27 abr 2009

Miss California:"Para mí, hay que ser bíblicamente correcta"


Sin duda alguna que esta hermosa joven de 21 años, dio por el suelo no solo con su sueño, sino que también con el con el sueño de muchas mujeres de esa edad no solo en los EE.UU. que se reflejaban en ella, coronarse Reina de belleza de su país y representar al mismo en el certamen de Miss Universo, con todo lo que ello significa no solo en términos monetarios. y es que según ella misma relata en una de las muchas entrevistas que le han realizado con posterioridad al concurso, no podía ir en contra de sus valores y principios (pertenece a una familia cristiano-protestante), en la misma entrevista es confrontada vía vídeo con el maricón Perez Hilton, quien la emplaza a dar una explicacion y pide excusas; ella impertérrita no responde... al cabo de unos segundos la entrevistadora le pregunta que le diría al individuo en cuestión, la respuesta no hace mas que reafirmar las convicciones morales de la joven: "estoy rezando por el y me da pena".

Ella esta consciente de en este "trueque" ella es quien sale ganando, perdió una corona en el mundo y estamos ciertos de que el día de su juicio particular, esta actitud le valdrá una corona eternamente mas brillante , por que Dios no olvida, y cuando paga, paga con creces.

Como nos gustaría ver a fieles católicos actuar de esa manera... y que decir de tantos clérigos que guardan silencio y otorgan para no perder sus posiciones de privilegio ante los hombres.
Gladius.

Miss California mantiene opinión contraria matrimonios anti-natura.

Carrie Prejean
, Miss California, dijo que se mantiene firme en su opinión contra los matrimonios del mismo sexo, aún cuando eso pudo haberle costado la corona de Miss Estados Unidos.

La bella joven defendió su punto de vista el martes en una entrevista en el programa "Today" de la cadena NBC, al decirle a Matt Lauer habló con su corazón el domingo, día del certamen, cuando señaló que "el matrimonio debería ser entre un hombre y una mujer".

La reina de belleza respondió una pregunta de uno de los miembros del jurado, que es abiertamente maricón, Perez Hilton. Tras ello, ha captado más atención que la ganadora del certamen, Miss Carolina del Norte, Kristen Dalton.

Durante la sesión de preguntas, Hilton le preguntó a Prejean si todos los estados deberían de seguir el ejemplo de Vermont en legalizar el matrimonio del mismo sexo.

"Me parece ideal que los estadounidenses puedan elegir una opción o la otra", respondió Prejean. "Pero en mi país, y en mi familia, creo que el matrimonio debería ser entre un hombre y una mujer. No quiero ofender a nadie, pero esa es la manera en que me criaron".

Hilton, quien también fue entrevistado en el programa, dijo que la pregunta fue importante y que Prejean tendría que haber "dejado de lado su política y su religión porque Miss Estados Unidos representa a todos los estadounidenses".

Prejean, que quedó primera finalista (segundo lugar) en el concurso, le dijo a Lauer, "en ese momento cuando respondí la pregunta, supe que no iba a ganar por mi respuesta".

Pero "no me retracto de lo que dije", le dijo a Lauer.

"No se trata de ser políticamente correcta", agregó.

"Para mí, hay que ser bíblicamente correcta".

23 abr 2009

Belleza con sentido común.

Se nota que la Miss en cuestión en un comienzo inicia su respuesta enmarcándose en los habituales cánones de respuesta actuales (políticamente correctos, relativistas o de plano absolutamente vacíos) , pero de pronto de deja ver que se le produce un problema valórico interno, en el que triunfa la moral inculcada por su familia.

enhorabuena, tal vez le haya costado la corona de miss U.S.A. pero sin dudas que ha dado un gran ejemplo a todos quienes la han visto.
hay que destacar el hecho de que quien hace la pregunta es un maricón.





Hemos editado y reemplazado el vídeo original ya que el autor de la publicación agregó al final del vídeo consignas promoviendo la conducta Anti-natura de los maricones.

Belleza con sentido comun.

17 abr 2009

Boycott a Pepsi: blasfema y pro maricónes.

pp.Ω Gladius
Al parecer la guerra de las "colas" la habría ganado Pepsi, únase a este Boycott y si le gustan las gaseosas de tipo cola, opte por Coca-Cola.

Productos boycotteados: Pepsi Cola, Mountain Dew, Sierra Mist, Mug Root Beer, Frito Lay chips, el zumo de naranja Tropicana, Gatorade, Quaker oatmeal, Té verde Lipton, zumos Dole y el agua embotellada Aquafina.

Anuncio Pepsi Max MARICÓN


familiasporlafamilia
Por Juan Bacigaluppi
Fuentes: Propias; Life Site; Forum Libertas, 16-01-09; http://www.boycottpepsico.com; NG 845, 931.
PepsiCo empresa pro-gay. Insistencia de AFA. Impedir salir de la homosexualidad. Productos de PepsiCo
La American Family Association (AFA, NG 894) convocó otro boycott, esta vez al gigante de las bebidas envasadas PepsiCo. La empresa promueve activamente la reingeniería social anticristiana apoyando la “agenda pro maricónes”.
La gota que rebalsó el vaso fue la publicidad de PepsiCo en el programa Family Guy, de la cadena FOX, el 8 de marzo pasado. El programa en el que se blasfemó contra Nuestro Señor Jesucristo, fue calificado por AFA como “pervertido y repugnante”.
PepsiCo empresa pro-maricónes.
El apoyo de Pepsi a la agenda homosexual no es nuevo. En los últimos dos años aportó un millón de dólares a organizaciones que promueven el activismo homosexual. En concreto, la mitad de esta cantidad fue recibida por la asociación Families and Friends of Lesbian and Gays (PFLAG) y se utilizará en la formación de activistas pro-gay. (Life Site, 02-01-09).
La otra mitad del dinero fue a parar a Human Rights Campaign (CDH), grupo que se autodescribe como “la mayor organización de derechos civiles que trabaja para lograr la igualdad de lesbianas, gays y transexuales”.
Las dos organizaciones centraron sus esfuerzos en California, en las elecciones de noviembre pasado, para derrotar la Proposición 8 (NG 946), la que establece el matrimonio como unión entre hombre y mujer. En concreto, CDH invirtió 2.3 millones de dólares para derrotar la propuesta. Actualmente presionan a la Corte del Estado para que haga caso omiso del resultado del plebiscito y legalice otra vez el mal llamado matrimonio homosexual (NG 895).
Insistencia de AFA
La American Family Association (AFA) expresó reiteradamente su malestar por la postura mantenida por Pepsi, ya que “la empresa indicó que continuaría con el apoyo financiero de las principales organizaciones de homosexuales”, según declaró el presidente de AFA, Donald Wildmon. Wildmon asegura que la multinacional “no tiene intenciones de ser neutral en la guerra cultural. En cambio, PepsiCo ha lanzado todo su peso e influencia en apoyo del movimiento homosexual”.
Asimismo Wildmon declaró que “al financiar a la Families and Friends of Lesbian and Gays (PFLAG), PepsiCo y sus accionistas ayudan a promover el miedo y la hostilidad en contra de la comunidad ex gay y otros heterosexuales”, y concluye: “PepsiCo es el principal patrocinador corporativo de PFLAG”.
La actitud de Pepsi es excluyente. “Pepsi se niega a dar dinero a cualquier organización a favor de la familia que se oponga a la agenda homosexual”, afirmó Wildmon. Además, señaló que los directivos de AFA no fueron recibidos por la empresa, sino que solamente recibieron una educada carta de Paul Boykas, director de política pública de la compañía. AFA pidió reunirse con los directivos de Pepsi dos veces, el 14 y el 29 de octubre pasado.
Impedir salir de la homosexualidad
La Families and Friends of Lesbian and Gays (PFLAG), financiada por Pepsi comenzó una campaña de violento acoso contra otra organización que ayuda a quienes dejaron la homosexualidad o pretenden abandonar ese estilo de vida, la Parents and Friends of ExGays and Gays (PFOX), (Life Site, 27-03-08). Promover la cura de la homosexualidad es políticamente incorrecto para nuevo orden mundial. PFLAG pretende que quienes superaron su comportamiento anti natural, vuelvan a él.
Boicot a Pepsi
La multinacional PepsiCo, que no pasa por sus mejores momentos de ventas en relación con su principal competidor Coca-Cola, busca contrarrestar esta tendencia buscando un consumidor de perfil más radical. PepsiCo politiza el producto de la bebida para aprovecharse del homosexualismo político en sus ventas.
La American Family Association llama “a no comprar productos de PepsiCo” y “que la empresa sepa que se está desarrollando un boicot ‘on line’ a sus productos y a su firma”. Desde la asociación se recuerda que los productos de la multinacional son: Pepsi Cola, Mountain Dew, Sierra Mist, Mug Root Beer, Frito Lay chips, el zumo de naranja Tropicana, Gatorade, Quaker oatmeal, Té verde Lipton, zumos Dole y el agua embotellada Aquafina.
Postulados totalmente distintos, como se ve, entre Coca Cola y Pepsi.





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16 abr 2009

Elogio vaticano al documento del obispo de Lancaster

pp.Ω Gladius

Tomado de: La Buhardilla de Jerónimo

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Fit for Mission

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Hace algunos meses, hacíamos referencia a un interesante documento de Mons. O'Donoghue, obispo de Lancaster, en el que afirmaba que la Iglesia de Inglaterra y Gales estaba perdiendo su identidad católica. Ahora ha sido el Cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, quien ha elogiado el documento por aquellas partes en las que habla de la sagrada Liturgia.

