crucificado, y con sus ojos ven como un soldado, una vez que Cristo ha muerto, con una lanza le abre el costado y detrás de este costado se deja ver el Corazón del Señor. La lanzada no fue un sufrimiento más, Jesús tuvo muchos sufrimientos en su pasión, ya estaba muerto cuando el soldado le atravesó el costado. Es un signo profundo, es cómo el Padre quiere que quede para siempre Jesucristo: con su costado, con su Corazón abierto de par en par. Cristo, ya muerto, es rasgado en su Corazón que tanto ha amado, y que tanto ha sufrido. Y queda así, con el Corazón abierto para toda la eternidad. Juan contempla al nuevo Adán dormido en la Cruz, y de cuyo costado abierto brota agua y sangre, es decir brota la Iglesia, su esposa, la nueva Eva. Por eso Jesús es el nuevo Adán y nosotros, somos la nueva Eva, porque el agua significa el bautismo, por el cual entramos en la Iglesia, y la Sangre simboliza la Eucaristía, la plenitud de vida en ella.

En la escritura se hace referencia al Corazón como la interioridad de Jesús. Hablar del Corazón de Jesús desde la Sagrada Escritura, en pocas palabras, es afirmar en Jesús, Dios nos ama con un Corazón de carne. La Sagrada Escritura nos ayuda a comprender que la devoción al Corazón de Cristo no es ninguna ideología, sino una experiencia de amistad.

Después de la Sagrada Escritura, llegan los Santos Padres, los grandes escritores de la antigüedad. También en ello aparece la devoción al Corazón de Cristo. Los Santos Padres han puesto su mirada, en el costado abierto de Cristo en la Cruz y del costado han llegado a la intimidad del Señor. El Corazón simboliza lo más íntimo, lo más profundo del ser de la persona y han visto como de este costado abierto de Cristo en la Cruz ha nacido la Iglesia. No ha pasado desapercibido a los Santos Padres el costado abierto del Señor con un Corazón redentor, es decir, las entrañas de misericordia de Jesús que se entrega sin reservas para que todos lo hombres descubran al Dios verdadero que es amor y tengan vida y vida en abundancia.

Después de los Santos Padres a lo largo de la historia de la santidad de la Iglesia, muchos Santos han sido tocados por la gracia para profundizar una dimensión muy cercana a nuestra espiritualidad: la humanidad de Cristo. Llegamos así a Santa Margarita María Alacoque, que es una figura clave del siglo XVII en la devoción al Corazón de Cristo en su etapa moderna. A ella el Corazón de Cristo le reveló como su amor redentor arde hacia todos los hombres. Durante la adoración eucarística contempló como Jesús le mostró ese Corazón que tanto ha amado a los hombres y que en recompensa es despreciado. Desde que ella tuvo estas revelaciones, estas gracias especiales, se difundió por toda Iglesia el culto y la devoción al Sagrado Corazón, en sus expresiones de Consagración y Reparación.

¿Y qué dice el Magisterio? El Magisterio son las enseñanzas de la Iglesia, de los Concilios y de los Papas: Recordamos al Papa León XIII que consagró al mundo a este Corazón humano de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

Después Pío XI, 1928, escribió la Encíclica “Miserentisimus Redentor”, sobre la devoción al Corazón del Señor, llamando a los hombres a tomarse en serio este amor, porque ahí está la esperanza y la salvación del Mundo y la fuerza capaz de frenar la violencia y el mal que reinaban durante esos años en Europa y en todo el mundo.

Años más tarde, después del horror de las guerras mundiales, Pío XII escribió la Encíclica más importante “Ahurietis Aquas” en la que se habla de la verdadera devoción al Corazón de Cristo, de lo sustantivo de esta devoción, que es lo que va mas allá de las culturas y de los tiempos, y de lo adjetivo, que puede irse modificando según las circunstancias. Es una Encíclica llena de esperaza que ayuda a recuperar el sentido de la vida.

Santa Margarita María Alacoque

Toda la vida de Margarita María es una filigrana del amor de Dios, que la eligió como discípula predilecta de su Corazón, y no obstante ese amor, no la eximió del sufrimiento, sino que como a su Hijo único, quiso asociarla a su pasión hasta configurarla con Él y hacerla viva imagen suya. Por eso, su trayectoria vital está entramada de gozos y a la vez, de incomprensiones, obstáculos y dificultades de todo tipo.

22 de julio de 1647

Margarita Alacoque nace en Vérosvres (Francia)

25 de julio de 1647

Recibe el bautismo. Desde muy niña experimenta la obra de la Gracia en su alma.

