30 nov. 2012

Por la fuerza expulsaron de su monasterio a las hermanas contemplativas ukranianas.

Seminaristas y sacerdotes usando máscaras de terroristas

Hoy, 17 de noviembre de 2012, a las siete en punto de la mañana, cerca de veinte hombres enmascarados irrumpieron en el monasterio de las hermanas contemplativas en el pueblo de Probizna, en la región de Ternopol, en Ucrania. Eran sacerdotes y seminaristas de la IGCU (Iglesia greco católica de Ucrania). Treparon por una escalera al segundo piso, rompieron una ventana de la capilla e invadieron el monasterio. Las hermanas a duras penas alcanzaron a retirar la Eucaristía del sagrario. Los atacantes empezaron a golpear a las hermanas, pateándolas e insultándolas, y sacándolas una a una de la casa bajo la supervisión del cura de la localidad, Zenobius Pasichnyk (UGCC), que observaba desde lejos las brutales acciones. Los asaltantes robaron un teléfono celular y un computador de las hermanas, llevaron el computador a la Iglesia y le quitaron la memoria. También robaron una cámara de tal modo que las hermanas no pudieran registrar nada de estos brutales actos de violencia. Llevaron a las hermanas fuera de la casa y las dejaron descalzas en el frío. Una vez más tiraron las pertenencias de las hermanas afuera de la casa, pero no las dejaron ni siquiera acercarse a ellas para ponerse algo y calentarse. Los parroquianos del lugar se pararon camino a la puerta, evitando que las hermanas entraran en la casa.

Desde las mismas siete de la mañana, las hermanas llamaron a la policía, pero no llegó hasta las nueve. En vez de proteger a las inocentes hermanas, la policía dijo a los agresores invasores que en su presencia no debían hacer nada, y que podían continuar sus actos en cuanto se fuera. Las hermanas escribieron una denuncia sobre el violento asalto físico y el robo de pertenencias privadas. En el momento en que las hermanas iban a entregar la denuncia en manos de la policía, los atacantes se abalanzaron sobre ellas, las llevaron a la fuerza a la camioneta y las encerraron en ella. Querían sacarlas de allí lo más pronto posible, pero las hermanas lograron retirar ágilmente las llaves del encendido. El conductor tan solo había sido contratado, y cuando averiguó lo que pasaba y vio el trato brutal contra las hermanas, esperó a que el sacerdote se fuera, abrió la puerta de enfrente y dijo a las hermanas que salieran. Sin embargo, el sacerdote llamó otra camioneta, esta vez con su conductor. Los agresores arrastraron a las hermanas a la fuerza al interior de la camioneta y una de las hermanas en particular sufrió una grave herida. Uno de los parroquianos la cogió y con gran fuerza golpeó su cabeza repetidamente contra la camioneta. La hermana perdió la conciencia y calló bajo la camioneta. El parroquiano, con otro hombre, la agarró de pies y manos y la tiró dentro. La hermana tenía un fuerte dolor de cabeza, se mareó y era incapaz de moverse normalmente. Las hermanas llamaron una ambulancia, pero les respondieron que no iría ninguna ambulancia y que ellas debían ir a un hospital local más cercano. El médico examinó a la hermana, pero quería librarse de responsabilidad, por lo cual proveyó una ambulancia del hospital local para llevarla a un pueblo cercano. Rayos X de la cabeza y exámenes de sangre confirmaron que la hermana sufrió una severa conmoción cerebral.

Otras hermanas permanecían de pie junto a la reja del monasterio, sobre el cual tienen documentos que certifican ser de su propiedad privada. Los atacantes pusieron barras de hierro en las ventanas y fundieron la puerta. En la casa quedaron sus documentos personales y todas sus propiedades, que no les permitieron retirar del monasterio.

Un hombre intentó grabar la situación con una cámara, pero los parroquianos de la Talibán IGCU intentaron chocar su carro, por lo cual tuvo que abandonar el lugar. Una residente del lugar, que vio la crueldad con la cual eran tratadas las hermanas, también trató de grabar en un teléfono celular, pero los parroquianos le pegaron fuertemente en sus manos y brazos y no pudo grabar.

Este terror es resultado del instigamiento al odio religioso contra una minoría católica ortodoxa. Lo lleva a cabo la Talibán IGCU bajo la dirección del obispo local Dmytro Hryhorak. Incluso la policía y las autoridades del estado hacen lo que desea el poder soberano de la IGCU. Hombres de iglesia violan la ley: cometen crímenes por los cuales debería pasar muchos años en prisión. Sin embargo, las autoridades de la iglesia pueden hacer lo que quieran. Y, lo que es más, después de tal acción, sus principales participantes van a la iglesia donde cantan y sirven la liturgia; pero ¿a quién cantan y a quien sirven en realidad?

1 comentario:

  1. Anónimo16:35:00

    Como catçolico oriental, siento la gran necesidad de pedirles, que siento pesar si estçan en desacuerdo con ciertas correintes que ha asimilado la Iglesia romana de occidente. Pero no publiquen articulos de cosas que no conocen. Esta pseudo Iglesia, sin siquiera sucesion apostolica, esta embebida del espirtu modernista occidental, propagado por su lider "Elias", ex monje basiliano que en Roma se colmo de nuevas ideas, muy al modelo occidental. Asi quebranto un gran monasterio de monjas basilianas, obligandolas a adoptar practicas occidentales, que nada tiene que ver con el monaquismo occidental.
    Al final del video, se pueden deleitra con una hermosa cancion de la renovacion carismatica, fielmente traducida al ucraniano, eso esta muy lejos de lo que es la tradicion que siguen llevando las autenticas hermanas basilianas.
    Este es un movimieto peligroso, que manipula sus integrantes sedandolos, y llenando de ideas pro occidentales.

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