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Otra importante figura vaticana ha intervenido para elogiar al excelente documento “Iglesia, ¿lista para la Misión?” del Obispo O'Donoghue. En esta ocasión, el Cardenal Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha dicho:

“Esta Congregación está agradecida por la referencia que Su Ilustrísima hizo a las muchas ‘sombras’ que han obstaculizado la celebración de la Liturgia en los recientes años, y por su observación de la necesidad de que brille la luz de la obediencia particularmente en la celebración de la Liturgia, ya que los sacerdotes y el pueblo ‘no tienen una libertad ilusoria por la cual pensar que podemos hacer lo que queremos’” (“Iglesia, ¿lista para la Misión?”, p.54).El Cardenal Cañizares expresó también la gratitud de la Congregación hacia el Obispo Patrick O’Donoghue por “insistir en que espera que todos dentro de su diócesis sigan las necesarias normas litúrgicas”.Hablando del documento en su conjunto, el Cardenal dijo: “La consideración minuciosa de este documento, su competente presentación, y el deseo global de la publicación de Su Ilustrísima de tratar las cuestiones que la Iglesia afronta no sólo en la diócesis de Su Ilustrísima sino en toda Inglaterra, hacen de ‘Iglesia, ¿lista para la Misión?’ una lectura oportuna”.

El Obispo O’Donoghue dijo: “En las semanas que nos acercan a la publicación de mi nuevo documento ‘¿Listos para la Misión? Matrimonio: Un Curso de Preparación’, me han sido de gran aliento los elogios dados por el Cardenal Llovera a mi previo trabajo sobre la Liturgia. La Sagrada Liturgia es siempre la sangre vital de la Iglesia, y siempre debe ser tratada como un precioso encuentro entre la Vida de Dios y la vida de Su pueblo”.

“Mi preocupación es que en una Iglesia en la que muchos católicos no practicantes e incluso no creyentes se presentan a ellos mismos y presentan a sus hijos para la recepción de los Sacramentos – por la razón que sea – los Sacramentos no sean degradados ni tratados irrespetuosamente, sin importar si esto sucede sin intención”.

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Fuente: The hermeneutic of continuity

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

El Evangelio segun san Barak

pp.Ω Gladius
Es una gran Oda ala diosa Razón, poco a poco se va quitando el traje de oveja y nos va dejando ver su gris pelaje de Lobo (hidrofóbico).







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13 abr 2009

National Geographic Channel Anticristiano

pp.Ω Gladius

Encontramos este banner animado(flash) en un sitio de deportes (www.muchtennis.com , los banners de publicidad van rotando por las paginas internas del sitio en forma aleatoria, por lo que puede no resultar facil el dar con el) en el que se promocionaba la "programación especial de semana santa " del National Geographic Channel, al verla no hace falta explicaciones, hace un tiempo publicamos un articulo en el cual denunciábamos el carácter anticristiano de los reportajes de este canal y a los personajes detrás de ellos, recibimos variadas criticas de parcialidad y de querer ver cosas en donde no las había.

Vean uds. mismos el banner y juzguen.

Ubicado en la columna lateral derecha del mismo portal se puede ver otro banner estático con el mismo motivo, que exhibe claramente una cruz invertida. Sabemos que cosas de este estilo no son errores ni coincidencias y responden a elaboradas planificaciones que responden a un Master Plan que esta llegando a la cuspide de su ejecucion y que lamentablemente cuenta con el apoyo no solo de ILUSOS CATOLICOS, y CRISTIANOS, que dan audiencia a estos canales y consumen su publicidad, con esos pequeños hechos están ayudando económicamente a la destrucción de la civilización Cristiana.



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Obama Se Inclina Ante el Rey Abdullah y Causa Controversia...

pp.Ω Gladius
La reverencia es enorme y ha levantado una controversia colosal. La foto del presidente Obama doblándose como una hoja ante el rey Abdullah de Arabia Saudí, no deja lugar a dudas. Y como los americanos son muy suyos, hay un clamor contra lo que califican de "humillante gesto". Y no sólo porque su líder muestre tamaña deferencia ante un tirano petrolero, cuyo respeto por los derechos humanos es escaso y su consideración por la mujer es casi nula, sino por que reabre la polémica de su pertenencia al islam.



No hace lo mismo con la Reina Isabel II de Inglaterra.

Benditas Almas (sitio)

pp.Ω Gladius

Destacamos el siguiente portal dedicado a la oración por las benditas almas del purgatorio.

El Catecismo de la Iglesia Catolica habla clara y expresamente sobre el Purgatorio. Reproducimos a continuación los principales segmentos que refieren la postura de nuestra Iglesia sobre tan importante aspecto del Plan de Dios.

III La purificación final o Purgatorio


1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:
Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).





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12 abr 2009

Et resurrexit tertia die secundum scripturas.

pp.Ω Gladius
El equipo de Cruxetgladius desea a todos sus Amigos, lectores y detractores una
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN
,
haciendo votos y rezando para que la luz del Divino Resucitado
disipe las tinieblas del error en el mundo.
Sea para la Mayor Gloria de Dios.







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11 abr 2009

Sabado Santo

pp.Ω Gladius

Durante el día del sábado, como una viuda, la Iglesia llora la muerte de su Esposo.

La Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor., meditando su pasión y muerte y aquél "descenso a los infiernos" – al lugar de los muertos – que confesamos en el Credo y que prolonga la humillación de la cruz, manifestando el realismo de la muerte de Jesús, cuya alma conoció en verdad la separación del cuerpo y se unió a las restantes almas de los justos. Pero el descenso al reino de muerte es también el primer movimiento de la victoria de Cristo sobre la misma.

Hoy no se celebra sacrificio de la Misa ni se recibe comunión – a no ser el caso de viático -, aunque se reza la liturgia de las Horas. El altar permanece por todo ello desnudo hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pasados.

"...rogó a Pilato José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por temor de los judíos, que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y tomó su cuerpo. Llegó Nicodemo, el mismo que había venido a Él de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo fajaron con bandas de aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Había cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido depositado. Allí, a causa de la Pascua de los judíos, por estar cerca el monumento, pusieron a Jesús (Jn 19, 38-42)."


Reflexión:

Es curioso ver los frutos inmediatos de la muerte de Jesús, en verdad, si el grano de trigo no muere, no dará fruto. José de Arimatea y Nicodemo preparan el cuerpo sagrado de Jesús como era costumbre entre los judíos. Tenían que darse prisa, pues ya se acercaba la madrugada, que era el sábado. Los judíos guardaban el sábado, y no hacían ningún tipo de trabajo, sólo orar, estar recogidos en Dios. Estos hombres, que eran fieles a sus leyes, no querían dejar a Jesús así, pero tampoco querían ir en contra de los preceptos religiosos. Tuvieron que sepultarlo en una tumba nueva, que estaba allí cerca. Las mujeres que acompañaba a Jesús también vieron colocaron el cuerpo de Jesús y se fueron antes de que comenzara el sábado.

Jesús, "descendió a los infiernos", dice el credo que rezamos, pero este infierno no es el mismo del que Jesús habla en el evangelio (fuego eterno), sino es el limbo, donde estaban todos los justos esperando que Jesús triunfara sobre el mal, que se consumiera su muerte, su reparación por nuestros pecados, para que así, las puertas del paraíso volvieran a abrirse y ellos pudieran entrar.

Mientras que el mundo pensaba que Jesús había fracasado, no fue así, triunfó. Apenas comenzaba la glorificación del Padre y la Sya. Mientras los apóstoles, asustados, se escondían por temor a ser vistos por los soldados, pues temían su propia vida, Jesús liberaba a los justos y estos salieron al encuentro del paraíso que Dios tenía preparado para ellos. Diferentes sentimientos sobre un mismo suceso, y usted, qué sentimientos tiene ante estos sucesos?

mercaba

SOBRE LAS TINIEBLAS DE LOS CORAZONES
BRILLA SU LUZ

Meditaciones para la noche del sábado santo

JOSEPH RATZINGER

1

LA afirmación de la muerte de Dios resuena, cada vez con más fuerza, a lo largo de nuestra época. En primer lugar aparece en Jean Paul 1, como una simple pesadilla. Jesús muerto proclama desde el techo del mundo que en su marcha al más allá no ha encontrado nada: ningún cielo, ningún dios remunerador, sino sólo la nada infinita, el silencio de un vacío bostezante. Pero se trata simplemente de un sueño molesto, que alejamos suspirando al despertarnos, aunque la angustia sufrida sigue preocupándonos en el fondo del alma, sin deseos de retirarse. Cien años más tarde es ·Nietzsche-F quien, con seriedad mortal, anuncia con un estridente grito de espanto: «¡Dios ha muerto! ¡Sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos asesinados. Cincuenta años después se habla ya del asunto con una serenidad casi académica y se comienza a construir una «teología después de la muerte de Dios», que progresa y anima al hombre a ocupar el puesto abandonado por él.

SABADO-STO/MISTERIO: El impresionante misterio del sábado santo, su abismo de silencio, ha adquirido, pues, en nuestra época un tremendo realismo. Porque esto es el sábado santo: el día del ocultamiento de Dios, el día de esa inmensa paradoja que expresamos en el credo con las palabras «descendió a los infiernos», descendió al misterio de la muerte. El viernes santo podíamos contemplar aún al traspasado; el sábado santo está vacío, la pesada piedra de la tumba oculta al muerto, todo ha terminado, la fe parece haberse revelado a última hora como un fanatismo. Ningún Dios ha salvado a este Jesús que se llamaba su hijo. Podemos estar tranquilos; los hombres sensatos, que al principio estaban un poco preocupados por lo que pudiese suceder, llevaban razón.

Sábado santo, día de la sepultura de Dios: ¿No es éste, de forma especialmente trágica, nuestro día? ¿No comienza a convertirse nuestro siglo en un gran sábado santo, en un día de la ausencia de Dios, en el que incluso a los discípulos se les produce un gélido vacío en el corazón y se disponen a volver a su casa avergonzados y angustiados, sumidos en la tristeza y la apatía por la falta de esperanza mientras marchan a Emaús, sin advertir que aquél a quien creen muerto se halla entre ellos?

Dios ha muerto y nosotros lo hemos asesinado. ¿Nos hemos dado realmente cuenta de que esta frase está tomada casi literalmente de la tradición cristiana, de que hemos rezado con frecuencia algo parecido en el vía-crucis, sin penetrar en la terrible seriedad y en la trágica realidad de lo que decíamos? Lo hemos asesinado cuando lo encerrábamos en el edificio de ideologías y costumbres anticuadas, cuando lo desterrábamos a una piedad irreal y a frases de devocionarios, convirtiéndolo en una pieza de museo arqueológico; lo hemos asesinado con la duplicidad de nuestra vida, que lo oscurece a él mismo; porque, ¿qué puede hacer más discutible en este mundo la idea de Dios que la fe y la caridad tan discutibles de sus creyentes?