Hacia 1652

Hace voto de castidad en el momento de la consagración de la Misa, con el deseo de ser toda de Dios.

11 de diciembre 1655

Muere su padre. Comienza una etapa especialmente difícil para la familia. El sufrimiento la abre al amor de Cristo y de los demás.

1656

Recibe la primera Comunión en las clarisas urbanistas de Charolles.

1657-1661

Padece una extraña enfermedad que la inmoviliza y de la que cura milagrosamente por intercesión de la Virgen. Después vive una etapa en que se debate entre el mundo –es alegre, atractiva, varios jóvenes la piden en matrimonio…- y la llamada de Dios.

1669

Es confirmada y añade a su nombre el de “María”, por su devoción a la Virgen. Conserva ese nombre como religiosa y por él es venerada como santa.

20 de junio 1671

Entra en el Monasterio de la Visitación de Santa María de Paray-le-Monial. Escucha que el Señor le dice: “Aquí es donde te quiero”. Ha elegido esta Orden por ser toda de la Virgen María. Margarita Tiene 23 años.

25 de agosto de 1671

Recibe el Hábito.

6 de noviembre de 1672

Hace la profesión perpetua. Desde entonces y hasta su muerte tiene el privilegio de gozar de la presencia de Jesús de una manera distinta a la que había experimentado hasta ese momento.

27 de diciembre de 1673, comienzos de 1674, junio de 1674 y junio de 1675

Las cuatro principales apariciones de Jesús mientras Margarita está adorándole en la Eucaristía. Él le muestra su Corazón:

© “Mi divino Corazón de tal manera se abrasa en el amor a ti y a todos los hombres, que ya no lo puedo contener y quiero, por tu medio, manifestarlo a todos…”

© “El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas… con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en su parte superior…”

© “Me descubrió las maravillas de su Amor” Jesús le dice: “Al menos tú dame el placer de suplir la ingratitud de los hombres”. Le pide la comunión en los primeros viernes de mes y la Hora Santa.

© “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha perdonado nada hasta consumirse para testimoniarles su Amor y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitud…”

Marzo de 1675

Encuentro providencial con san Claudio de la Colombière, S.I. que confirma la veracidad de sus revelaciones.

1678:

El Señor le dice: “Quiero que me sirvas de instrumento para atraer los corazones a mi amor”… “Te constituyo heredera de mi Corazón”.

1684:

La M. Mª Cristina Melin la escoge como Asistente (subpriora). Lo será también desde 1687 hasta su muerte. Prueba de la confianza que su comunidad tiene en ella

Otoño 1684:

Recibe la gracia del matrimonio espiritual. El Señor le invita a asociarse a su vida en la Eucaristía.

31 de diciembre de 1684

Es nombrada Maestra de Novicias, encargada de formar a numerosas jóvenes en la vida y espiritualidad visitandinas

20 de julio de 1685

Pide a sus novicias que se consagren al Corazón de Jesús, lo que provoca recelos en la comunidad.

20 de junio de 1686

Once meses más tarde, unánimemente y con alegría, la comunidad festeja al Sagrado Corazón en el día pedido por Él mismo.

31 de octubre de 1686

Pronuncia el voto de perfección.

2 de julio de 1688

La Virgen confía a las visitandinas y a los jesuitas la misión de propagar la devoción del Corazón de Jesús

17 de octubre de 1690

Muere Margarita María; va a abismarse en el Corazón de Jesús: “¡Qué dicha amar a Dios, qué dicha!, ¡amad a este Amor, pero amadle con perfección!”

18 de septiembre de 1864

Es beatificada por Pío IX

13 de mayo de 1920:

Es canonizada por Benedicto XV

La Guardia de Honor y Santa Margarita Ma. Alacoque:


LA GUARDIA DE HONOR CUMPLE PLENAMENTE LO QUE

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS PIDE A SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE


El Sagrado Corazón a Santa Margarita: «Tengo una sed ardiente de ser amado y honrado en el Sacramento de mi amor, y no encuentro casi a nadie que responda a este deseo mío».

Los Guardias de Honor que rodean el Sagrario, están allí en ese puesto como centinelas, relevándose de hora en hora, para cumplir su misión, a la cual están convocados en estos términos: «Al principio de la Hora de Guardia, los Socios van en espíritu al puesto de Amor, el Sagrario. Allí ofrecen a Jesús sus pensamientos, sus palabras, sus penas, sus acciones; y, sobre todo, el deseo que sienten de consolar a su Corazón con su amor».