La tiniebla divina de este día, de este siglo, que se convierte cada vez más en un sábado santo, habla a nuestras conciencias. Se refiere también a nosotros. Pero, a pesar de todo, tiene en sí algo consolador Porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo tiempo, expresión de su radical solidaridad con nosotros. El misterio más oscuro de la fe es, simultáneamente, la señal más brillante de una esperanza sin fronteras. Todavía más: a través del naufragio del viernes santo, a través del silencio mortal del sábado santo, pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y qué significaba verdaderamente su mensaje. Dios debió morir por ellos para poder vivir de verdad en ellos. La imagen que se habían formado de él, en la que intentaban introducirlo, debía ser destrozada para que a través de las ruinas de la casa deshecha pudiesen contemplar el cielo y verlo a él mismo, que sigue siendo la infinita grandeza. Necesitamos las tinieblas de Dios, necesitamos el silencio de Dios para experimentar de nuevo el abismo de su grandeza, el abismo de nuestra nada, que se abriría ante nosotros si él no existiese.

D/SILENCIO D/DORMIDO /Mc/04/35-41 /Mt/08/23-27 /Lc/08/22-25:

Hay en el evangelio una escena que prenuncia de forma admirable el silencio del sábado santo y que, al mismo tiempo, parece como un retrato de nuestro momento histórico. Cristo duerme en un bote, que está a punto de zozobrar asaltado por la tormenta. El profeta Elías había indicado en una ocasión a los sacerdotes de Baal, que clamaban inútilmente a su dios pidiendo un fuego que consumiese los sacrificios, que probablemente su dios estaba dormido y era conveniente gritar con más fuerza para despertarle. ¿Pero no duerme Dios en realidad? La voz del profeta ¿no se refiere, en definitiva, a los creyentes del Dios de Israel que navegan con él en un bote zozobrante? Dios duerme mientras sus cosas están a punto de hundirse: ¿no es ésta la experiencia de nuestra propia vida? ¿No se asemejan la Iglesia y la fe a un pequeño bote que naufraga y que lucha inútilmente contra el viento y las olas mientras Dios está ausente? Los discípulos, desesperados, sacuden al Señor y le gritan que despierte; pero él parece asombrarse y les reprocha su escasa fe. ¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? Cuando pase la tormenta reconoceremos qué absurda era nuestra falta de fe.

Y, sin embargo, Señor, no podemos hacer otra cosa que sacudirte a ti, el Dios silencioso y durmiente y gritarte: ¡despierta! ¿no ves que nos hundimos? Despierta, haz que las tinieblas del sábado santo no sean eternas, envía un rayo de tu luz pascual a nuestros días, ven con nosotros cuando marchamos desesperanzados hacia Emaús, que nuestro corazón arda con tu cercanía. Tú que ocultamente preparaste los caminos de Israel para hacerte al fin un hombre como nosotros, no nos abandones en la oscuridad, no dejes que tu palabra se diluya en medio de la charlatanería de nuestra época. Señor, ayúdanos, porque sin ti pereceríamos.

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1. El autor se refiere a Jean Paul F. Richter (1763-1825), que después de cursar sus estudios de teología en Leipzig se dedicó a la literatura, dándose a conocer con el simple nombre de Jean Paul (N. T.).

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2.

D/IMPOTENCIA: El ocultamiento de Dios en este mundo es el auténtico misterio del sábado santo, expresado en las enigmáticas palabras: Jesús «descendió a los infiernos». La experiencia de nuestra época nos ayuda a profundizar en el sábado santo, ya que el ocultamiento de Dios en su propio mundo —que debería alabarlo con millares de voces—, la impotencia de Dios, a pesar de que es el todopoderoso, constituye la experiencia y la preocupación de nuestro tiempo.

INFIERNOS/DESCENDIO: Pero, aunque el sábado santo expresa íntimamente nuestra situación, aunque comprendamos mejor al Dios del sábado santo que al de las poderosas manifestaciones en medio de tormentas y tempestades, como las narradas por el Antiguo Testamento, seguimos preguntándonos qué significa en realidad esa fórmula enigmática: Jesús «descendió a los infiernos». Seamos sinceros: nadie puede explicar verdaderamente esta frase, ni siquiera los que dicen que la palabra infierno es una falsa traducción del término hebreo sheol, que significa simplemente el reino de los muertos; según éstos, el sentido originario de la fórmula sólo expresaría que Jesús descendió a las profundidades de la muerte, que murió en realidad y participó en el abismo de nuestro destino. Pero surge la pregunta: ¿qué es la muerte en realidad y qué sucede cuando uno desciende a las profundidades de la muerte? Tengamos en cuenta que la muerte no es la misma desde que Jesús descendió a ella, la penetró y asumió; igual que la vida, el ser humano no es el mismo desde que la naturaleza humana se puso en contacto con el ser de Dios a través de Cristo. Antes, la muerte era solamente muerte, separación del mundo de los vivos y —aunque con distinta intensidad— algo parecido al «infierno», a la zona nocturna de la existencia, a la oscuridad impenetrable. Pero ahora la muerte es también vida, y cuando atravesamos la fría soledad de las puertas de la muerte encontramos a aquél que es la vida, al que quiso acompañarnos en nuestras últimas soledades y participó de nuestro abandono en la soledad mortal del huerto y de la cruz, clamando: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?»

MU/MIEDO: Cuando un niño ha de ir en una noche oscura a través de un bosque, siente miedo, aunque le demuestren cien veces que no hay en él nada peligroso. No teme por nada determinado a lo que pueda referirse, sino que experimenta oscuramente el riesgo, la dificultad, el aspecto trágico de la existencia. Sólo una voz humana podría consolarle, sólo la mano de un hombre cariñoso podría alejar esa angustia que le asalta como una pesadilla. Existe un miedo —el miedo auténtico, que radica en lo más íntimo de nuestra soledad— que no puede ser superado por el entendimiento, sino exclusivamente por la presencia de un amante, porque dicho miedo no se refiere a nada concreto, sino que es la tragedia de nuestra soledad última. ¿Quién no ha experimentado alguna vez el temor de sentirse abandonado? ¿Quién no ha experimentado en algún momento el milagro consolador que supone una palabra cariñosa en dicha circunstancia? Pero cuando nos sumergimos en una soledad en la que resulta imposible escuchar una palabra de cariño estamos en contacto con el infierno. Y sabemos que no pocos hombres de nuestro mundo, aparentemente tan optimista, opinan que todo contacto humano se queda en lo superficial, que ningún hombre puede tener acceso a la intimidad del otro y que, en consecuencia, el sustrato último de nuestra existencia lo constituye la desesperación, el infierno.

SEOL/QUÉ-ES: Jean Paul Sartre lo ha expresado literariamente en uno de sus dramas, proponiendo, simultáneamente, el núcleo de su teoría sobre el hombre. Y de hecho, una cosa es cierta: existe una noche en cuyo tenebroso abandono no resuena ninguna voz consoladora; hay una puerta que debemos cruzar completamente solos: la puerta de la muerte. Todo el miedo de este mundo es, en definitiva, el miedo a esta soledad. Por eso en el Antiguo Testamento una misma palabra designaba el reino de la muerte y el infierno: sheol. Porque la muerte es la soledad absoluta. Pero aquella soledad que no puede iluminar el amor, tan profunda que el amor no tiene acceso a ella, es el infierno.

«Descendió a los infiernos»: esta confesión del sábado santo significa que Cristo cruzó la puerta de la soledad, que descendió al abismo inalcanzable e insuperable de nuestro abandono. Significa también que, en la última noche, en la que no se escucha ninguna palabra, en la que todos nosotros somos como niños que lloran, resuena una palabra que nos llama, se nos tiende una mano que nos coge y guía. La soledad insuperable del hombre ha sido superada desde que él se encuentra en ella. El infierno ha sido superado desde que el amor se introdujo en las regiones de la muerte, habitando en la tierra de nadie de la soledad. En definitiva, el hombre no vive de pan, sino que en lo más profundo de sí mismo vive de la capacidad de amar y de ser amado. Desde que el amor está presente en el ámbito de la muerte, existe la vida en medio de la muerte. «A tus fieles, Señor, no se les quita la vida, se les cambia», reza la Iglesia en la misa de difuntos.

Nadie puede decir lo que significa en el fondo la frase: «descendió a los infiernos». Pero cuando nos llegue la hora de nuestra última soledad captaremos algo del gran resplandor de este oscuro misterio. Con la certeza esperanzadora de que en aquel instante de profundo abandono no estaremos solos, podemos imaginar ya algo de lo que esto significa. Y mientras protestamos contra las tinieblas de la muerte de Dios comenzamos a agradecer esa luz que, desde las tinieblas, viene hacia nosotros.

* * * * *

3.

En la oración de la Iglesia, la liturgia de los tres días santos ha sido estudiada con gran cuidado; la Iglesia quiere introducirnos con su oración en la realidad de la pasión del señor y conducirnos a través de las palabras al centro espiritual del acontecimiento.

Cuando intentamos sintetizar las oraciones litúrgicas del sábado santo nos impresiona, ante todo, la profunda paz que respiran. Cristo se ha ocultado, pero a través de estas tinieblas impenetrables se ha convertido también en nuestra salvación; ahora se realizan las escuetas palabras del salmista: «aunque bajase hasta los infiernos, allí estás tú». En esta liturgia ocurre que, cuanto más avanza, comienzan a lucir en ella, como en la alborada, las primeras luces de la mañana de pascua. Si el viernes santo nos ponía ante los ojos la imagen desfigurada del traspasado, la liturgia del sábado santo nos recuerda, más bien, a los crucifijos de la antigua Iglesia: la cruz rodeada de rayos luminosos, que es una señal tanto de la muerte como de la resurrección.

De este modo, el sábado santo puede mostrarnos un aspecto de la piedad cristiana que, al correr de los siglos, quizá haya ido perdiendo fuerza. Cuando oramos mirando al crucifijo, vemos en él la mayoría de las veces una referencia a la pasión histórica del Señor sobre el Gólgota. Pero el origen de la devoción a la cruz es distinto: los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia; es decir, expresando su fe en la vuelta del Señor. La cruz está estrechamente ligada, al principio, con esta orientación de la oración, representa la insignia que será entregada al rey cuando llegue; en el crucifijo alcanza su punto culminante la oración. Así, pues, para la cristiandad primitiva la cruz era, ante todo, signo de esperanza, no tanto vuelta al pasado cuanto proyección hacia el Señor que viene. Con la evolución posterior se hizo bastante necesario volver la mirada, cada vez con más fuerza, hacia el hecho: ante todas las volatilizaciones de lo espiritual, ante el camino extraño de la encarnación de Dios, había que defender la prodigalidad impresionante de su amor, que por el bien de unas pobres criaturas se había hecho hombre, y qué hombre. Había que defender la santa locura del amor de Dios, que no pronunció una palabra poderosa, sino que eligió el camino de la debilidad, a fin de confundir nuestros sueños de grandeza y aniquilarlos desde dentro.

CRMO/RL-DEL-FUTURO FE/ESPERANZA: ¿Pero no hemos olvidado quizás demasiado la relación entre cruz y esperanza, la unidad entre la orientación de la cruz y el oriente, entre el pasado y el futuro? El espíritu de esperanza que respiran las oraciones del sábado santo deberían penetrar de nuevo todo nuestro cristianismo. El cristianismo no es una pura religión del pasado, sino también del futuro; su fe es, al mismo tiempo, esperanza, porque Cristo no es solamente el muerto y resucitado, sino también el que ha de venir.

Señor, haz que este misterio de esperanza brille en nuestros corazones, haznos conocer la luz que brota de tu cruz, haz que como cristianos marchemos hacia el futuro, al encuentro del día en que aparezcas.

Oración

Señor Jesucristo, has hecho brillar tu luz en las tinieblas de la muerte, la fuerza protectora de tu amor habita en el abismo de la más profunda soledad; en medio de tu ocultamiento podemos cantar el aleluya de los redimidos.

Concédenos la humilde sencillez de la fe que no se desconcierta cuando tú nos llamas a la hora de las tinieblas y del abandono, cuando todo parece inconsistente. En esta época en que tus cosas parecen estar librando una batalla mortal, concédenos luz suficiente para no perderte; luz suficiente para poder iluminar a los otros que también lo necesitan.

Haz que el misterio de tu alegría pascual resplandezca en nuestros días como el alba, haz que seamos realmente hombres pascuales en medio del sábado santo de la historia.

Haz que a través de los días luminosos y oscuros de nuestro tiempo nos pongamos alegremente en camino hacia tu gloria futura.

Amén.

SER CRISTIANO
SIGUEME.SALAMANCA-1967.
Págs. 87-97

10 abr 2009

Pelicula La Pasion de Cristo, Bajar.avi

pp.Ω Gladius
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Año 30 de nuestra era. En la provincia romana de Palestina, un misterioso carpintero judío llamado Jesús de Nazareth comienza a enseñar públicamente y a anunciar la llegada del “reinado de Dios”. Durante siglos, el pueblo judío había esperado la aparición del prometido libertador conocido como el Mesías -un personaje que les devolvería su antigua dignidad, y les liberaría su patria sagrada de todo mal y sufrimiento-.

En las mentes de muchos, Jesús parecía ser el Mesías. Rodeado de un grupo central de doce discípulos, Jesús comienza a atraer a una multitud masiva de seguidores de los pueblos de Galilea y Judea, quienes le alabarán como su Mesías y su rey. Al mismo tiempo, Jesús tenía también muchos enemigos en JerusalenM. El Sanedrín, el consejo de gobierno compuesto por los sacerdotes judíos y los fariseos más influyentes, conspira para condenar a Jesús a la muerte. Con la ayuda de Judas Iscariote, un miembro del círculo íntimo de Jesús, el sanedrín logra arrestar a Jesús, entregándole a las autoridades seculares romanas acusándole sin fundamento de traición contra Roma. Aunque Jesús les explicaba que su reino era celestial y espiritual, el procurador romano Poncio Pilato, enfrentado con la posibilidad de un motín, ordena expulsar a Jesús de la ciudad y que le crucifiquen como a un vulgar criminal.










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"Ecce homo" - Beata Catalina Emmerick

pp.Ω Gladius
"Ecce homo" - Beata Catalina Emmerick

DE LA VIDA DE JESUCRISTO Y DE SU MADRE SANTÍSIMA
Según las visiones
Autor: Beata Catalina Emmerick
ECCE HOMO

Jesús, cubierto con la capa colorada, con la corona de espinas sobre la cabeza y el cetro de caña entre las manos atadas, fue conducido de nuevo al palacio de Pilatos. Resultaba irreconocible a causa de la sangre que le cubría los ojos, la boca y la barba. Su cuerpo era pura llaga; andaba encorvado y temblando. Cuando Nuestro Señor llegó ante Pilatos, este hombre débil y cruel se echó a temblar de horror y compasión, mientras el populacho y los sacerdotes, en cambio, seguían insultándole y burlándose de Él.

Cuando Jesús subió los escalones, Pilatos se asomó a la terraza y sonó la trompeta anunciando que el gobernador quería hablar. Se dirigió al Sumo Sacerdote, a los miembros del Consejo y a todos los presentes y les dijo: «Os lo mostraré de nuevo y os vuelvo a decir que no hallo en él ningún crimen.» Jesús fue conducido junto a Pilatos, para que todo el mundo pudiera ver con sus crueles ojos, el estado en que Jesús se encontraba.

Era un espectáculo terrible y lastimoso y una exclamación de horror recorrió la multitud, seguida de un profundo silencio cuando Él levantó su herida cabeza coronada de espinas y paseó su exhausta mirada sobre la excitada muchedumbre. Señalándolo con el dedo, Pilatos exclamó:

«¡Ecce Homo!» («He aquí el Hombre.») Los sacerdotes y sus adeptos, gritaron llenos de furia: «¡ Mátalo! ¡ Crucifícalo!» «¿Todavía no os basta? ?dijo Pilatos?. El castigo que ha recibido le habrá quitado las ganas de ser rey.» Pero ellos, furiosos, seguían gritando y cada vez más gente se añadía a la exigencia: «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!» Pilatos mandó tocar otra vez la trompeta y pidiendo silencio dijo: «Entonces, tomadlo y crucificadlo vosotros, pues yo no hallo en Él ninguna culpa.»

Algunos de los sacerdotes exclamaron: «Según nuestra ley debe morir, pues se ha llamado a sí mismo Hijo de Dios.» Estas palabras: «se ha llamado a sí mismo Hijo de Dios», despertaron los temores supersticiosos de Pilatos. Hizo conducir a Jesús a otra estancia y a solas le preguntó qué pretendía. Jesús no respondió y Pilatos le dijo: «¿No me respondes? ¿No sabes que está en mi mano crucificarte o ponerte en libertad?», y Jesús le contestó: «Tú no tienes más poder sobre mí que el que has recibido de arriba: por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido el mayor pecado.»

La indecisión de su marido llenaba a Claudia Procla de inquietud, por lo que, en ese momento, ella le mandó de nuevo el anillo para recordarle su promesa, pero él le dio una respuesta vaga y supersticiosa, cuyo sentido era que dejaba el caso en manos de los dioses. Los enemigos de Jesús, habiendo sabido de los esfuerzos llevados a cabo por Claudia para salvarlo, hicieron correr el rumor de que los partidarios de Jesús habían seducido a la mujer de Pilatos; y que, si lo ponían en libertad, se uniría a los romanos para destruir Jerusalén y exterminar a todos los judíos.

Pilatos, en medio de sus vacilaciones, era como un hombre borracho; su razón no sabía dónde agarrarse.

Se dirigió una vez más a los enemigos de Jesús, y, viendo que seguían pidiendo su muerte, si cabe con más violencia que nunca, agitado, incierto, quiso obtener del Salvador una respuesta que lo sacara de este penoso estado; volvió al pretorio y se quedó de nuevo a solas con él: «¿Será posible que sea un Dios?», se decía, mirando a Jesús desfigurado y ensangrentado; después le suplicó que le dijera si era Dios, si era el rey prometido a los judíos, y hasta dónde se extendía su imperio y de qué tipo era su divinidad.

No puedo repetir más que el sentido de la respuesta de Jesús, pero sus palabras fueron solemnes y severas. Le repitió que su reino no era de este mundo, después le reveló todos los crímenes secretos que Pilatos había cometido, le avisó de la suerte miserable que le esperaba, el destierro y un fin abominable, y predijo que Él, Jesús, vendría un día a pronunciar contra él un juicio justo. Pilatos, medio aterrorizado y medio enfadado por las palabras de Jesús, salió otra vez a la terraza y declaró que quería libertar a Jesús.

Entonces gritaron: «Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se nombra a sí mismo rey es enemigo del César.» Otros le decían que lo denunciarían al Emperador, porque les impedía celebrar la fiesta; que acabase pronto porque a las diez tenían que estar en el Templo. Otra vez se oían por todas partes gritos: «¡Crucifícale! ¡Crucifícale!», desde las azoteas y la plaza, desde las calles cercanas al foro, donde muchas personas se habían juntado.

Pilatos vio que sus esfuerzos eran inútiles, que el tumulto se hacía cada vez más ensordecedor, y la agitación era tanta que él empezaba a temer una sublevación. Entonces, Pilatos mandó que le trajesen agua, un criado se la echó sobre las manos delante del pueblo y él gritó desde lo alto de la terraza: «Soy inocente de la sangre de este justo, vosotros responderéis de ella.»