El Sagrado Corazón a Santa Margarita: “Tengo contento y gusto en ver mi amor honrado bajo la forma un Corazón de carne. Deseo que esta imagen se exponga en público, para conmover por éste medio el corazón insensible de los hombres y atraerlos a mi amor”.

La Guardia de Honor ha realizado completamente este deseo del Corazón de Jesús. Los Cuadrantes de la Obra, en cuyo centro destaca la imagen del Corazón traspasado, se hallan esparcidos y expuestos por toda la tierra. A la vista de este Corazón, multitud de corazones alejados han sido atraídos al amor de Jesús.

En otra ocasión decía el Salvador a su humilde confidente: «Quiero formar en torno de mi Corazón una corona de doce estrellas compuesta de mis más fieles y queridos siervos».

Y, en efecto, doce estrellas están dispuestas en torno del Cuadrante de la Guardia de Honor; y bajo cada una de ellas los nombres de sus siervos, se agrupan alrededor del Corazón de Jesús, formándole la corona de que hablaba a Santa Margarita.

Nuestro Señor se complacía en anunciar su reinado de amor por el culto de su divino Corazón: Le decía a la Santa de Paray: «Reinaré a pesar de los esfuerzos que hagan mis enemigos para oponérseme». Y Santa Margarita María repetía con una seguridad invencible: «Sí, reinará a pesar del infierno y sus esfuerzos; esta seguridad me transporta de alegría».

La aparición de la Guardia de Honor no sólo hace presente el Reinado de Amor, sino que lo publica, confirma y propaga de muchos modos.

Más aún, dice Santa Margarita María: «Un día me mostró el Salvador la devoción a su Sagrado Corazón, bajo la figura de un hermoso árbol que tenía sus raíces en nuestro Santo Instituto, y del que quería que las hijas de la Visitación distribuyesen los frutos con abundancia».

La Guardia de Honor ofrece, no sólo este hermoso árbol a las miradas de los Socios, sino «las hojas de este árbol, que deben sanar las naciones», y las distribuye a los cuatro vientos bajo la forma de sus Billetes apropiados a todas las condiciones de la vida. Especialmente son distribuidos los primeros viernes de cada mes.

Santa Margarita María Alacoque exhortó a los devotos del Sagrado Corazón a llevar la imagen de él sobre su propio corazón.

La Medalla de la Guardia de Honor responde a este deseo de la Santa de Paray-le-Monial. Lleva de un lado el Cuadrante con el Corazón de Jesús y en el otro lado el Calvario en el que Jesús está en la cruz con la primera Guardia de Honor: la Santísima Virgen, la Magdalena y San Juan.

El Corazón de Jesús: “En el Huerto de los Olivos es donde yo he sufrido más que en el resto de mi Pasión, viéndome en una abandono total, cargando con todos los pecados del mundo. Es por eso que te pido que hagas una Hora Santa de 11 a 12 de la noche del jueves anterior al primer viernes”.

La Hora Santa, que le pidió Nuestro Señor, está aconsejada a los Guardias de Honor. El Manual indica el método para hacerla. Puede ser ante el Santísimo Sacramento o trasladándonos allí en espíritu.

El Sagrado Corazón de Jesús dice a Santa Margarita: “Te pido comulgues todos los primeros viernes de cada mes para reparar, en cuanto sea posible, los ultrajes que recibo durante el mes en el Santísimo Sacramento del altar”.

“Yo te prometo en el exceso de mi misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso concederá a los que comulguen los primeros viernes durante 9 meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, que ellos no morirán en mi desgracia y sin recibir los Sacramentos y yo seré su asilo seguro en la última hora.

La Guardia de Honor responde a este deseo, procurando que sus miembros se preparen a esta Comunión reparadora y a los ejercicios que en honor del Sagrado Corazón de Jesús se practican los primeros viernes de mes.


Las 12 promesas del Sagrado Corazón de Jesús

LAS 12 PROMESAS

De ahí las famosísimas 12 Promesas del Sagrado Corazón a sus devotos adoradores:

1ª A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado.

2ª Daré paz a sus familias.

3ª Las consolaré en todas sus aflicciones.

4ª Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, principalmente en la hora de la muerte.

5ª Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.

6ª Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.

7ª Las almas tibias se harán fervorosas.

8ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.

9ª Bendeciré las casas en las que la imagen de mi Corazón se exponga y sea honrada.

10ª Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos.

11ª Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.

12ª A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final… a los que me tributen gloria, amor y reparación, prometo un especial auxilio durante su vida pero principalmente a la hora de su muerte.