Entonces se levantó un grito horrible y unánime de toda la gente reunida allí desde todos los pueblos de Palestina, quienes exclamaron: «Que su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos.» Muchas veces, durante mis meditaciones sobre la Pasión de Nuestro Señor, recuerdo y veo el momento mismo de esta solemne declaración. Veo un cielo negro, cubierto de nubes ensangrentadas, de las cuales salen varas y espadas de fuego atravesando como maldiciones a la muchedumbre entera.

Todos ellos me parecen sumidos en tinieblas, su grito sale de su boca como una llama que recae sobre ellos, penetra en algunos y sólo vuela sobre otros. Éstos son los que se han convertido después de la muerte de Jesús. El número de éstos es considerable; pues Jesús y María no cesaron de rezar por sus enemigos.


REFLEXION

" ¿Por qué Me abandonas? ...Yo nunca te abandono a ti " -JN

Jesús, es amor y te ama, por eso te busca en este momento, y quiere que le ames con todo tu corazón.
Arrepientete y confiesate!!!!

1 abr 2009

El Via Crucis

Origen y excelencia de esta devoción

Apenas se hallará práctica más agradable a Dios, más útil y meritoria que la del Via Crucis.

Esta, dice el Papa Benedicto XIV, es una de las principales devociones del cristiano, y medio eficacísimo, no sólo de honrar la pasión y muerte del Hijo de Dios, sino también de convertir a los pecadores, enfervorizar a los tibios y adelantar a los justos en la virtud.

En ella meditamos el doloroso camino que anduvo Jesús desde el pretorio de Pilatos hasta el monte Calvario, donde murió por nuestra Redención.

Dio principio a esta devoción la Virgen Santísima; pues, según fue revelado a Santa Brígida, no tenía mayor consuelo que el recorrer los pasos de aquel sagrado camino regado con la sangre de su preciosísimo Hijo.

Pronto innumerables cristianos siguieron su ejemplo, según atestigua San Jerónimo: y así ¡cuantos peregrinos surcaban mares y exponían la vida para ganar las muchas indulgencias con que la Iglesia había enriquecido los santos lugares de Jerusalén!

Mas viendo esta solícita Madre, por una parte el copioso fruto que de tan pía devoción sacaban los fieles, y por otra la imposibilidad en que muchos se hallaban de emprender viaje tan largo y peligroso, varios Sumos Pontífices, en particular Clemente XII, Benedicto XIII y XIV, y León XII, franqueando largamente los tesoros de la Iglesia, concedieron que, visitando las Cruces bendecidas con especial facultad del Sumo Pontífice y autorización del Prelado diocesano, ganasen los fieles las mismas indulgencias que habían concedido a los lugares santos de Jerusalén.

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MODO BREVE DE HACER EL VIA CRUCIS

Los que hicieren devotamente el Vía Crucis pueden conseguir:

1) Indulgencia Plenaria cuantas veces lo hicieren.

2) Otra Plenaria si en el mismo día, en que lo hicieron o bien dentro del mes,

realizado 10 veces el Via Crucis, se acercaren a la Sagrada Comunión.

3) Indulgencia de 10 años por cada una de las Estaciones si comenzando el ejercicio, se hubiere de interrumpir por cualquier causa razonable.

Para ganar estas indulgencias se requiere como condición indispensable la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y el trasladarse de una estación a otra, salvo el caso de que se haga en común por todos los fieles que están en la iglesia, pues entonces basta ponerse en pie y arrodillarse en cada estación

Conviene advertir que el rezar en cada una de las Estaciones el Adoramus te Christe, etc. los Padrenuestros y Avemarías con el Miserere nostri, Domine, etc., es tan sólo piadosa y laudable costumbre, pero no es necesario para ganar las Indulgencias, para lo cual basta meditar en la Pasión de Jesús.

Los que, por enfermedad u otra causa, se hallaren impedidos de recorrer las estaciones del Via Crucis, pueden ganar las indulgencias rezando 14 Padrenuestros, Avemarías y Gloria, junto con la meditación de la Pasión; además, otros 5 Padrenuestros, Avemarías y Gloria, a las LLagas de Jesús; y uno según la intención del Sumo Pontífice, teniendo entre las manos un Crucifijo bendecido por un sacerdote que tenga la facultad de aplicar dichas Indulgencias.

Si no pudieren rezar todos los Pater-Ave y Gloria prescriptos para la Ind. plenaria ganarán una parcial de 10 años por cada Pater-Ave y Gloria. Los enfermos que no puedan hacer el Via Crucis en la forma ordinaria ni en la arriba indicada lucran las mismas indulgencias con tal que con afecto y ánimo contrito besen o contemplen el Crucifijo bendecido para este fin, que les fuera mostrado por el sacerdote u otra persona y recen si pueden alguna breve oración o jaculatoria en memoria de la Pasión y Muerte de J. C. Nuestro Señor. (Clemente XIV, Audiencia 26 Enero 1773; S.C: Indulg. 16 Sept. 1859; S. Penit. Apost. 25 Marzo 1931; 20 Oct. 1931 y 18 Marzo 1932)

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Ejercicio preparatorio

V) Adoramus te, Christe, et benedícimus tibi.

R) Quia per sanctam crucem et mortem tuam redemisti mundum.

OREMUS

Respice, quaesumus Domine super hanc familiam tuam, pro qua Dominus noster Jesus Christus non dubitavit manibus tradi nocentium et Crucis subíre tormentum. Qui tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

R) Amen.

Acto de contrición

¡Oh Dios y Redentor mío! vedme a vuestros pies arrepentido de todo corazón de mis pecados, porque con ellos he ofendido a vuestra infinita bondad. Quiero morir antes que volver a ofenderos, porque os amo sobre todas las cosas.

V) Miserere nostri, Domine.

R) Miserere nostri.

Madre llena de aflicción,

de Jesucristo las llagas grabad en mi corazón.

Stabat Mater dolorosa,

juxta crucem lacrymosa,

dum pendébat Fílius.

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Oración preparatoria

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Oh amabilísimo Jesús mío, heme aquí postrado ante tu acatamiento divino, implorando tu misericordia en favor de tantos pecadores infelices, de las benditas Ánimas del Purgatorio y de la Iglesia universal.

Aplícame, te ruego, los merecimientos infinitos de tu sagrada Pasión, y concédeme los tesoros de indulgencias con que tus Vicarios en la tierra enriquecieron la devoción del Via Crucis.

Acéptalos en satisfacción de mis pecados y en sufragio de los difuntos a quienes tengo más obligación.

Y tú, afligidísima Madre mía, por aquella amargura que inundó tu corazón cuando acompañaste a tu santísimo Hijo al Calvario, haz se penetre mi alma de los sentimientos de que estabas entonces animada.

Alcánzame del Señor vivo dolor y detestación del pecado, y valor para que abrazando la cruz, siga las huellas de tu amable Jesús.

No me niegues esta gracia, oh Madre mía; haz que tomando ahora parte en tu dolor logre un día acompañar a tu Hijo en el triunfo de la gloria. Amén.

Al ir de una estación a otra, unos cantan el Jesu, Rex mitis, o las preces de la Pasión, otros una estrofa del Stabat Mater; pero nada mueve ni entusiasma tanto al pueblo como el Perdon, oh Dios mío, o estas estrofas cantadas con pausa y devoción.

Su autor fue el P. Ramón García, de la Compañía de Jesús; y el estribillo común a todas las estaciones es el siguiente:

Llevemos animosos

Las cruces abrasadas;

Sigamos sus pisadas

Con llanto y compasión.

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estacion-1

PRIMERA ESTACIÓN

Jesús condenado a muerte

V) Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

V) Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R) Quia per sanctam Crucem tuam redemisti mundum.

R) Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

¿Lo ves, alma cristiana? Está el inicuo juez sentado en el tribunal, y a sus pies el Hijo de Dios, Juez de vivos y muertos, lleno de confusión, las manos atadas como un fascineroso, oyendo la más ignominiosa sentencia.

¡Oh Jesús mío amantísimo! ¡Vos, Autor de la vida condenado a muerte!

¡Vos, la inocencia y santidad infinitas, condenado a morir en un infame patíbulo, como el más insigne malhechor!

¡Qué amor tan grande el vuestro, y qué ingratitud tan monstruosa la mía, pues os condeno de nuevo a la muerte cada día!

¿Y por qué? ¡Por un sucio deleite… por un mezquino interés … por un qué dirán!

Perdonadme dulcísimo Jesús mío; y por esa inícua sentencia, no permitáis que sea yo un día condenado a la muerte eterna, que merecerían mis pecados.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, Domine.

Ten, Señor, piedad de nosotros.

Miserere nostri.

Piedad, Señor, piedad.

Fidelium animae per misericordiam Dei requiescant in pace.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

Amen.

Por mi, Señor, inclinas

El cuello a la sentencia;

Que a tanto la clemencia

Pudo llegar de Dios.

Oye el pregón, oh Madre,

Llevado por el viento

Y al doloroso acento

Ven del Amado en pos.

LLevemos, etc.

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estacion-2

SEGUNDA ESTACIÓN

Sale Jesús con la cruz a cuestas

Adoramus te, Christe, etc, como en la primera estación.

¡Y queréis, inocentísimo Jesús mío, llevar Vos mismo, cual otro Isaac, el instrumento del suplicio!

¡Estáis exausto de fuerzas!

¡Vuestras espaldas y hombros están doloridos y rasgados por los azotes!
¡La cruz es larga y pesada!

¡Y cuanto no acrecientan todavía su peso mis iniquidades y las de todo el mundo! …

Sin embargo, la aceptáis, y besándola la abrazáis y lleváis con inefable ternura por mi amor.

¿Y aborrecerás tú, pecador, la ligera cruz que Dios te envía?

¿Querrás tú ir al cielo por los deleites y regalos, yendo allá el inocentísimo Jesús por el dolorosísimo camino de la cruz? …

Reconozco mi engaño, Salvador mío, enviadme penas y tribulaciones, que resuelto estoy a sufrirlas con resignación y alegría, por amor de un Dios que tanto padeció por mí.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc. como en la primera estación.

Esconde, justo Padre,

La espada de tu ira.

Y al monte humilde mira

Subir el dulce Bien.

Y tú, Señora, gime

Cual tórtola inocente;

Que tu gemir clemente

Le amansará también.

Llevemos, etc.

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estacion-3

TERCERA ESTACIÓN

Jesús cae por primera vez

Adoramus te, Christe, etc.

No extraño, dulce Jesús mío, que sucumbáis rendido al enorme peso de la cruz.

Lo que me pasma y hace llorar a los Angeles de paz es la bárbara fiereza con que os tratan esos sayones inhumanos.

Si cae un vil jumento se le tiene compasión, lo ayudan a levantarse.

Pero cae el Rey de los cielos y tierra, el que sostiene la admirable fábrica del universo, y lejos de moverse a compasión, le insultan con horribles blasfemias, le maltratan y acocean con diabólico furor…

¿Y qué hacíais, en qué, pensábais entonces, dulce Jesús mío? … En ti pensaba, pecador, por ti sufría con infinita paciencia y alegría.

Tú habías merecido los oprobios y tormentos más horribles; y yo para librarte de ellos he querido pasar por este espantoso suplicio.

¿No estás todavía satisfecho?…

¿Quieres aún maltratarme con nuevas ofensas?

Aquí me tienes; descarga tú también fieros golpes sobre mí.

No, Jesús mío, no; antes morir que volver a ofenderos.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Oh pecador ingrato

Ante tu Dios maltratado,

Ven a llorar herido

De contrición aquí.

Levántame a tus brazos,

¡Oh bondadoso Padre!

Ve de la tierna Madre

Llanto correr por mí

Llevemos, etc.

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CUARTA ESTACIÓN

Jesús encuentra a su Sma. Madre

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué sentiste, oh angustiada Señora, al ver aquel trágico espectáculo!

¡El pregonero publicando con lúgubre trompeta la sentencia fatal! ¡Una multitud inmensa que se agrupa, profiriendo injurias y blasfemias contra Jesús!

¡Los soldados y sayones en dos filas y en medio de dos malhechores! …

¿Le conoces, oh Madre amantísima? ¿es ese el más hermoso de los hijos de los hombres, la beldad de los cielos y la alegría de los Ángeles?

¿Aquel Hijo de Dios que con tanto regocijo nació en Belén?

¿Dónde están ahora los Reyes y Pastores que entonces le adoraban?

¿Qué se han hecho los Espíritus celestiales que entonces entonaban himnos de alabanza?

¡Qué trocado está! ¡Sus ojos inundados de lágrimas y sangre, coronada de espinas su cabeza; todo Él hecho una llaga!

¡Oh, María, afligida entre todas las mujeres! ¡Oh Madre la más desolada de todas las madres! ¡Oh Hijo, maltratado sobre todos los hijos de Adán! ¡Oh Jesús! ¡Oh María! perdonad a este ingrato, a este pecador a este monstruo, causa de tanta amargura.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Cercadla, Serafines,

No acabe en desaliento,

No muera en el tormento

La Rosa virginal.

¡Oh acero riguroso!

Deja su pecho amante

Vuélvete a mi cortante,

Que soy el criminal.

Llevemos, etc.

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estacion-5

QUINTA ESTACIÓN

Jesús ayudado por el Cirineo

Adoramus te, Christe, etc.

Temiendo los judíos no se les muera Jesús antes de llegar al Calvario, no por aliviarle, sino por el deseo que tienen de crucificarle, buscan quien le ayude a llevar la cruz, y no le encuentran.

Había entonces en Jerusalén tantos millares de hombres y sólo Simón Cireneo acepta este favor y aún por fuerza.

¡Y así te desamparan, oh Jesús mío! ¿No fueron cinco mil los hombres que alimentaste con cinco panes en el desierto? ¿No son innumerables los ciegos, los paralíticos y enfermos que sanaste?

¡Y nadie quiere llevar tu cruz!

¡Y ella, no obstante, nos predica la latitud de tu misericordia, la longitud de tu justicia, la sublimidad de tu poder y lo profundo de tu sabiduría infinita!

¡Oh misterio incomprensible!

Muchos admiran tus prodigios y tu doctrina; mas pocos gustan de padecer contigo.

Teman, pues, los enemigos de la cruz, oyendo a Cristo que dice: El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Toma la cruz preciosa,

Me está el deber clamando;

Tan generoso, cuando

Delante va el Señor.

Voy a seguir constante

Las huellas de mi Dueño;

Manténgame el empeño,

Señora, tu favor.

Llevemos, etc.

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sexta-estacion

SEXTA ESTACIÓN

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué valor el de esta piadosa mujer! Ve aquel rostro divino a quien desean contemplar los Ángeles, cubierto de polvo, afeado con salivas, denegrido con sangre; y movida de compasión, quítase la toca, atropella por todo, y acercándose al Salvador, le enjuga su rostro desfigurado.

¡Ay! ¡Cómo confunde esta mujer fuerte la cobardía de tantos cristianos que por vano temor del qué dirán, no se atreven a obrar bien! ¡Oh dichosa Verónica, y cómo premia el Señor tu denuedo, dejando su rostro Santísimo estampado en tres pliegues de esa afortunada toca!

¿Quieres tú, cristiano, que Dios imprima en tu alma una perfecta imagen de sus virtudes?

Huella, pues, generoso el respeto humano, como la Verónica; haz con fervor, haz a menudo el Via Crucis; y no dudes que Jesús grabará en tu alma un fiel traslado de sus virtudes; y viéndote el Eterno Padre semejante al divino Modelo de predestinados, te admitirá en el cielo.

Padre Nuestro, Ave María, y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Tu imagen, Padre mío,

Ensangrentada y viva,

Mi corazón reciba,

Sellada con la fe.

¡Oh Reina! de tu mano

Imprímela en mi alma,

Y a la gloriosa palma

Contigo subiré.

Llevemos, etc.

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septima-estacion

SÉPTIMA ESTACIÓN

Jesús cae por segunda vez

Adoramus te, Christe, etc.

Sí, Jesús cae por segunda vez con la cruz; nuevas injurias y golpes, nueva crueldad de parte de los judíos; nuevos dolores y tormentos, nuevos rasgos de amor de parte de Jesús.

Parece que el infierno desahogará contra Él todo su furor: mas ¿qué hará el Señor? ¿Dejará la empresa comenzada? ¿Hará como nosotros, que a una ligera contradición abandonamos el camino de la virtud?

No, no; bien podrán decirle: Si eres Hijo de Dios baja de la Cruz; por lo mismo que lo es, allí permanecerá hasta morir.

¿Y cuándo, Señor, imitaré vuestra heroica constancia?

No siendo coronado, si no el que peleando legítamente persevere hasta el fin, ¿de qué me serviría abrazar la virtud y llevar la cruz solamente algún día?

Cueste, pues, lo que cueste, quiero, con vuestra gracia divina, amaros y serviros hasta morir.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Yace el divino Dueño

Segunda vez postrado:

Detesta ya el pecado,

Deshecha en contrición.

Oh Virgen, pide amante

Que borre tanta ofensa

Misericordia inmensa,

Pródiga de perdón.

Llevemos, etc.

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octava-estacion

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús consuela a las mujeres

Adoramus te, Christe, etc.

¡Qué caridad tan ardiente! ¡Olvidando sus atrocísimos dolores, sólo se acuerda de nuestras penas el amante Jesús!

Hijas de Jerusalén, dice a las piadosas mujeres que le seguían llorando; no lloréis mi suerte; llorad más bien sobre vosotras y sobre vuestros hijos.

Pero ¿puede haber objeto más digno de llanto que la pasión y muerte del Hijo de Dios? … Sí, cristiano; hay cosa más digna de lágrimas, y de lágrimas eternas; y es el pecado.

Pues el pecado es la única causa de la pasión y muerte tan ignominiosa; él es el origen y el colmo de todos los males; mal terrible, el único mal, mal infinito de Dios, y de la criatura.

¡Y no obstante tú pecas con tanta facilidad! ¡Y te confiesas con tanta frialdad! ¡Y recaes tan a menudo en el pecado! ¡Y pasas tranquilo días, meses, años, y hasta la vida entera en el pecado!

Padre nuestro Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Matronas doloridas

Que al Justo lamentáis.

¿Por qué, si os lamentaís,

La causa no llorar?

Y pues la cruz le dimos

Todos los delincuentes,

Broten los ojos fuentes

De angustia y de pesar

Llevemos, etc

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novena-estacion

NOVENA ESTACIÓN

Jesús cae por tercera vez

Adoramus te Christe, etc.

¿Qué es esto, Jesús mío? ¡Vos resplandor de la gloria del Padre, consuelo de los Mártires, hermosura y alegría del cielo, Vos caído en tierra, primera, segunda y tercera vez! ¿No sois Vos la fortaleza de Dios? …

¿Y qué, hijo mío, no has pecado tú más de dos o tres veces? ¿No recaes cada día innumerables veces en el pecado? ¿Por qué esa perpetua inconstancia en mi servicio? Hoy formas generosos propósitos, y mañana están ya olvidados: ahora me entregas el corazón, y un instante después ya no suspiras sino por pasatiempos y liviandades.

¡Ay! yo caigo por segunda y tercera vez para expiar tus continuas recaídas: caigo para alzarte a ti de la tibieza; caigo para que temerario, no te expongas de nuevo al peligro de recaer en pecado; caigo en fin, para que no caigas tú jamás en el abismo del infierno”

Gracias Dios mío, por tan inefable bondad; y por esta tan dolorosa caída, dadme fuerza, os suplico, para que me levante por fin del pecado y camine firme y constante en vuestro santo servicio.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc.

Al suelo derribado

Tercera vez el Fuerte,

Nos alza de la muerte

A la inmortal salud.

Mortales, ¿Qué otro exceso

Pedimos de clemencia?

No más indiferencia,

No más ingratitud.

Llevemos, etc.

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decima-estacion

DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús despojado de sus vestiduras.

Adoramus te Christe, etc.

Cuando te curan una herida, por fino que sea el lienzo que la envuelve, y por cuidado que tenga la más cariñosa madre, ¿qué dolor no sientes al despegarse la tela de la carne viva?

¿Cuál sería, pues, el tormento de Jesús al quitarle las vestiduras?

Como había derramado tanta sangre, estaban pegadas a su cuerpo llagado: vienen los verdugos y las arrancan con tanta fiereza, que llevan tras sí la corona, y hasta pedazos de carne que se le habían pegado…

¿Y en qué pensabais, oh purísimo Jesús, al veros desnudo delante de tanta muchedumbre?

“En ti, pensaba, pecador; en los pecados impuros que sin escrúpulo cometes; por ellos ofrecía yo al Eterno Padre esta confusión y suplicio tan atroz.

Sabía cuanto te costaría deshacerte de aquel mal hábito, privarte de aquel placer, romper con aquella amistad criminal; por eso permití en mi cuerpo inocentísimo tan horrible carnicería”

¡Oh inmensa caridad la tuya! ¡Oh negra ingratitud la mía! Nunca más, Señor, renovar esas llagas con desenfrenada licencia: nunca más pecar.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc.

Tú bañas, Rey de gloria,

Los cielos en dulzura;

¿Quién te afligió, Hermosura,

Dañandote amarga hiel?

Retorno a tal fineza

La gratitud pedía;

Cesó ya, Madre mía,

De ser mi pecho infiel.

Llevemos, etc.

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UNDÉCIMA ESTACIÓN

Jesús clavado en la cruz

Adoramus te Christe, etc.

¿Quién de nosotros tendría valor para sufrir que le atravesasen pies y manos con gruesos clavos? ¿Quién tendría ánimo para ver así atormentado a su mayor enemigo? Pues este atroz tormento padece Jesús por nuestro amor.

Ya le tienden sobre el lecho del dolor; ya enclavan aquella mano omnipotente que había formado los cielos y la tierra; ya brota un raudal de sangre: más esto es poco.

Encogido el cuerpo con el frío y los tormentos, no llegaban la otra mano ni los pies a los agujeros hechos de antemano en la cruz: los atan, pues, con cordeles, y tiran con inhumana crueldad, desencajando de su lugar aquellos huesos santísimos. ¡Qué dolor! ¡Qué tormento!

Todo lo contempla su Madre amantísima; ningún alivio, ni una gota de agua puede dar a Su Hijo: ¿y vive todavía?

¿Y no muero yo de dolor, siendo mis pecados la causa de tanto tormento?

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, etc.

El manantial divino

De sangre está corriendo;

Ven, pecador, gimiendo,

Ven a lavarte aquí.

Misericordia imploro

Al pie del leño santo:

Virgen, mi ruego y llanto

Acepte Dios por ti

Llevemos, etc.

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DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jesús muriendo en la cruz

Adoramus te, Christe, etc

Contempla, cristiano, a esos dos malhechores crucificados con el Señor. ¡Qué maldades no habría hecho el buen ladrón!

Sin embargo, dice a Jesús: Acuérdate de mí cuando estuvieres en tu reino; y al instante oye: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¡Qué bondad la de Dios! ¡Cuán pronto, pecador, recobrarías la gracia y amistad divina, si quisieses arrepentirte de veras!

Pero si dejas tu conversión para la muerte, ¡ay!, teme no te suceda lo que al mal ladrón. ¿Qué hombre tuvo jamás mejor ocasión para convertirse? Dios derramaba su Sangre por él: tenía a sus pies a la abogada de pecadores, María Santísima: a su lado estaba Jesucristo, el sacerdote más celoso del mundo, para ayudarle a bien morir; oye la exhortación de su compañero: ve toda la naturaleza estremecida; y sin embargo, muere como ha vivido; continúa blasfemando, y se condena eternamente.

No permitas, Jesús mío, que sordo a tus inspiraciones divinas, deje yo mi conversión para la muerte.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Miserere nostri, etc

Muere la vida nuestra

Pendiente del madero

¿Y yo, como no muero

De amor, o de dolor?

Casi no respira

La triste Madre yerta

Del cielo abrir la puerta

Bien puedes ya, Señor.

Llevemos, etc

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DECIMATERCERA ESTACIÓN

Jesús muerto en brazos de su Madre

Adoramus te, Christe, etc

¡Adonde iré, oh afligida Madre mía! Tu Hijo ha muerto y mis pecados son los verdugos que le enclavaron en cruz y le dieron muerte inhumana.

¡Ay infeliz de mí! Yo he apagado la luz de tus ojos, y acabado la alegría de tu corazón.

Sí, yo desfiguré ese rostro hermosísimo, yo taladré esos pies y manos que sostienen el firmamento, yo traspasé esta augusta cabeza, y abrí esas llagas: yo descoyunté y despedacé ese inocentísimo cuerpo, que tienes en tus brazos.

Reo de tan horrendo deicidio ¿adónde iré? ¿Dónde me ocultaré? Pero por monstruosa que sea mi ingratitud, tú eres mi Madre y yo soy tu hijo.

Jesús acaba de transferir en mí los derechos que tenía a tu amor.

Me arrojo, pues, en tus brazos con la más viva confianza.

No me desprecies, oh dulce refugio de pecadores arrepentidos; mírame con ojos de bondad y ampárame ahora en el trance de la muerte.

Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

Miserere nostri, etc

Dispón Señora el pecho

Para mayor tormenta

La víctima sangrienta

Viene a tus brazos ya

Con su preciosa Sangre

Juntas materno llanto

¿Quién Madre, tu quebranto

Sin lágrimas verá?

Llevemos, etc.

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DECIMACUARTA ESTACIÓN

Jesús puesto en el sepulcro

Adoramus te Christe, etc

Contempla, alma cristiana, cómo José de Arimatea y Nicodemo, postrados a los pies de María, le piden el dulce objeto de sus caricias y ungiéndole con preciosos aromas le amortajan y ponen en un nuevo sepulcro de piedra.

¡Cuál sería el dolor de la Virgen!

Sin duda: grande era como el mar su amargura cuando vio a su Hijo ensangrentado, enclavado y expirado en un patíbulo infame; pero a lo menos le veía, tal vez le abrazaba y lavaba con sus lágrimas.

Mas ahora, oh angustiada Señora, una losa te priva de este último consuelo.
¡Oh sepulcro afortunado! ya que encierras el adorado cuerpo del Hijo y el purísimo corazón de la Madre, guarda también con esas prendas riquísimas mi pobre corazón.

Sea este, Dios mío, el sepulcro donde descanséis; sean los puros afectos de mi alma los lienzos que os envuelvan y los aromas que os recreen.

En fin, muera yo al mundo, a sus pompas y vanidades, para que viviendo según el espíritu de Jesús, resucite y triunfe glorioso con Él por siglos infinitos.

Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria Patri

Miserere nostri, etc

Al Rey de las virtudes

Pesada loza encierra

Pero feliz la tierra

Ya canta salvación.

Sufre un momento, Madre,

La ausencia del Amado:

Pronto, de ti abrazado

Tendrásle al corazón

Llevemos, etc.

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Visita al Santísimo Sacramento

Marzo 23, 2009 by salutarishostia

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Por la señal… En el nombre del Padre…

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tenéis a los hombres estáis de noche y de día en este Sacramento, todo lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a todos los que vienen a visitaros: yo creo que estáis presente en el Santísimo Sacramento del Altar, os adoro desde el abismo de mi nada, y os doy gracias por todas las mercedes que me habéis hecho, especialmente por haberme dado en este Sacramento vuestro cuerpo, vuestra sangre, vuestra alma y vuestra divinidad; por haberme concedido como abogada a vuestra santísima Madre la Virgen María, y por haberme llamado a visitaros en este lugar santo.

Adoro vuestro amantísimo Corazón, y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en agradecimiento de esta tan preciosa dádiva; el segundo, para desagraviaros de todas las injurias que habéis recibido de vuestros enemigos en este Sacramento; y el tercero, porque deseo en esta visita adoraros en todos los lugares de la tierra donde estáis sacramentado con menos culto y más abandono.

¡Jesús mío!, os amo con todo mi corazón; pésame de haber tantas veces ofendido en lo pasado a vuestra infinita bondad; propongo, ayudado de vuestra gracia, enmendarme en lo venidero, y ahora, miserable como soy, me consagro todo a Vos; os doy y entrego toda mi voluntad, mi afectos, mis deseos y todo cuanto me pertenece.

De hoy en adelante haced, Señor, de mí y de mis cosas todo lo que os agrade. Lo que yo quiero y te pido es vuestro santo amor, la perfecta obediencia a vuestra santísima voluntad y la perseverancia final.

Os encomiendo las almas del purgatorio, especialmente las más devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima os ruego también por los pobres pecadores.

En fin, amado Salvador mío, uno todos mis afectos y deseos con los de vuestro amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a vuestro Eterno Padre y le pido en vuestro nombre que por vuestro amor los acepte y los mire benignamente. Amén.

Comunión Espiritual

¡Oh Jesús mío!, creo que estáis en el Santísimo Sacramento. Os amo sobre todas las cosas, y deseo recibiros en mi alma. Ya que ahora no puedo recibiros sacramentalmente, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieseis venido, os abrazo y me uno todo a Vos; no permitáis que jamás me separe de Vos.

Acto de expiación

Divino Salvador de las almas, cubierto de confusión me postro en vuestra presencia soberana, y dirigiendo mi vista al solitario tabernáculo donde gemís cautivo de mi amor, pártese mi corazón de pena al ver el olvido en que os tienen los redimidos, al ver esterilizada vuestra Sangre, infructuosos los sacrificios y escarnecido vuestro amor.

Pero ya que con infinita condescendencia permitís que una yo este día mis gemidos a los vuestros, mis lágrimas a las que brotaron por mi causa de santísimos ojos, a las lágrimas de sangre que vertió vuestro Divino Corazón, os ruego, dulce Jesús, por los, que no os ruegan, os bendigo por los que os maldicen y os adoro por los que despiadados os ultrajan; y con toda la energía de mi alma, deseo bendeciros y alabaros en todos los instantes de mi vida y en todos los Sagrarios de la tierra.

Suba, Señor, hasta Vos, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de mi contrito corazón.

Por mis pecados, por los de mis padres, hermanos y amigos, por los del mundo entero; perdón, Señor, perdón.

Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y rencores: perdón, Señor, perdón.

Por las impurezas y escándalos: perdón, Señor, perdón.

Por los hurtos e injusticias, por las debilidades y respetos humanos: perdón, Señor, perdón.

Por la desobediencia a la santa Iglesia, por la violación del ayuno: perdón, Señor, perdón.

Por los atentados contra el Pontífice Romano, por las persecuciones contra los Obispos, sacerdotes, Religiosos y Vírgenes Sagradas: perdón, Señor, perdón

Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el abuso de los Sacramentos y los ultrajes al augusto Tabernáculo: perdón, Señor, perdón.

Por los crímenes de la prensa impía y blasfema, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas: perdón, Señor, perdón.

Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia, por los infelices que agonizan, y por todos los que sufren: perdón, Señor, perdón.

Perdón, Señor, y piedad por el más necesitado de vuestra gracia: que la luz de vuestros divinos ojos no se aparte jamás de mi.

Encadenad a la puerta del Tabernáculo mi inconstante corazón; hacedle allí sentir los incendios del amor divino, y a vistas de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshaga, de pena, que llore lágrimas de sangre, que viva muriendo de amor.

Así sea.

ALABANZAS
En reparación de las blasfemias

Bendito sea Dios.

Bendito sea su santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Bendito sea el Nombre de Jesús

Bendito sea su Sacratisimo Corazon.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, Maria Santísima.

Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.

Bendito sea el nombre Maria, Virgen y Madre.

Bendito sea San José, castísimo esposo.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

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La Madre del Salvador, asociada a su obra redentora

Marzo 23, 2009 by salutarishostia

R. Garrigou Lagrange O.P.

La Iglesia no sólo llama a María Madre de Dios, sino también Madre del Salvador. En las letanías lauretanas, por ejemplo, después de las invocaciones de Santa Madre de Dios y Madre del Creador, se lee: Madre del Salvador, ruega por nosotros.

No existe aquí, como algunos han podido pensar, y lo veremos después, una dualidad que disminuiría la unidad de la Mariología en la que dominan dos principios distintos: Madre de Dios y Madre del Salvador, asociada a su obra redentora. La unidad de la Mariología se mantiene porque María es Madre de Dios Redentor o Salvador. De la misma manera que los dos misterios, el de la Encarnación y el de la Redención, no constituyen una dualidad que disminuiría la unidad del tratado de cristo o Cristología, pues se trata de la Encarnación redentora; el motivo de la Encarnación está suficientemente indicado en el Credo, en donde se dice que el Hijo de Dios descendió del cielo para salvarnos: Qui propter homines et propter nostram salutem descendit de coelis (Símbolo niceno-constantinopolitano).

Veamos cómo María, por su consentimiento, se convirtió en Madre del Salvador y, seguidamente, por su cualidad de Madre del Salvador, cómo se asoció a su obra redentora.

María llegó a ser la Madre del Salvador por su consentimiento.

El día de la Anunciación la Santísima Virgen dio su consentimiento a la Encarnación redentora cuando el arcángel Gabriel le dijo (Lc. 1, 31): ‘He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo al que le pondrás por nombre Jesús’, que quiere decir Salvador.

Con toda seguridad, María no ignoraba las profecías mesiánicas y en particular las de Isaías, que anunciaban claramente los sufrimientos redentores del Salvador prometido. Pronunciando su Fiat el día de la Anunciación, aceptó generosamente desde ese momento todos los dolores que les ocasionaría, a Ella y a su Hijo, la obra de la redención.

Supo de modo más explícito lo que serían esos sufrimientos unos días más tarde, cuando el santo anciano Simeón dijo: Ahora, Señor, deja partir a tu siervo en paz, según tu palabra, pues mis ojos han visto tu salud, que tú preparaste ante la faz de todos los pueblos (Lc 2, 29-30).

Entonces comprendió más profundamente la parte que debía tener en los sufrimientos redentores, cuando el santo anciano añadió: Este niño está en el mundo para caída y resurrección de muchos en Israel y será un signo de contradicción. A ti misma, una espada atravesará tu corazón.

Un poco más adelante se dice en San Lucas (2, 51) que María guardaba todas estas cosas en su corazón; el plan divino se esclarece progresivamente por su fe contemplativa, iluminada por el don de inteligencia, cada vez más penetrante.

María se convirtió, pues, voluntariamente, en la Madre del Redentor como tal, comprendiendo siempre mejor que el Hijo de Dios se hacía hombre por nuestra salvación, como dirá el Credo.

Desde entonces se unió a Él como sólo una Madre y una Madre santísima puede hacerlo, con una perfecta conformidad de voluntad y de amor por Dios y por las almas.

Es la forma especial que toma en Ella el precepto supremo : Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, contada tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu y al prójimo como a ti mismo (Deum 6, 5; Lc 10, 27). Nada más sencillo, más profundo y más grande.

La Tradición lo ha comprendido perfectamente, puesto que no ha dejado de decir: Como Eva estuvo unida al primer hombre en la obra de perdición, María se unió al Redentor en la obra de la reparación.

La Madre del Salvador comprendía cada vez mejor cómo debía cumplir su obra redentora. Le bastó con acordarse de las profecías mesiánicas bien conocidas por todos. Isaías había anunciado las humillaciones y los sufrimientos de Mesías, que los soportaría para expiar nuestras faltas, que sería la inocencia misma y que conquistaría las multitudes por medio de su muerte generosamente ofrecida.

David, en el salmo 22: Dios mío Dios mío, ¿porqué me has abandonado?, describió la oración suprema del Justo por excelencia, su grito de angustia en el anonadamiento y, al mismo tiempo, su confianza en Dios, su llamada suprema, su apostolado y sus efectos en Israel y entre las naciones. Mará conocía, evidentemente este salmo y lo meditaba en su corazón.

Daniel (7, 13-14) ha descrito también el reino del Hijo del hombre, el poder que le será conferido: le fue otorgado el dominio, la gloria y el reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán. Su dominio será 8un dominio eterno que no pasará, y su reino nunca será destruido.

Toda la Tradición ha visto en este Hijo del hombre, así como en el hombre de dolor de Isaías, al Mesías prometido como Redentor.

María, que no ignoraba estas promesas, se convierte al dar su consentimiento el día de la Anunciación en la Madre del Redentor como tal. De este consentimiento: hágase en mí según tu palabra, depende todo lo que sigue en la vida de la Santísima Virgen, como toda la vida de Jesús depende del consentimiento que dio al entrar en este mundo cuando dijo: No quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me diste un cuerpo… Heme aquí que vengo, Oh Dios, para hacer tu voluntad (Heb 10, 6, 7).

Los Padres afirman igualmente que nuestra salvación dependía del consentimiento de María, que concibió a su Hijo en espíritu antes de concebirle corporalmente.

Puede objetarse que un decreto divino como el de la Encarnación no puede depender del libre consentimiento de una criatura, que podría no haberlo dado.

La teología responde: Según el dogma de la Providencia, Dios quiso eficazmente y previó infaliblemente todo el bien que, de hecho, sucedería en el transcurso de los tiempos. Quiso, pues, eficazmente y previó infaliblemente el consentimiento de María, condición para que se realizase el misterio de la Encarnación. Desde toda la eternidad Dios, que todo lo obra con fortaleza y suavidad, decidió otorgar a María una gracia eficaz que le haría dar este libre consentimiento, saludable y meritorio.

Del mismo modo que hace florecer los árboles, Dios hace florecer también nuestra libre voluntad haciéndola producir estos buenos actos; lejos de violentarla, la actualiza y produce en ella y con ella el modo libre de nuestros actos, que es, a pesar de ello, libre de serlo; este es el secreto de Dios todopoderoso.

De la misma manera que por obra del Espíritu Santo María concibió al Salvador sin perder la virginidad, así también por la moción de la gracia eficaz, dio infaliblemente su Fiat sin que su libertad quedase en nada lesionada, disminuida; muy al contrario, por el contacto virginal de la moción divina de la libertad de María, ésta consintió muy espontáneamente en su libre consentimiento dado en nombre de la humanidad.

Este Fiat era totalmente de Dios como causa primera, y totalmente de María como causa segunda. De la misma manera, una flor o un fruto son totalmente obra de dios como creador de la naturaleza, y productos del árbol que los tiene, como causa segunda.

En el consentimiento de María vemos un ejemplo perfecto de lo que dice Santo Tomás: Como la voluntad de Dios es soberanamente eficaz, no sólo se sigue la realización de lo que Dios quiere (eficazmente), sino que se realiza como Él lo quiere, y quiere que ciertas cosas sucedan necesariamente, y que suceden otras libremente: del hecho de que nada se resiste a la voluntad eficaz de Dios se sigue que no sólo se realizarlo que quiere, sino que se realiza ya sea necesariamente, ya libremente, como Él lo quiere.

María, por su Fiat dado el día de la Anunciación, resulta, pues, voluntariamente la Madre del redentor como tal.

Toda la Tradición lo reconoce al llamarle la nueva Eva. Efectivamente, no podía serlo más que si, por su consentimiento, se convirtiera en la Madre de Salvador para cooperar en la obra redentora, como Eva, al consentir en la tentación, llevó al primer hombre al pecado que le hizo perder para él y para nosotros la justicia original.

Algunos protestantes han objetado: los antepasados de la Santísima Virgen pueden, de este modo, ser llamados padre o madre del Redentor y decirse de ellos que estuvieron asociados a su obra redentora. Es fácil responder diciendo que sólo María fue iluminada para que consintiese en convertirse en la Madre del Salvador y se asociase a su obra de salvación; sus antepasados no sabían que el Mesías nacería de su propia familia. Santa Ana no podía prever que su hija sería un día la Madre del Salvador prometido.

(Tomado de R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, cap. 5 art. 1.)